Vejez, maltrato en el otoño de la vida

Uno de los más atroces maltratos, auténtica pandemia que deprime el ánimo y puede acortar la vida de los que la padecen es la soledad. García Márquez dijo que ser viejo consiste en hacer un honrado pacto con la soledad. Paco Javier Montesdeoca

Tribuna Libre
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Mis parientes me han fallado y me olvidan mis amigos más próximos. Los que moran en mi casa y mis esclavas me tienen por un extraño, les resulto un desconocido… A mi mujer la repugna mi aliento y mi hedor a mis propios hijos. Aún los chiquillos me escupen y me desprecian apenas me levanto. Mis íntimos me aborrecen y aquellos a quienes querían se vuelven contra mi». Esto es parte de las lamentaciones contenidas en uno los más hermosos libros escritos en la antigüedad, la expresión de soledad no buscada e insana expresada por el patriarca Job en el siglo IV a.C. Un antiguo sentimiento de abandono que ya, hace siglos, laceraba el alma de la gente mayor y ancianos otrora en plena facultades, productores de bienes y mantenedores de la prole. Y, sobre todo, demuestra que la actitud de considerar a la vejez como una etapa de improductividad condenada al ostracismo se remonta a los orígenes de la civilización.

Para definir esta corriente cargada de estereotipos malevos instalada en nuestras sociedades, gerontólogos y psicólogos sociales han creado el término de edadismo. Hay que remontarse a unos meses en que las propias instituciones y representantes públicos, algunos de ellos dedicados a gritar en favor de la palabra hueca de libertad y convidar a la gente a tomar cerveza en las terrazas, se olvidaron de los miles de muertes producidas en los hospitales y residencias de sus comunidades que las convirtieron en morideros sin la compañía, en su último aliento, de una mano amiga, familiar, salvo en algún caso, de un sanitario compasivo. Un maltrato que, en vida, puede tratarse de la negligencia institucional en el trato o el abandono consciente de su propia familia que llega al extremo de que una hija engañe a su madre y la haga firmar, ante notario, un documento de aval para un supuesto préstamo hipotecario cuando, en realidad, era una donación, a su nombre y beneficio de hija aprovechada de la casa y otras propiedades.

El dicho de «a la vejez viruela» se emplea, en tono irónico, para alguien que intenta emular comportamientos amorosos, eróticos que, al parecer, le están vedados por el simple hecho de haber rebasado cierta edad reflejada en el carnet de identidad. Bien es verdad que también, en esto, hay distingos de clase. Sirva de ejemplo lo que ocurrió con el famoso director de cine Federico Fellini. Cuando fue internado en una clínica para ser tratado de alguna indisposición propia de la edad o enfermedad tuvo accesos de antiguo galán enamorado y se dedicó a lisonjear a las enfermeras llegando incluso a tocarles la zona del cuerpo donde las vértebras pierden su honesto nombre.

Acompañantes, corifeos y periodistas proclamaron su gran vitalidad varonil no perdida por la enfermedad o los años. Claro está que si el mismo comportamiento, fuera de tiempo y lugar, ocurriera en cualquiera de nuestros ancianos, fruto quizá, de la demencia o que se les está yendo el romeo, se les tilda directamente de «viejo verde».

Sin olvidar uno de los más atroces de los maltratos, auténtica pandemia que deprime el ánimo y puede acortar la vida de los que la padecen: la soledad. García Márquez dijo que la vejez consiste en «hacer un honrado pacto con la soledad». En este estado de total renuncia a todo lo que es vida, agentes policiales se han encontrado a mujeres y hombres muertos en sus hogares cuyos macabros descubrimientos se han debido al fétido olor desprendido, denunciado por sus vecinos, por debajo de las puertas de sus viviendas. Parece ser que más mujeres que hombres.

«El 15 de junio se celebra el Día mundial de concienciación contra el maltrato a la vejez»

Mujeres que ven pasar la vida mirando el mundo a través de los visillos de las ventanas y que, en los momentos de mayor desamparo se acuerdan de aquel dicho de que «una madre es para cien hijos, pero cien hijos no son para una madre». Como mujeres son, en mayoría, las que están a cargo de ancianos y mayores dependientes y que necesitan apoyo psicológico y social en proyectos institucionales de respiro familiar para afrontar el estrés y no desfallecer en el intento diario de atender a sus seres queridos en el hogar.

Asistimos al triunfo de la inmediatez, un futuro a la corta y el culto a ser joven y sus beneficios que, cada vez más, arrincona a los mayores y los condenan al ostracismo, sin apenas posibilidad de que participen en su tradicional rol de sabiduría nacida de sus conocimientos y experiencias.

Que nadie olvide lo que escribió Jorge Luis Borges en 'Otras inquisiciones': «A la gente le repugna ver a un anciano, un enfermo o un muerto, y sin embargo está sometida a la muerte, a las enfermedades y a la vejez». Al pensar en la vejez se suele hacer a base de clichés entre dos extremos opuestos: el personaje viejo, repulsivo, sucio, desvalido y tonto de remate o bien el digno y venerado sabio que está por encima de la trivial escoria de los asuntos cotidianos y que es la encarnación de la sabiduría, la fuerza y la perfección.

No olvidar que grandes obras artísticas y literarias las han creado mujeres y hombres de más de 80 años. Por fortuna, cada vez son más los que emprenden alguna aventura que les entretiene, eleva el reconocimiento de sí mismos y ante los demás y se niegan a ver pasar los días echándole de comer a las palomas sentado en el banco de una plaza o en medio del tráfico y una atmósfera de plomo. Y si nos atenemos al presente, sirva de ejemplo la edad del político el hombre de mayor poder y la nación más poderosa del mundo.

Existe un montón de iniciativas de instituciones y movimientos asociativos que invitan a la gente mayor a la participación en actividades proactivas de entrenamiento mental, creativo y de participación social. Las propias residencias han creado programas para concretar lo que, ya hace años, se denomina envejecimiento activo. El 15 de junio se celebra el Día mundial de concienciación contra el maltrato a la vejez. Una oportunidad para combatir todo un conjunto de prejuicios que atentan contra la vejez, esa edad mal llamada provecta y que, a nivel popular, se resume en el adagio de «del viejo, el consejo».

Artículo de Paco Javier Montesdeoca