Encuentro con mujeres de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria en el marco del proyecto. / C7

La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria da valor y voz a la mujer

Un documental basado en testimonios personales arroja luz sobre el papel de ellas en los valores ambientales y forestales de la figura de la Unesco

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

Un estudio con una mirada diferente, basada en testimonios personales, y un cortometraje documental impulsados por la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria arrojan luz sobre el papel esencial de las mujeres en el espacio amparado por la Unesco, además de en la preservación de sus singulares valores culturales y sociales.

El desconocimiento y la invisibilización colectiva de esta importante labor motivaron el proyecto 'Miradas y experiencias vitales en los ámbitos forestal y ambiental de la Reserva', con una veintena de entrevistas y encuentros que ofrecen la visión de un universo femenino que abarca desde técnicas de incendios a biólogas, pasando por mujeres inmersas desde su niñez en los saberes propios de una vida íntimamente vinculada a la naturaleza y las tradiciones.

Pinito cargó «manás» de pinocha a la espalda entre Cortadores y la presa de Las Niñas. / C7

Además, el proceso alumbró un emotivo trabajo audiovisual titulado 'La savia de las mujeres. Vidas que siembran isla', con testimonios de varias de estas personas, que dan cuerpo y alma a la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. El cortometraje ya puede ser visualizado en su canal de Youtube.

Naturalidad y autenticidad

El trabajo de la sociedad cooperativa Teyra, con colaboración de Lagarta Comunicación, huye de folclorismos y visiones románticas para poner el foco en la naturalidad y autenticidad de las experiencias de las protagonistas, otro rasgo diferenciador de la iniciativa financiada por el Gobierno de Canarias u organizada desde la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo.

El testimonio de Cruz, operaria medioambiental de Fagagesto, forma parte del documental. / C7

El proyecto ha cosechado múltiples testimonios que evidencian los obstáculos encontrados para desarrollar su función por ser mujer, entre otras muchas dificultades. Son ellas, sus biografías y sus palabras las que lo inundan de sentido y contenido.

Ahí está la memoria de Eleuteria, de San Pedro del Valle de Agaete, que recuerda subir a La Rama enlutada «como un cuervo». También la agente de Medio Ambiente del Cabildo Sonia, criada entre habichuelas, cabras y un horno de pan en el barranco de Guiniguada hasta que amasó una vida indisolublemente ligada al paisaje de Gran Canaria.

Profesionales forestales

La maquinista y motoserrista Saray, de Juncalillo, atisba que hará frío cuando las plantas «se arrejuntan mucho»; Alicia, nacida en La Degollada de Tejeda, ha convertido su temprano contacto con las simientes de la cumbre en profesión; y Pino, del Grupo Presa de incendios forestales, afirma que «tendría que escribir un poema» para poner palabras a lo que siente en la montaña.

Otra de las imágenes incluidas en el cortometraje sobre mujeres de la Reserva de la Bisofera de Gran Canaria. / C7

La ingeniera forestal Ana ha transformado la Reserva en «aula» abierta a los grupos de escolares, mientras que la brigada forestal Asu, que se asomó al mundo por Fontanales, tiene claro el eje de sus días: «Mi lucha como persona hace que esté donde estoy».

Cada palabra recogida en el estudio entreteje la relación entre vida y territorio. Como las de la peona forestal Victoria, que presume de que «el oficinista no tiene las vistas» que se despliegan ante ella a diario.

Veterinaria, piloto, ganadera

«Yo he visto veterinarias fortísimas lidiando con un caballo o una vaca, igual que un hombre. Y eso sería bueno que se viera, porque en los centros educativos no se promueve», subraya la profesora de FP en San Mateo Lorena, veterinaria especializada en Sanidad Animal.

Más alto todavía, desde el cielo, la piloto de helicóptero Marlene enfatiza que su mayor satisfacción es la sensación de ayudar a las personas frente a los incendios forestales.

Un momento de la grabación del documental que ya puede visualizarse en Youtube. / C7

A Carmen los días se le hacen cortos entre cabras y gallinas en El Juncal de Tejeda, el trasiego al barranco para cortar comida para los animales y atender la casa rural. En el mismo lugar, la joven Carla apunta que «las nuevas tecnologías permiten otras fórmulas» para no tener que abandonar las áreas rurales.

El cuidado de plantas y bosques

La técnica forestal Cristo Santana metía a sus hijas a las cinco de la mañana «en un saco» para dejarlas medio dormidas en casa de su madre. Ely, de Las Lagunetas, se formó en las primeras escuelas de viverismo, trabaja en la finca de Osorio y aún se emociona porque «una planta va creando un bosque». Y Cruz, operaria medioambiental de Fagagesto, recuerda a las mujeres que «cogían la hierba y la leña» y con sus saberes «cuidaban el bosque».

«Este paisaje me da fuerza», proclama Eneida, con la energía que irradia en la fotografía recogida en el documento final del proyecto. Isabel anda concentrada en transmitir los beneficios del bicácaro y otra Isabel, bióloga orotavense, sigue enamorada de los paisajes de la Reserva desde que profundizó en ella para estudiar la palmera canaria.

El punto y seguido lo escribe Pinito, que ha cargado «manás» de pinocha a la espalda, atadas a la frente con un cabestro, recorriendo las veredas entre Cortadores y la presa de Las Niñas. Trabajó junto a su marido en la de Soria. A él le pagaban como guardián. A ella no, aunque hacía un poco de todo. También debía parecerles invisible entonces.