Uno de los documentos recuperados. / efe

Los Negrín recuperan al bisabuelo; Las Palmas de Gran Canaria, la historia de su despegue

En los tres metros cúbicos de cajas que acaban de llegar a España desde Francia después de décadas de olvido caben muchas cosas: no solo los recuerdos de la familia Negrín desde mucho antes de que la guerra y el exilio lo cambiara todo, también miles de documentos que prometen arrojar luz sobre los años del despegue económico de Las Palmas de Gran Canaria.

JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ (EFE) Las Palmas de Gran Canaria

Carmen Negrín, la nieta del último presidente del Gobierno de la República, Juan Negrín López (1892-1956), confiesa a Efe que tiene la sensación de que acaba de recuperar a su bisabuelo, Juan Negrín Cabrera (1864-1941), uno de los empresarios de Canarias más importantes de principios del siglo XX, figura clave de la burguesía que puso al puerto de La Luz en el mapa del comercio mundial.

Nacida en Nueva Jersey en 1947, Carmen Negrín asegura que tiene detalles de su familia materna que se remontan incluso al Mayflower, e l barco en el que llegaron los primeros colonos anglosajones a la costa de Massachussetts en 1620, el gran mito fundacional de EEUU; pero de su familia paterna, canaria, apenas sabía algunos retazos, siempre conectados a la biografía de su abuelo, el político.

«Estoy descubriendo una parte de mi familia de la que casi no me hablaron. A mi abuelo le preguntábamos (en el exilio, tras la Guerra Civil) por las cosas que se quedaron en España y siempre decía lo mismo: no queda nada, olvídalas», relata la presidenta de honor de la Fundación Negrín, mientras revisa la nueva remesa de documentos.

Con las «cosas de España», la entonces niña se refería las propiedades de la familia en Gran Canaria, bloqueadas, confiscadas, cuando no expoliadas, por el régimen franquista al final de la contienda, con el pretexto de cobrarse la multa de 100 millones de pesetas de la época que le impuso a Negrín como castigo de guerra.

Entre ellas, estaba la histórica casa del empresario Juan Negrín Cabrera en la calle Buenos Aires, 3, de Las Palmas de Gran Canaria, uno de los centros de negocios más importantes de la época en la ciudad, donde se cerraban fletes de plátanos, acuerdos de importación y exportación de vinos, alcohol o miel; préstamos a industriales de la isla o importantes operaciones inmobiliarias con terrenos que hoy son lugares señeros, como la avenida Mesa y López.

El archivo personal que acaba de recibir la Fundación Juan Negrín prueba, entre otras muchas cosas, que el afán casi obsesivo del científico y político republicano por acumular miles y miles de documentos, cartas, telegramas, fotos, informes de gobierno, partes de guerra, carteles, libros... le venía de herencia.

Se acaba de revelar que su padre era igual, que guardó hasta su muerte, en 1941, miles de papeles de índole comercial, pero también cartas, postales que mandaba a casa en sus viajes de negocios por Europa, recibos de su suscripción al «Diario de Las Palmas» y hasta boletos de una rifa cuyo premio era... una estampita religiosa.

Todo ese archivo quedó congelado el día de su muerte, cuando el abogado de la familia, Matías Vega, precintó su despacho en la casa de la calle Buenos Aires y lo cerró a cal y canto, en un gesto que ni el embargo franquista de esas propiedades llegó a revertir. Todo permaneció allí, hasta que, con la democracia, el Gobierno de España resarció a los Negrín por las propiedades incautadas y se permitió al hijo del político, el neurocirujano Juan Negrín Mijailovich, Juan «Junior» (1914-2001), entrar allí, ya en los años noventa.

Ocurrió en los últimos años de Gobierno de Felipe González y el historiador José Medina, presidente de la Fundación, recuerda que él mismo intentó persuadir a Junior de que dejara en Canarias el archivo de su abuelo empresario, pero fue imposible. El neurocirujano recelaba y se lo llevó todo a Niza, donde todo quedó empaquetado en la vivienda del tío de Carmen Negrín.

Esos documentos se abren ahora por primera vez desde 1940 y prometen mucho a los historiadores. A los biógrafos del líder republicano, les ayudará a completar la etapa de su infancia y juventud, comprender mejor cuál la educación, los valores y las redes de influencia familiar que explican que aquel muchacho canario de principios del siglo XX pudiera marcharse a estudiar medicina a Alemania, donde se convirtió en uno de los científicos españolas más importantes de su época, el eslabón entre Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa en el histórico Laboratorio de Fisiología.

A los estudiosos de la economía, les permitirá escrudiñar muchas de las operaciones que se cerraron en las décadas en las que Las Palmas de Gran Canaria dejó de ser una pequeña localidad de 25.000 habitantes lastrada por su lejanía de Europa y se convirtió en un pujante nodo comercial en el Atlántico, gracias al crecimiento de su puerto, porque los documentos abarcan de 1892 a 1940.