Plantó las semillas del turismo urbano

Pablo Barbero Sierra fue concejal de gobierno en el Ayuntamiento en el mandato 2011-2015. Puso las bases de la recuperación turística moderna de la capital. Impulsó la reforma del parque de Santa Catalina y la apuesta por el sector de los cruceros.

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Aparte de por su sonrisa permanente y su afabilidad, la ciudad recordará a Pablo Barbero Sierra como el hombre que plantó las semillas del turismo que hoy está dando sus frutos. Junto al presidente de la Autoridad Portuaria, Luis Ibarra, fue un auténtico convencido de la necesidad de potenciar la capital como destino crucerístico. También recuperó la Casa del Mapa como sede turística; impulsó la reforma del parque de Santa Catalina y del paseo marítimo de esta zona; ayudó a la implantación del acuario Poema del Mar; apostó por la transformación del Mercado del Puerto y su conexión con el muelle; se esforzó por que los turistas que se alojaban en el sur de la isla tuvieran interés por visitar la ciudad; y posibilitó la apertura de nuevas formas de hospedaje, como los albergues juveniles.

«Dejó huella en la ciudad», reseñaba ayer el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo. «Disfrutaba en los plenos de sus intervenciones por su ecuanimidad y su sentido de la responsabilidad en los asuntos relacionados con el turismo, en los que era un auténtico conocedor», añadió el regidor. Hidalgo transmitió ayer, en nombre de toda la Corporación municipal, sus más sentidas condolencias a la familia, amigos y allegados.

Sin embargo, por encima de todas estas obras, lo que más se recuerda de Pablo Barbero es su dimensión humana. «Te hacía la vida más fácil», recuerda el anterior alcalde de la ciudad, Juan José Cardona, «toda su vida fue como un gran embajador». En su opinión, Barbero «era una persona muy difícil de definir porque era único».

Cardona lo integró en la lista con la que el PP concurrió a las elecciones de 2011. «Dio lo mejor de sí y siempre tuvo un gran sentido del humor, impedía que las conversaciones o las reuniones fueran tensas».

En el siguiente mandato volvió a formar parte de las listas del PP y pasó a la oposición. A los pocos meses de haberse constituido la nueva Corporación sufrió un infarto cuando preparaba la boda de una de sus hijas en el hotel Santa Catalina, la que había sido su casa durante tantos años, pues estuvo al frente de la dirección de este establecimiento turístico durante trece años.

Sin embargo, su grupo político nunca perdió la esperanza de verlo volver. De hecho, respetaron siempre el asiento vacío que dejó su enfermedad en el Salón Dorado de las Casas Consistoriales. Al finalizar ese mandato, el Pleno le envió un mensaje de ánimo y reconocimiento.

El actual concejal de Turismo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Pedro Quevedo, tuvo para Barbero un «recuerdo entristecido por la durísima y larga etapa que ha tenido que pasar, ante el dolor propio y de su familia». El edil nacionalista aseguró que Pablo Barbero «fue una persona amable y dialogante, tanto en el gobierno como en la oposición, con el que resultaba relativamente fácil entenderse a pesar de las diferencias». Quevedo indicó que «las relaciones con Pablo Barbero estuvieron presididas siempre por la educación y la cordialidad» y lo definió como «una persona excelente».

Cardona resalta también su profundo conocimiento del mundo turístico, que le valió para aunar esfuerzos con el sector cuando pasó a desempeñar un cargo público. «La suya fue, primero, la historia de un hombre dedicado a la ciudad a través de los años que estuvo al frente del hotel Santa Catalina, cuando este edificio era casi la joya de la corona de la ciudad en cuanto a actos sociales», evoca.

El que fuera su compañero y también concejal del Partido Popular, Ángel Sabroso, aseguró que Pablo Barbero «me dejó de los mejores recuerdos que conservo de mi etapa de gobierno».

La discusión imposible

El actual viceportavoz popular asegura que fueron momentos complicados porque la crisis económica golpeaba con fuerza y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria apenas tenía recursos disponibles. «Aún así, siempre buscaba el modo de hacer piña y hacernos sentir como si fuéramos una familia», expuso, «era imposible discutir con él porque te llevaba a su terreno a base de ser buena persona».

También el exalcalde Juan José Cardona comparte esta impresión. «Incluso en los momentos de mayor fricción en las reuniones de gobierno, él tenía la virtud de evitar los conflictos con humor», expuso.

Sabroso dice que con Barbero, el turismo dejó de ser un área sin importancia y se convirtió en una locomotora de la ciudad.