Laly y José piden que se vigile la velocidad de las bicis y patinetes que usan la pasarela. / Arcadio Suárez

La pasarela Onda Atlántica tiene su público

Primer mes. «Es lo mejor que hicieron», aseguran algunos de quienes la han incluido en sus rutinas de paseo en detrimento de zonas más concurridas como la avenida de Las Canteras

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ

Este sábado se ha cumplido un mes de la inauguración oficial de la pasarela Onda Atlántica, una infraestructura que se hizo esperar pero que parece haber tenido buena acogida entre la ciudadanía. «Esto es perfecto, es lo mejor que hicieron, ojalá lo hubieran hecho antes», asegura Laly Castellano al regreso de la caminata que cada mañana realiza junto a su marido, José Reguera, «hasta la comandancia de Marina».

Este matrimonio de La Isleta asegura que la nueva conexión peatonal entre su barrio y el Puerto de La Luz les ha venido muy bien porque les da tranquilidad y no les obliga a ir por zonas más concurridas, en las actuales circunstancias sanitarias. «El paseíto diario mejor aquí que en Las Canteras», dicen, Y es que aseguran que la avenida de la playa «está masificada».

Reconocen que una de las subidas del viaducto se les atraganta un poco pero «merece la pena», porque al llegar a la zona portuaria hay «una recta muy buena y se puede caminar bien». Además, ellos aprovechan para desayunar por la zona e incluso realizar la compra en el centro comercial El Muelle antes de retornar a su casa.

Eso sí, hacen un llamamiento para que se controle un poco el paso de bicicletas y sobre todo de patinetes eléctricos, «porque han estado a punto de atropellarnos dos veces ya que van muy rápido, y tú vas disfrutando del pasaje, vas hablando y de repente te los encuentras».

Además, señalan que debería vigilarse la falta de civismo de algunos dueños de mascotas que dejan sin recoger los excrementos de sus perros.

Tanausú Viera es otro de los usuarios habituales de este puente que ha venido al salvar la fractura existente entre las dos orillas del istmo capitalino. Este vecino de Las Canteras explica que desde su apertura al público ha variado el itinerario que cada día recorría en sus caminatas.

«Suelo salir a caminar y voy por aquí y luego me meto dentro del muelle», explica en el lado del Mercado del Puerto antes de iniciar su ruta diaria hacia el recinto de La Luz. Dice que «antes iba siempre por la avenida de Las Canteras», pero «hay mucha gente y por aquí no hay nadie, y voy más tranquilo», ya que asegura que en la situación de pandemia que vivimos «tiene uno más respeto».

Así las cosas, señala que la Onda Atlántica «a mí me ha venido bienísimo, y está muy bien porque es un poquito de cuesta y luego perfecto».

Lorena Calvo, sin embargo, no había cruzado este puente sobre la GC-1. «Es la primera vez pero pienso usarla más a menudo», indicaba tras volver al barrio de La Isleta en el que reside tras ejercitarse en el gimnasio del centro comercial El Muelle al que acude desde hace pocas fechas.

«No lo había usado nunca porque empecé hace poco en el gimnasio y siempre coincide que hay algunas amigas que me llevan y me traen», apunta. Pero en esta ocasión, al fallarle el transporte optó por estrenar esta conexión a la que da el aprobado. «Comunica muy bien El Muelle con La Isleta y creo que le ha venido bien al barrio», comenta a pie de pasarela, en el lado que mira al Mercado del Puerto.

Juan Ceballos, por contra, es ya todo un veterano en esto de pasear por la pasarela pues la recorre casi a diario. Este vecino del Cono Sur capitalino presume a sus 73 años de una forma física envidiable que le permite cruzar la ciudad de una extremo a otro caminado. «Estoy hecho un galgo» apunta y es que sus caminatas diarias no son poca cosa. «Vengo del Cono Sur caminado y voy caminando», señala sin ocultar su orgullo.

Explica que antes de contar con la Onda Atlántica «llegaba hasta el Muelle Grande» y regresaba y que ahora este viaducto le permite variar sus itinerarios. Así, señala que «es otra cosa y facilita un poco más» llegar a la zona portuaria.

Pero, además, confiesa que le resulta un aliciente transitar por una infraestructura que está llamada a ser un referente arquitectónico de la capital grancanaria. «Me estimula que tengamos algo tan bonito aquí, porque si todas las ciudades tienen un elemento que la identifica, pues nosotros tenemos la Onda Atlántica», expone.

Eso no quita para que tenga alguna sugerencia que hacer respecto a su aspecto. «Tienen que pintarla con colores más alegres», sugiere. Y es que considera que su con su gama cromática de grises «da la impresión de que está en un varadero y que es un barco de guerra», expone con una sonrisa.

Además, reconoce que le gusta acercarse a la zona de La Isleta con la que se siente «identificado», ya que «mis padres nacieron en la calle Américo Vespucio» y porque considera que «La Isleta es un crisol de culturas».

En La Isleta residen Vanessa Hernández y Mario Triguero, un matrimonio que también ha incluido en el itinerario de sus caminatas el paso por la Onda Atlántica. «La verdad es que la cogemos todos los días», indican. Aseguran que anteriormente a su apertura al público «íbamos hasta el parque Blanco y volvíamos, pero ahora vamos por el muelle y es mejor porque no tienes que pararte para cruzar en todas las esquinas».

Asimismo, hacen uso de esta nueva conexión peatonal cuando van «con los niños al centro comercial El Muelle, porque es más cómodo por aquí».