Los miembros del grupo Los Diver no fallan a las citas semanales para reencontrarse con su monitora favorita y sus amigos. / COBER

Los Diver solicitan un lugar digno para divertirse

Lorena Vélez mantiene viva la única agrupación recreativa para personas con discapacidad del municipio en un local que no tiene luz ni agua

Juan Pérez Benítez
JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

El grupo de chicos y chicas teldenses de todas las edades y con diferentes discapacidades de Los Diver no merecen reunirse en un local prestado y de condiciones precarias mientras el Ayuntamiento mira para otro lado. Seguro que se lo pasarían mejor en un sitio más cómodo y adaptado a las necesidades básicas del siglo XXI. Lorena Vélez, la fundadora del proyecto, ha conseguido que los vecinos de El Caracol le cedan de buena fe unas instalaciones para celebrar sus encuentros un par de día en semana. Estas infraestructuras no tienen luz, agua o un baño en condiciones, pero ahora mismo es lo único que tienen.

Si esta iniciativa existe es en gran parte es por la voluntad de los familiares de estas personas tan especiales y agradecidas. Han insistido para que Lorena saque adelante y mantenga este programa. Tanto padres como hijos la adoran y no quieren separarse de ella. A Lorena también le encanta, lo hace por vocación. Siempre saca lo mejor de ellos. No para de tener ideas para entretenerles y desarrollarles como personas eficientes. Esta actividad la lleva a cabo dos veces por semana, siempre y cuando los días libres de su trabajo como personal sanitario caigan de lunes a viernes. Con dos horas por tarde son suficiente para mantener felices a los chicos, que no fallan por nada del mundo a la cita para verla a ella y a sus amigos.

Inicios en el Centro Ocupacional 14 años atrás

Los Diver se fundó dos años antes de que estallase la pandemia, pero la relación entre Lorena y sus chicos comenzó hace 14 años. Por aquel entonces, Lorena era monitora del proyecto municipal 'Diviértete sin barreras' que gestionaba una empresa privada. En ese momento se desarrollaba en el Centro Ocupacional de Telde -aunque varias veces les cambiaron de sede-, contaban con transporte municipal, realizaban excursiones, tenían fiestas y otro sinfín de talleres.

Esta situación duró ocho años. Transcurrido ese tiempo la institución local volvió a licitar el proyecto y la compañía que lo gestionaba pasó a ser otra, por lo que el personal cambiaría y Lorena se quedaría fuera. «Eran 20 personas con discapacidad las que iban. De la noche a la mañana solo quedaban cinco. Los padres me empezaron a llamar y a contar que sus hijos ya asociaban mi figura con este programa y que si no estaba yo, muchos preferían quedarse en casa», explica ella misma.

El programa público no sigue en pie a día de hoy y solo ella mantiene una iniciativa como esta en el municipio. Siguen siendo los mismos chicos, incluso alguno más, pero ahora, por ejemplo, tienen que buscarse la vida para trasladarse hasta la sede. Algunos poseen la suerte de que les pueden llevar en coche, pero otros tienen que ir a pie desde Arnao tras una travesía en guagua desde su barrio. Otros bajan caminando desde San José de Las Longueras. Tampoco tienen los recursos ni medios suficientes para hacer excursiones u otros talleres, pero a Lorena y a su pareja siempre se les ocurre algo para mantenerles activos.

Derrochan arte por los cuatro costado

Como buena carnavalera que es, Lorena, antigua miembro de Las Despistadas, ha creado su propia murga con ellos. Con trabajo, esfuerzo y tiempo consiguió que todos se aprendiesen una canción de 30 minutos con entrada, salida y hasta su propia crítica. Su deseo es que en los carnavales del próximo año puedan enseñarla al mundo subidos en algún escenario de la isla.

También tienen una obra de teatro navideña y actúan en las escala-hifi que se celebran durante las fiestas de los diferentes barrios de la ciudad. Les apasionan las coreografías y bailar al ritmo de la música bien alta. Que se lo pasan genial es un hecho. Que se merecen un lugar mejor para ensayar y divertirse, también.

Los padres solicitan apoyo por parte del Gobierno local

Uno de los mayores problemas que supone no tener electricidad en este inmueble es que la batería del altavoz que utilizan durante las sesiones «solo dura una hora y media», implora la responsable. Además, la iluminación es mínima. Solo los rayos de sol que entran por las ventanas dejan que se vean las caras durante el encuentro.

La ayuda de su pareja y de los familiares hacen que Lorena siga con fuerzas para continuar con en este proyecto. Los padres ya han intentado convencer a Diego Ojeda, responsable de la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Telde, solicitándole un lugar digno para que como mínimo estas personas almacenen un puñado de buenos recuerdos en un lugar más acogedor. Ya la vida les ha puesto suficientes piedras en el camino como para que la administración pública haga caso omiso a una solicitud tan simple. Es triste que solo dependan de personas como Lorena , con un enorme corazón, para conseguir que su vida sea un poco mejor.

Éxito en el municipio

«Empecé con cinco y ya vamos por 23», cuenta. Poco a poco el grupo crece y el local se va haciendo más pequeño. «Si viene algún padre nuevo que quiere meter a su hijo no puedo decirle que no, se me parte el alma. Es por ello que necesitamos que nos escuchen y que nos ayuden a tener un espacio mejor, sobre todo por los chicos», exclama la teldense.

Como buen grupo organizado, tienen su propia vestimenta para las grandes ocasiones y hasta un himno llamado 'Sin límites, sin miedo'. La letra de la canción reza: «Escúchame bien. No soy un enfermo. No tengo problemas. Respeta mi ritmo, entiende mi tiempo. Espera un poquito, seguro que entiendo. Siente la alegría y el amor que tengo para dar. Al igual que tú, tengo mis metas. Soy especial. Tengo valores. Pero ante todo, tengo sentimientos».