Al palacio le ha crecido un camerino

Ciuca ha puesto otra vez el foco de la polémica en el mamotreto inacabado y abandonado de Arnao. Al menos acoge a un sin techo, a cientos de palomas y a kilos y kilos de sus excrementos

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Tres o cuatro sábanas medio deshilachadas hacen las veces de puerta. Una pileta sirve de friegaplatos. Tiene varias sillas, tablas sostenidas sobre cilindros de piedra o bloques que le valen de mesa y de asiento, alguna planta en el balcón, repisas y hasta liña para tender ropa. Ese es el nuevo camerino que le ha crecido al pomposamente llamado Palacio de la Cultura y de las Artes de Arnao, un mamotreto inacabado y abandonado digno de presidir la zona cero de Telde. Este edificio, junto al de los multicines, igualmente asaltado y destrozado, y al del aparcamiento subterráneo, también sin acabar y muy deteriorado, conforman un agujero de desidia, ruina y basura que sigue recordando a la ciudad que su pasado reciente aún tiene heridas y que supuran.

Ciuca volvió a poner el foco de la actualidad sobre esta gigantesca mole de hormigón al alertar este lunes de que ha aumentado el número de sin techo en Telde y de que una de sus moradas improvisadas es este esqueleto de palacio que, por cierto, permanece accesible a quien quiera entrar pese a que es del Ayuntamiento y constituye un foco de peligros. Por lo pronto, tiene o tuvo inquilino. En todo caso, hay señales que apuntan a que sigue viviendo aquí. Como un zumo a medio terminar, un vaso y un cuchillo. Se antojan los restos de un frugal desayuno. Quién sabe.

Duerme en una pequeña habitación de este palacio, una de las decenas que hay a la izquierda del escenario. Para ganar intimidad, una sábana se descuelga como una cortina sobre la cara interior del hueco donde iría la puerta. Por fuera dispuso una tabla de madera, forrada de plástico negro. Apenas se ve si uno no se acerca porque otro muro de telas, plásticos y tablas acota la antesala de su peculiar camerino. Y ha delimitado, también con sábanas y por los dos extremos, el trozo de pasillo en el que se halla su hogar.

Este apaño de casa pone la solitaria nota de humanidad a un edificio vacío y reconvertido en un descomunal palomar. La impresionante caja escénica y la estructura de metal que estaría destinada a albergar el peine (la parte del teatro donde cuelgan los focos, telones, pantallas, etcétera) han sido okupadas por estas aves. Una alfombra de excrementos tapiza el suelo en sí del escenario, salpicado, por cierto, de decenas de estos animales muertos, algunos en estado de putrefacción. Y el tercer habitante de esta casa es la basura, acumulada por donde se vaya.

Cerramiento

Pero estos moradores no están solos. Los vecinos aseguran que el palacio se ha convertido en patio de gamberradas varias para decenas de menores que lo asaltan en horario de tarde y los fines de semana. Montan jaleo y hasta aseguran que es usado para trapicheos de todo tipo. El problema es que el acceso ahora es muy fácil. Tiene hasta dos puntos de entrada. El Ayuntamiento ha reforzado varias veces el vallado perimetral, pero no es todo lo consistente como para evitar que con una simple herramienta lo acaben cortando. Por lo pronto, el consistorio aprobó el 26 de diciembre pasado el proyecto y los pliegos para sacar a concurso el cerramiento del edificio. Se retirarán todas las vallas de chapa para luego construir una zapata y una correa de hormigón, y poder levantar así sobre estos elementos de cimentación una pared de bloques. La obra está presupuestada en 85.595 euros.

Pero el tiempo pasa y el edificio sigue siendo un foco de inmundicias en mitad del casco. Lo único que tiene de arte, que era su destino, son los grafitis que ennoblecen sus desnudas paredes.