Regresa el olor a caña: vuelve Arehucas

La mítica fábrica de ron de Arucas retoma la producción y afronta su primer arranque de cero en sus más de 135 años de historia. En los próximos dos meses cortarán 700 toneladas de caña. Conserva en 4.308 barricas más de un millón de litros

LAURA BAUTISTA / EFE / ARUCAS

Arehucas vuelve a encender máquinas. Esta es la primera vez en sus más de 135 años historia que la destilería arranca de cero y ya se nota su camino de retorno a la normalidad tras la crisis provocada por la epidemia de Covid-19: ha regresado el olor a caña a este emblemático lugar de Gran Canaria.

El olor a guarapo no es el único que impregna estos días las instalaciones de esta destilería grancanaria, que en esta ocasión ha optado por dividir su producción en dos líneas, la de alcohol para consumo y el alcohol reservado para el uso sanitario.

En su destilería de Salinetas, la antigua fábrica de Artemi, la planta no ha dejado de producir alcohol de alta graduación para elaborar geles sanitarios, que se seguirá fabricando todo el tiempo que sea necesario, aseguran los gerentes de la empresa. Arehucas se divide en dos y mantiene una lucha a doble banda, una contra el coronavirus y otra contra todas las incertidumbres que planean sobre la recuperación del consumo tras el cierre de actividad. La sensación es de «alegría contenida», explica el responsable de Relaciones Institucionales, César Arencibia.

Esta vuelta a una «normalidad diferente», como la define Arencibia, se afronta en un momento en el que Arehucas ha destilado medio millón de litros de alcohol de alta graduación para uso sanitario, sobre todo para la fabricación de geles desinfectantes. De estos, 300.000 litros ya han sido suministrados y 150.000 están listos para salir por las puertas de la destilería,

Esta ha sido una de las acciones que ha movido a Arehucas en estas semanas de estado de alarma y crisis sanitaria, en las que la empresa ha donado alcohol de alta graduación a la Guardia Civil y centros de mayores con bajos recursos de las islas.

Y mientras la destilería de Salinetas no para, la finca Las Vegas abre sus puertas a sus 16 trabajadores que esta semana han comenzado con la zafra. La recolección de la caña da el pistoletazo de salida de la producción del ron, con el trajín de los fardos de caña de azúcar y de una plantilla que trabaja a ritmo frenético, aún protegida con mascarilla y guardando la distancia de seguridad.

Es una zafra anómala y que empieza con algo de retraso pero que avanza a buen ritmo en las tres hectáreas de la finca Las Vegas, en Arucas, un terreno propiedad de la empresa desde siempre y que forma parte del ADN de la marca. En los próximos dos meses, 700 toneladas de caña serán cortados tanto en esta superficie como en la finca que suministra a Arehucas en el sur de la isla, como primer paso de un proceso donde «no se desperdicia nada», explica Arencibia.

Entre las máquinas que se ponen en funcionamiento con los primeros fardos de caña llegados desde Las Vegas de Arehucas están el conductor, la picadora y el molino, claves para extraer el jugo de caña. La esencia de los populares rones y licores se fermenta en un vino de caña de 7 u 8 grados de alcohol, que luego se convierte en la destilería en un aguardiente «rico en aromas y sabores» de 70 grados, seña de identidad de la marca. Pero al aguardiente recién destilado aún le queda camino por recorrer y tiempo por reposar. Más de un millón de litros esperan en la bodega su momento en 4.308 barricas de roble blanco americano.

La magia que envuelve ese espacio ha conquistado a grupos de música como Los Panchos, Los Sabandeños, Los Gofiones, y cantantes como Julio Iglesias, Plácido Domingo, José Vélez, Antonio Machín, Alfredo Kraus y decenas de grupos de rock. También han dejado su firma actores, escritores o artistas como César Manrique o Martín Chirino, con obras de arte plasmadas en la madera de estas barricas.

La pasión con la que César Arencibia transmite la historia de Arehucas es contagiosa, al igual que la de la docena de empleados que han vuelto a uniformarse. Esta es una empresa «con la que los canarios se identifican» y de la que «son parte». Volver a la «normalidad», confiesa este directivo, se afronta con dosis de «preocupación e incertidumbre». Aunque se desconoce la problemática que tendrá que superar la empresa ante una desescalada que deja atrás a clientes clave para la destilería como bares, restaurantes, conciertos, discotecas y hoteles, el músculo de más de un siglo de historia les sirve de empuje.