La última esperanza del ratonero inglés

Manolo López y Jessica Vázquez son dos amantes de los perros que se han fijado como objetivo salvar una raza característica en la isla de la que quedan muy pocos ejemplares. Ya han realizado un primer cruce que dejó cinco crías vivas en Lomo Bristol y pretenden convertir a Telde en la cuna de la recuperación de estos canes.

Ronald Ramírez Alemán
RONALD RAMÍREZ ALEMÁN

En el siglo XIX era habitual encontrarse alrededor de los muelles ingleses con unos perros, chicos pero muy vivos, que se empleaban para matar a las ratas que dañaban los cargamentos de plátanos y tomates de los barcos. Las empresas británicas dedicadas al cultivo y a la exportación de fruta y hortalizas utilizaban a estos canes como instrumento para mantener los almacenes de empaquetado limpios de alimañas. Los víveres se transportaban desde el Reino Unido hasta Canarias, y durante el trasiego estos animales se quedaban en las islas. Se trata de un tipo de can que desciende de los primeros terriers y que fue bautizado por su eficacia en el control de plagas como ratonero inglés.

«Esta raza era muy común hace tan solo 10 o 15 años, pero se ha ido degenerando y eliminando por los cruces con otras razas», explica Manolo López, el principal impulsor de una iniciativa que pretende evitar la desaparición de un tipo de perro que se llegó a convertir en muy característico en el archipiélago canario. Este sociólogo rural ya colaboró en la recuperación de los majoreros, y ahora quiere aunar los esfuerzos que se están realizando en La Palma para hacer lo mismo con estos animales pequeños y de graciosos rasgos. Rabo pequeño, patas cortas, orejas tiesas y manchas. Esas son las características de los ratoneros ingleses de Gran Canaria, «distintos al bodeguero andaluz y al ratonero de La Palma», puntualiza López, acostumbrado a la confusión.

Su ojo clínico, con el que ya ha avistado este tipo de canes en barrios como Lomo Magullo, la Higuera Canaria o el propio casco de la ciudad, dio por casualidad con un ejemplar en Milanuncios, y no dudó en contactar con la teldense que vendía cachorros de lo que a todas luces parecían pequeños ratoneros ingleses. Finalmente, las crías no tenían la pureza esperada, pero sí Kira, su madre. «Vino verlos a mi finca de Lomo Bristol y les sacó fotos. Me preguntó si era consciente de lo que tenía y le dije que no», relata Jessica Vázquez, su dueña.

Y ese fue el pistoletazo de salida de una aventura que solo está empezando. Manolo le contó su intención de encontrar a más de esos ejemplares para cruzarlos entre ellos y potenciar una raza que se daba por perdida. Y Vázquez se unió a la causa sin pensárselo. «Si logramos juntar a 25 podríamos unirlos a un proyecto de recuperación de ratoneros a nivel nacional», insiste López, de ahí su empeño en encontrar a los ratoneros ingleses que queden en la isla para animar a los dueños a que los crucen. «La raza tiene tanta fuerza genética que enseguida se puede homogeneizar», asegura Manolo López, quien, con la ayuda de Jessica Vázquez y todos los que quieran colaborar, harán lo posible por juntar a los ratoneros ingleses que queden en Gran Canaria y así salvar una raza que está al borde de la desaparición.

En busca de más ejemplares para seguir el ejemplo de Kira

Kira, el ratonero inglés de Jessica Vázquez, ya ha tenido una primera camada tras cruzarse con un ejemplar de esta raza que encontró Manolo López en Cruce de Sardina. Nacieron seis crías y sobrevivieron cinco, y fue el primer brote de esperanza para una iniciativa cuyo desarrollo está planeado a largo plazo. La dueña de esta perrita, que se ha convertido en el punto de partida en la recuperación de una raza de hace dos siglos, la encontró por el ofrecimiento espontáneo de un hombre mayor en sus terrenos de Valleseco. «Me gustó desde el primer momento que la vi y el señor me dijo que si me la quería quedar que me la llavase», rememora Vázquez. De eso hace ya cinco años, y desde entonces Kira es su ojito derecho. «No se separa de mi, es el mejor animal que he tenido en mi vida», asegura la teldense. Jessica, sumándose al objetivo de Manolo, ha abierto un perfil en Facebook a través del cual pretende encontrar más perros de esta raza y continuar cruzándolos para aumentar el número de ejemplares que mantengan la pureza de una raza que, actualmente, aparece catalogada de manera incorrecta como bodeguero andaluz.