En la imagen, Soraya Pérez en el barracón que le sirve de casa. / COBER

«No puedo más, quiero que me saquen de aquí»

Soraya Pérez reclama su derecho a una casa digna. Lleva 22 años en un barracón de El Matorral, en un núcleo aislado que complica su discapacidad

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO San Bartolomé de Tirajana

Tiene relativamente cerca la cárcel de Juan Grande, pero Soraya tiene su propia prisión, que es esa sensación de sentirse atrapada en su propia casa, un habitáculo endeble y hecho de chapas, «un infierno en verano y una nevera en invierno», plantado en mitad de la nada, en donde llaman el poblado de barracones de El Matorral, en San Bartolomé de Tirajana.

Lleva años ansiosa por salir de ahí, pero una última intervención quirúrgica en su pierna derecha, que ella cree que contribuirá a incrementar su discapacidad física, le ha agotado el vaso de la paciencia.

«No puedo más, quiero que me saquen de aquí», reclama entre sollozos. «Si antes ya era coja, ahora lo voy a ser mucho más». Donde vive hay un colegio, pero no hay tiendas, ni servicios ni tampoco transporte público. La parada más cercana está a más de dos kilómetros de camino por una sinuosa calzada jalonada entre invernaderos.

«Si antes me pegaba media hora para llegar allá arriba, imagínese ahora, que tengo la pierna condenada», se queja. Ese punto de conexión con el resto del mundo está en la GC-500, la carretera vieja del sur, a la altura de la entrada a la cárcel.

Una discapacidad reconocida del 34%

Soraya Pérez Alemán tiene 51 años, una discapacidad reconocida del 34% y está cansada de una vida que tampoco se lo ha puesto fácil. A sus problemas, que empezaron casi de bebé, temprana edad desde la que tiene una pierna más corta que la otra, se le suma una reciente falta de ingresos.

Exterior e interior del barracón en el que vive Soraya. / Cober

Cuenta que tras una vida en la que ha trabajado de casi todo, desde cocinera a aparcera, desde 2016 no ha podido volver a trabajar. Su último empleo fue para un convenio del consistorio, a partir del que se le complicaron sus problemas de salud y entró en una espiral de bajas y enfermedades de la que no ha salido.

Con todo, hasta hace tres meses cobraba la «ayuda del paro», 450 euros, pero dice que ya se le acabó, de ahí que desde entonces dependa de Servicios Sociales del Ayuntamiento. En realidad, no es la primera vez que recibe ayudas. En los informes que ella misma muestra se recoge que ha sido varias veces usuaria del servicio. Cree que tiene derecho a una pensión por discapacidad y se pregunta por qué no se la reconocen.

Con la ayuda de su hermana Carmen

Sobrevive, según cuenta, gracias a que le han concedido una tarjeta social para hacer la compra y a las atenciones de su hermana Carmen, convertida en su ángel de la guarda. Desde su última operación está en silla de ruedas y arrastra aún más dificultades de movilidad. En todo caso, será pasajero. Aunque sea con más problemas que antes, Soraya podrá caminar.

A su cargo y viviendo con ella tiene todavía a tres de sus seis hijos, los tres menores de edad. Los otros tres ya han volado, como ella misma afirma. Pero no siempre los ha tenido consigo. Hubo unos años, entre 2010 y 2016, que el Gobierno de Canarias decidió retirárselos. Soraya no se esconde y muestra el demoledor informe que justificó la medida, «lleno de mentiras», apostilla ella.

Pero no deja de ser curioso que entre las razones que esgrimieron los técnicos para declarar en desamparo a tres de los hijos de esta vecina «de toda la vida» de El Matorral y de Castillo del Romeral estaban las condiciones de habitabilidad de su casa.

«Una casa de 50 metros cuadrados en una zona marginal»

«En una vivienda de 50 metros cuadrados conviven cinco menores y tres adultos; además, la casa donde tienen su domicilio está situada en una zona marginal, en un barrio con inexistencia de equipamientos básicos públicos y servicios esenciales». Y aquí sigue 12 años después, pero es que lleva 22 y ya le pesa.

Baño de la vivienda. / Cober

Llegó en 2001. Vivía con otras familias en unas cuarterías donde estaba la central eléctrica de Juan Grande y los trasladaron a todos hasta este punto donde todavía siguen, a medio camino entre el mar y la GC-500. «Nos dijeron que era solo por 10 años hasta que nos dieran una casa en condiciones y mira...».

En todo caso, Soraya asegura que a ella llegaron a concedérsela en 2009 y que al final se la quitaron porque se excedía en sus ingresos en 1 euro y 39 céntimos. «Esa casa está en Castillo del Romeral y me la quitaron». Allí dice que sigue, cerrada y sin nadie que la use como techo.

Dice que su casa está en Castillo del Romeral

Esa vivienda, de cuatro habitaciones, fue para Soraya durante años la puerta de entrada a otra vida, un sueño por el que canalizar las esperanzas de mejora que ahora no ve por ningún lado. Por eso no oculta tampoco que nada más se levantó la fase más dura del confinamiento por la pandemia de la covid-19, en mayo de 2020, decidió liarse la manta a la cabeza y meterse de okupa en la que para ella es su casa.

No duró nada. La Policía Local la sacó de allí y la detuvo. De aquella experiencia le queda el mal trago de la retención en la comisaría y el robo de su bolso, con toda su documentación, incluidos los papeles de todo su historial médico, necesarios para un próximo juicio al que, según cuenta, asistirá sin esos avales. Desde el consistorio aseguran que esa vivienda formará parte de un futuro centro de día para la atención de personas con alzhéimer.

Realojo del poblado en Juan Grande y Castillo del Romera

El edil de Vivienda, Antonio Pérez, que recuerda que el Ayuntamiento no tiene competencias en esta materia, no tiene una solución individual para Soraya, sino para las 50 familias que conforman este núcleo de infraviviendas. El gobierno local trabaja para posibilitar su realojo a dos parcelas, una de 600 metros cuadrados en Castillo del Romeral, y otra de 3.075 metros en Juan Grande.

Por lo pronto, ya están registradas a nombre del Ayuntamiento y ahora queda que Patrimonio Municipal lleve a pleno su cesión al Gobierno canario, que será la institución encargada de construir sus nuevas casas. Antes el Ayuntamiento deberá demoler unas construcciones existentes en el solar de Juan Grande. Parece que la solución está en marcha, pero aún llevará bastante tiempo.