Exteriores de la Ciudad de la Justicia de Las Palmas de Gran Canaria, sede de la Audiencia Provincial. / ARCADIO SUÁREZ

La Sala no halla pruebas y lo absuelve de haber intentado violar a una menor

La Audiencia Provincial no pudo determinar qué ocurrió exactamente la noche de los hechos entre el acusado y la denunciante

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas no apreció prueba de cargo suficiente como para condenar a un individuo que fue acusado por la Fiscalía Provincial de haber intentado agredir sexualmente a una menor de edad en la capital grancanaria en el año 2018. Por los hechos juzgados, el Ministerio Público interesaba una condena de cuatro años de prisión y el pago de 5.000 euros de indemnización a la víctima.

Según el fallo, que tuvo como ponente al magistrado José Luis Goizueta, no se pudo acreditar qué ocurrió exactamente entre el acusado y la denunciante y si el mismo la forzó para mantener relaciones, por lo que no se desvirtuó el principio de presunción de inocencia al que aludió el abogado de la defensa Rafael Tarajano Rodríguez, que consiguió la absolución de su patrocinado.

La Sala solo estimó como hechos probados que la denunciante -en la actualidad tiene 19 años- presentó el 3 de diciembre de 2018 una denuncia contra el encausado en la que relataba unos presuntos hechos ocurridos el 4 de agosto del mismo año. Añade el fallo que pudo demostrarse tras la práctica de la prueba, que ambos estaban casa del denunciado con ocasión de una fiesta organizada por este, junto con otras personas. En un momento dado, la menor fue a un dormitorio «a fumarse un porro» y «estando recostada en la cama» apareció a los pocos minutos este individuo, «quien la empujó, le bajó las medias y las bragas, y trató de introducirle el pene en la vagina sin conseguirlo», se detalla.

No quedaron acreditadas «las circunstancias en que se produjo la relación sexual entre la denunciante y el acusado»

La sentencia expone que el acusado declaró que «estuvo besándose» con la menor en el dormitorio, que ella «le pidió que le bajara las medias» y cuando se las estaba bajando, la misma «le dijo que parara», accediendo este individuo a ello, «cortando ambos desde ese momento todo contacto sexual», apunta.

Por todo ello, determinó la Sala que no quedaron acreditadas «las circunstancias en que se produjo la relación sexual entre la denunciante y el acusado», ni consecuentemente «hasta donde llegó dicha relación, ni si existió intento de penetración con violencia o intimidación», por lo que dictó una sentencia absolutoria.

Varias versiones

Entrando en un análisis más profundo de este caso, que tuvo como única prueba de cargo la declaración de la denunciante, la Sala entiende que la misma no cumplió las máximas de la persistencia en la incriminación que debe de ser prolongada en el tiempo y expuesta sin ambigüedades ni contradicciones.

De esta forma, explica que la menor «no ha mantenido desde la denuncia inicial exactamente la misma versión de los hechos», pues en su primera exposición manifestó que bajó al dormitorio con su ex «para fumarse un porro» y que apareció el acusado. Estuvieron los tres charlando que la que fuera su pareja «subió a la planta superior», momento en que el encausado «comenzó a besarla en la boca a pesar de que ella no quería, la empujó, le bajó las medias y las bragas, y trató de penetrarla».

Sin embargo, en el juicio manifestó que ella «bajó sola al dormitorio a fumarse un porro», negando a preguntas del Ministerio Fiscal que su ex la hubiese acompañado. Siguió contando que el acusado «bajó al dormitorio a los pocos minutos» y le pidió «que volvieran a besarse, a lo que ella se negó, sucediendo a continuación el intento de penetración».

El Tribunal no cuenta con «posibles corroboraciones periféricas» de los hechos. La menor manifestó que, tras la supuesta agresión sexual, se introdujo en el baño y «comenzó a llorar», dirigiéndose al dormitorio donde estaba una amiga y su novio «contándoles lo sucedido». Este testigo declaró en el plenario que la menor «estaba nerviosa», y les comentó «por encima» que el acusado «le había intentado meter mano y que ella no quería». Que «no estaba llorando», que «sobre todo» se lo contó a la amiga y que «después de 30 minutos, subieron a la cocina a comer con los demás, transcurriendo el resto de la noche con normalidad hasta que se fueron marchando de la casa».

Declaró también este testigo que después de aquella noche «ha hablado de lo sucedido» con la menor y «no le ha contado nada más». Concluyó manifestando que «a lo largo de la noche» vio a la denunciante y al encausado «besándose», cuando ella se refirió en su declaración «a un único beso en los labios (pico) cuando estaban solos en la cocina».

Del resto de personas que estaban en la casa del acusado la noche de los hechos, ninguna más fue propuesta como testigo.

Denunció a los cuatro meses

Por otro lado, la Sección Segunda de la Audiencia tuvo en cuenta que la víctima no denunció los hechos en el momento en que sucedieron, «ni siquiera en fechas inmediatamente posteriores, sino cuatro meses después».

Incluso, añade el fallo, cuando el testigo antes referido le ofreció llamar a sus padres, la menor se negó a ello, «transcurriendo el resto de la noche con normalidad», según el declarante.

Sobre este fallo cabe interponer recurso de apelación ante la Sala de lo Penal del TSJC.

Sin corroboraciones periféricas ni informes psicológicos de la joven

Respecto de la verosimilitud del testimonio de la denunciante, la Sala advirtió en esta sentencia que tiene que estar «rodeado de algunas corroboraciones» y, en este caso, «no contamos con corroboración alguna».

Además de esta falta de corroboración periférica, en este caso tampoco hubo ningún informe psicológico. Contrariamente a lo que es habitual, no se llevó a cabo un análisis forense «a fin de determinar el grado de credibilidad de la víctima respecto de los hechos según ella acaecidos». La Sala dijo desconocer «las características psicológicas» de la menor quien, «por cierto, no consta que se hubiera visto afectada psicológicamente durante los cuatro meses en que tardó en denunciar los hechos, no habiendo precisado asistencia de ningún tipo», abunda.

Por lo que respecta a la declaración del acusado, el mismo manifestó que aquella noche estuvo «besándose» con la menor, incluso «a iniciativa de ella» tanto en el salón de la vivienda como posteriormente en el dormitorio. Posteriormente comenzó «a bajarle las medias y bragas» a petición de aquella, sin llegar a culminar tal acción «por la negativa repentina» de la denunciante, quien a continuación salió del dormitorio.

En síntesis, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas consideró que la prueba de cargo practicada en el acto del plenario no fue «suficiente» para desvirtuar el principio de presunción de inocencia ya que no se pudo determinar que ocurrió exactamente la noche de los hechos.