San Francisco. El internet de alta velocidad en este barrio brilla por su ausencia. / c7

El casco de la ciudad tampoco escapa de la pobreza digital

Más de un centenar de vecinos de San Juan y San Francisco se suman al movimiento de la cumbre y medianías echándose a la calle para reclamar la fibra óptica.

Ronald Ramírez Alemán
RONALD RAMÍREZ ALEMÁN

A finales del pasado año fueron unos 100 vecinos procedentes de La Higuera Canaria, Palmital Bajo, Las Goteras, El Mayorazgo y San Roque los que lograron reunir, en una convocatoria histórica para la cumbre y medianías, al alcalde de la ciudad, Héctor Suárez, a varios de sus concejales, a la subdelagada del Gobierno de España, María Teresa Mayans, al Diputado del Común, Rafael Yanes, y al director de Telefónica en Canarias, Juan Flores. El motivo no era otro que mostrarles su problemática por no contar con internet de alta velocidad en sus viviendas e instarles a acelerar la instalación de la fibra óptica en unos barrios que, por lejanía y escasa población, suelen caer en el olvido para las autoridades.

Sin embargo, San Francisco y San Juan están evidenciando que la pobreza digital que padece Telde no se limita solo a las zonas rurales. El casco de la ciudad tampoco escapa a esta desigualdad. «Es un problema que me afecta muchísimo al desarrollo de mi trabajo porque en el sector al que me dedico la mayoría de las herramientas actuales son digitales», expone la logopeda Magaly Corpas, quien recuerda que con la pandemia los estudiantes pasaron a una educación casi exclusivamente online. «Sin fibra no puedo trabajar al máximo rendimiento ya que reduce la velocidad de consulta y de respuesta ante cualquier duda de mis alumnos. Es una herramienta fundamental para que todos mis estudiantes puedan llegar al 100%, yo solo quiero que la falta de internet de alta velocidad no mengüe su calidad educativa», amplía la titular de una academia de lingüística que se ubica en el número 46 de la calle León y Castillo, en pleno corazón de Telde, pero que a diferencia de sus vecinos de la acera de enfrente no disfruta de este recurso tan básico hoy en día.

Y no es la única empresaria de la zona que tiene que hacer frente a este hándicap. Además de particulares, negocios como un bufete de abogados, una guardería o un dietista sobreviven como pueden al cable de cobre en buena parte de las céntricas calles de la mentada León y Castillo (una de las principales arterias del núcleo urbano), Julián Torón y el barrio histórico de San Francisco. «En nuestro caso, el 80% del trabajo requiere de buena conexión a internet y la falta de fibra nos ha impedido en muchas ocasiones trabajar de forma eficiente. Nuestro equipo de trabajo está formado por 14 trabajadores, por lo que son 14 ordenadores sin parar durante toda la jornada. Con ese trasiego de datos, el ADSL básico nos provoca paralizaciones, largas esperas y caídas de los programas. No entendemos como en pleno casco histórico de una de las ciudades más importantes de Canarias no contemos con los medios telemáticos que permitan a la población estar al día en las nuevas tecnologías. Llevamos varios años intentando que Telefónica inicie la ejecución de la instalación de la fibra óptica en San Juan y San Francisco, pero siempre nos han puesto problemas al que no han querido buscar solución», relata el letrado José Miguel Dámaso, propietario de Jd Asesoría José Dámaso, que se encuentra en el número 36 de la citada vía de León y Castillo.

Ellos son solo algunos de los muchos ejemplos que se pueden encontrar en el municipio. Tanto particulares como negocios que si ya antes se sentían discriminados por no poder contar con un recurso que otros muchos sí disponen, ahora que la pandemia ha normalizado el teletrabajo y la teleducación, esta falta de conexión veloz se ha convertido en un drama para ellos que, por simple mala suerte de no vivir en una zona concreta, han de conformarse con menos que el resto.

En el caso del casco, los propios habitantes explican que antes el problema era que una vecina no autorizaba el paso del cable por su casa, lo que ataba de manos a Consistorio y Telefónica a la hora de ejecutar la instalación. Sin embargo, tras razonar con ella, se consiguió obtener su visto bueno para desbloquear la situación. «Le presentamos desde primavera del año pasado su conformidad a la compañía, pero en Telefónica nos dicen que hasta no contar con la aprobación del Ayuntamiento no pueden hacer nada», desvela Alejandro Navarro, otro de los vecinos afectados.

Es por ello que, cansados de tanta espera y del silencio de la Administración, ha decidido unirse y reclamar una solución inmediata. Lo han hecho formando una plataforma y saliendo a la calle, cada uno en su zona para evitar aglomeraciones, y así demostrar que son muchos, y también en el centro de la ciudad, los que sufren este problema. «Si los vecinos no nos movilizamos, las autoridades no hacen nada, y eso no puede ser así. Estamos levando a cabo un trabajo que les compete a ellos porque si nos quedamos quietos permiten que se den unas desigualdades entre los habitantes de una misma ciudad inasumibles», razona Pablo Agriela, quien ha promovido ya tres plataformas que persiguen el mismo objetivo: la fibra óptica para todos los teldenseses.

Lentitud en el proceso

Aunque la lucha de La Solana y el resto de barrios de la cumbre y medianías ha servido para que por fin se instalase la red general de fibra óptica el pasado año, aún quedan muchos hogares de la zona por conectarse. «La lentitud y desinformación es desesperante», se queja Zaida Cruz, harta de las falsas promesas de los políticos y la situación de desamparo en las que se hallan sus vecinos.