Iglesia de San Fernando. Así era. Fue derribada en 1996. Cedida por Pedro Franco. / C7

El poblado de San Fernando cumple 60 años

Aniversario. Una mal entendida modernidad conserva poco de aquel caserío primigenio de 72 casas y su iglesia, pero la historia está a salvo de piquetas y este año toca reivindicarla

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO San Bartolomé

Pocos pueblos pueden presumir de conocer la fecha exacta de su fundación. Y aquellos que la tienen, muchas veces la presuponen. Pero San Fernando de Maspalomas, en San Bartolomé de Tirajana, es un caso único. Su aniversario tiene día y hora, como la de un crío cuando nace, y eso es justo lo que este histórico poblado podrá celebrar mañana: sus primeros 60 años. Fue un 1 de marzo de 1961 cuando se inauguraron por todo lo alto el caserío y su iglesia, todo fruto de la iniciativa del 8º Conde de la Vega Grande, Alejandro del Castillo y del Castillo, el abuelo del actual, y de la maestría y el genio artístico de un arquitecto único, Manuel de la Peña, autor también, a modo de icónica referencia, del templo ecuménico, situado en Playa del Inglés.

De todo aquello, tristemente, apenas quedan vestigios, como lamenta Pedro Franco, estudioso y entusiasta divulgador de la historia local, premio Roque Nublo de Gran Canaria 2020 y Premio Raíces, por San Bartolomé de Tirajana, en 2019. Solo quedan reminiscencias de lo que fue el poblado en las propias casas, hoy muy reconvertidas, pero al menos se conserva el vanguardista diseño ideado por De la Peña, «un damero de manzanas de cuatro viviendas cada una», que, como apunta Franco, formaban un «conjunto bello y armónico en el que, como en casi toda su obra, creó arquitectura canaria contemporánea». Para los que no lo conozcan, este núcleo es el que está ubicado entre las calles Montaña Clara, Camellero Juanito García y Camellero Fernando Franco, visibles en el margen derecho, en dirección sur, de la carretera que va de Playa del Inglés hasta Campo Internacional, después de dejar atrás la rotonda de Viuda de Franco.

Vista parcial del primigenio poblado de San Fernando, habitado por trabajadores del Condado de la Vega Grande. / Cedida por pedro franco

En 1961 se habilitaron inicialmente 16 manzanas, de 4 viviendas cada una, por lo que sumaban 64 casas. Y poco después se levantaron dos manzanas más, que dieron lugar a las 72 actuales. Las mandó hacer el conde para que las habitaran sus empleados en la labranza, las plataneras y la aparcería. Según datos que aporta Franco, logró un crédito del Ministerio de Vivienda de entonces, que aportó 30.000 pesetas por cada casa de las 65.000 que costó cada una. El resto lo ponía el condado de la Vega Grande.

«El poblado de San Fernando fue, es y debería seguir siendo cuna social e histórica de lo que hoy es Maspalomas y su zona turística»

Pedro Franco

De lo que sí que no queda rastro, y que costeó íntegramente Alejandro del Castillo, es de la iglesia en torno a la que se construyó aquel poblado. Solo se conserva el solar en el que se ubicaba, cubierto por un derretido de cemento, como apunta Franco, que pusieron los propios vecinos, sobre los que aún pesa el triste recuerdo del «inexplicable» derribo del templo, la sacristía y lo que en su día fue escuela, club de jóvenes y finalmente centro parroquial, un triste 21 de octubre de 1996. ¿El motivo? Lo declararon en estado de ruina tras la caída de dos placas de yeso del falso techo de la nave central de la iglesia. Acabó en el suelo 35 años después de edificarla, sin que se hubieran molestado en intervenir para mantenerla. Y dieron al traste con un edificio que para Franco era «todo vanguardia y experimento, desde lo asimétrico de la fachada exterior a la singular y originalísima espadaña», desde las rejerías metálicas del Baptisterio y el Altar al Via Crucis, «incrustado en la pared y con vistas al interior y exterior de la iglesia». Estaba junto a la plaza central, que «consistía en un empedrado de canto rodado», decorado con dibujos circulares hechos con piedras volcánicas negras y rojizas, y que hoy está sepultada bajo losetas de granito.

El poblado de San Fernando, en sus primeros años, cuando en sus alrededores no había casi nada. / Fedac

Tanto esa plaza, como la iglesia, la escuela, y otros referentes de aquel primigenio San Fernando, como la Guardería de los Dados (hoy queda algún testigo en la sede actual de Cruz Roja), pueden acabar, como han acabado, bajo la piqueta o absorbidos por una mal entendida modernidad, pero lo que no se puede borrar es la historia, ni los recuerdos, de ahí que, pese a todo, el municipio, las maspalomeras y los maspalomeros, y los habitantes de ese primer poblado conmemorarán este año su 60 aniversario.

La alcaldesa, Conchi Narváez, que confiesa que conserva «recuerdos muy bonitos y hasta imágenes personales del poblado y de su iglesia», explica que, aunque la covid limita bastante las posibilidades y no se podrá celebrar ningún acto en concreto, sí han editado un folleto con imágenes que será repartido entre los vecinos de San Fernando «para felicitarlos por este aniversario». Con todo, avanza que se están preparando algunas actividades para cuando la covid lo permita.

Una de las calles del poblado, en la actualidad. / C7

Sí resalta la importancia de subrayar que San Fernando es el origen no solo de la parte residencial sino también la turística de lo que hoy es Maspalomas, de ahí que apueste por convertirlo en un futuro en «un referente turístico» de la historia de este pueblo. En eso coincide con Fernando del Castillo, nieto del promotor de San Fernando y miembro de la familia del Condado, que echa de menos visibilizar más ese pasado y conectarlo mejor con la zona turística. Tiene la sensación de la carretera que pasa por Viuda de Franco se ha convertido en una frontera entre dos mundos que, sin embargo, se deben tanto mutuamente.