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Víctor Pons, en medio de su poblado navideño. Cober

Nieva en Monte Lentiscal cada vez que llega la Navidad

Entre tradición y hobby. La pasión por las miniaturas de Víctor Pons, médico del servicio de Urgencias del Hospital Insular, le llevan a montar en su casa un idílico poblado navideño que siempre usa para felicitar las pascuas a sus amistades

Gaumet Florido

Santa Brígida

Domingo, 31 de diciembre 2023, 01:00

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¿Y quién dice que no nieva en Monte Lentiscal? Al menos sí en el poblado navideño que Víctor Pons monta todos los años en la planta baja de su casa en Santa Brígida. En ese particular mundo de ilusión, fruto de la imaginación de este conocido médico de Urgencias del Hospital Insular, hay lugar para un parque con atracciones, con tiovivo, noria y sillas voladoras, un tren, un tranvía, un teleférico, un invernadero, un paisaje de montaña con osos polares y hasta un globo aerostático.

Diez metros lineales de luz, sonidos y movimiento que se han convertido en la postal virtual con la que cada año Pons felicita las pascuas a familiares, amigos, compañeros de trabajo y conocidos. Siempre cada 8 de diciembre, una fecha muy simbólica para él y cargada también de melancolía, porque fue el día en que dejaron este mundo dos de sus referentes, John Lennon y su propio padre. «Pero este año me retrasé y desde el día 9 empezó la gente a escribirme porque echaba de menos la felicitación».

Curioso detalle de una de las figuras que conforman el poblado navideño de Víctor Pons.
Curioso detalle de una de las figuras que conforman el poblado navideño de Víctor Pons. Cober

Al final llegó el vídeo, que fue difundido entre el 17 y el 18 de diciembre. Lleva por título 'Qué mundo más maravilloso', otra de las tradiciones que ha instituido: que cada montaje tenga su lema. Tanto ha cundido esta tradición que recibe visitas organizadas, eso sí, de gente de su entorno, que vienen cada Navidad a ver 'in situ' ese mundo feliz que les llega cada diciembre vía redes sociales.

Y todo empezó hace más de 20 años por un regalo de su madre, un hotel de alta montaña y una cervecería tirolesa hechas en cerámica. Ella, claro está, lo conoce bien y no fue un presente casual. «A mí siempre me han encantado las miniaturas, de todo tipo, y de pequeño también hacía el típico belén tradicional en casa», se explica Pons, así que fue su madre quien plantó la semilla.

Sobre mediados de la década del 2000 se arrancó con un pequeño poblado, de apenas 50 centímetros y dos casas. «Entonces era más difícil, no había tanta afición a este tipo de figuras y las tenía que traer de fuera». Entre las que él mismo conseguía en sus viajes y las que le traían amigos y familiares ha ido engordando una colección que hoy le permite diseñar un poblado de más de 200 figuras, con varios ambientes y hasta sus propias calles. «Tengo iglesias de tres religiones distintas, una católica, otra anglicana y otra baptista». Cada año incorpora algo nuevo.

El poblado recrea un mundo idílico y de montaña. Pons usa tres interruptores para ponerlo en marcha.
El poblado recrea un mundo idílico y de montaña. Pons usa tres interruptores para ponerlo en marcha. Cober

A este paso no tendrá espacio en su casa. Se pone en faena todas las tardes del 1 de noviembre en adelante y desaloja media habitación, la que suele usar como despacho personal. Allí planta sus burras y sus tablones y explota, con la ayuda de su primo Miguel, su vertiente de urbanista de la miniatura para crear una ciudad mágica que cada año es visitada por los niños de su entorno, siempre bajo la atenta vigilancia de su nieto Lucas, el único de sus descendientes que ha heredado esta afición y que desde los 7 años asumió el papel de velar por este poblado. Ahora tiene 14 y ya se anima a recrear uno parecido en su propia casa. Buen maestro ha tenido.

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