Imagen de la concentración de este miércoles de jueces, fiscales y personal de Justicia en señal de repulsa por el ataque perpetrado sobre una jueza en Segovia. / F. J. Fajardo

Tribunales

Llamó al 112 y dijo que necesitaba matar a la magistrada y a su ex: «Estoy lleno de odio»

Atosigó y amenazó de muerte a una magistrada. En su casa hallaron veneno de pez globo, bridas, sangre contagiada de sida, vello púbico, pornografía infantil y fotos de la jueza María Auxiliadora Díaz

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

La Audiencia Provincial de Las Palmas ha dictado auto de prisión provisional para un individuo que amenazó de muerte a la magistrada María Auxiliadora Díaz y la atosigó con cientos de mensajes en las redes sociales durante un periodo prolongado de tiempo y hasta el momento de su detención, un asunto que se une al ataque sufrido el martes por una jueza en Segovia por una persona sobre la que había dictado una sentencia civil adversa. Este hombre, que había sido investigado en su momento por la titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas de Gran Canaria por un delito de violencia de género llamó en una ocasión al 112 alertando que iba a «matar a mi expareja y a una juez de Las Palmas», en referencia a Díaz, y en dos entradas y registros efectuados en su domicilio, la Policía Nacional encontró veneno de pez globo, bridas, sangre contagiada de sida, vello púbico guardado en botes, pornografía infantil y decenas de fotos de la jueza.

Los hechos se remontan al año 2009, cuando el investigado fue detenido por haber amenazado a su expareja. Cuando fue puesto a disposición judicial, prestó declaración ante la magistrada María Auxiliadora Díaz y nada más llegar, empezó a decir que se parecía a su mujer y se desmayó. La jueza decretó su traslado al centro de internamiento breve y en el mismo, fue examinado por una psiquiatra con más de 25 años de experiencia. Tras la cita con el preso, la psiquiatra se puso en contacto con Díaz para manifestarle que ella se encontraba dentro del delirio del preso y que, además, se daba de baja porque la había agredido, que tenía muchísimo miedo y no iba a declarar. En este procedimiento, el Juzgado de lo Penal 2 condenó al individuo por delitos relacionados con la violencia de género.

Con el paso del tiempo, el investigado empezó a merodear por el juzgado y a preguntar por la magistrada hasta que, en agosto de 2011, la Policía Nacional remitió un atestado a la referida titular del Juzgado número 2 de Violencia sobre la Mujer en el que se recogía una llamada telefónica al 112 que realizó Domingo D. M. en la madrugada del 3 al 4 de agosto. En la misma, amenazaba de muerte a Díaz y a su exmujer, que sabía dónde vivían ambas y que estuviesen alerta: «Llevo dos años sufriendo, estoy lleno de odio, voy a matar a mi expareja y a una juez de Las Palmas... Estoy lleno de odio, se lo digo en serio, voy a matar a esas dos personas, o me suicido o las mato a esas dos mujeres, lo tengo decidido, llevo cuatro años sufriendo y dos lleno de odio. [...] Tengo un psiquiatra que me atiende pero dejé de ir...», exclamó, añadiendo que lo tenía «decidido, tengo un arma de fuego, el odio que tengo por dentro no se cura, llevo dos años sufriendo día tras día, he seguido a esas dos personas hasta el domicilio, sé donde viven y todo, o me suicido o las mato a esas dos personas, a la juez y expareja, es fuerte el deseo de venganza que tengo, me hicieron mucho daño. Antes de suicidarme me voy a cargar a estas dos personas, seguro y lo más seguro es que mate a esas dos personas, necesito matar a esas dos personas, es la única alternativa». Finalizó la llamada manifestando que sabía que el odio «no se puede borrar por mucho tratamiento que tenga, me han hecho mucho daño», manifestó el investigado al operario del 112.

Domingo D. M. se encuentra en prisión provisional investigado por los delitos de amenazas graves e injurias sobre María Auxiliadora Díaz

A pesar de la gravedad de estos hechos, la magistrada no ejercitó ninguna acción en contra del investigado al considerar, en su momento, que se trataría de participar en su delirio, pero el mismo sí fue juzgado y condenado por las amenazas que vertió contra su exmujer en dicha llamada.

Tras este segundo suceso y desde hace más de un año, Domingo D. M. no se olvidó de la magistrada y empezó a publicar centenares de comentarios en sus redes sociales -Facebook y Twitter- en las que, de forma insistente e incansable, nombraba y atosigaba, tanto a la jueza como a su expareja. Empezó vertiendo críticas sobre la labor desarrollada por la jueza en el desempeño de su función jurisdiccional, hasta que fue a más y empezó a proferir «amenazas más o menos veladas», según el fiscal que interesó de forma decidida su ingreso en prisión, como así también lo pidió la representación letrada de la magistrada llevada por Miguel Ángel Pérez Diepa. A esta parte le resultó «claro» que, en ese contexto, los anuncios de «hacer una visita», «devolverte el regalo que me distes», etcétera, vertidos por Domingo D. M., obedecían a una «finalidad intimidatoria». También, el denunciado publicó una imagen de María Auxiliadora Díaz junto a un ejemplar del libro 'El Conde de Montecristo', una obra conocida como la historia de una venganza por un encarcelamiento injusto.

Denuncia

Díaz denunció estos hechos y se incoaron unas diligencias previas que derivaron en una orden de entrada y registro por parte de la Policía Nacional en el domicilio del investigado, situado en el municipio de Telde. La misma se produjo el día 13 de octubre de 2020 y los agentes actuantes encontraron en la casa bridas de gran tamaño como para maniatar a una persona y manuscritos en los que ponía de manifiesto la ideación y preparación del posible asesinato de su exmujer y María Auxiliadora Díaz. Mencionó, de forma textual, las siguientes cuestiones que recogió el auto de prisión: «Armas, venenos, fuego, sedantes, spray pimienta de largo alcance, cuchillo afilado, golpear en la cabeza hasta dejar sin conocimiento, bridas gemelas de plástico, amarrarla de pies y manos, un cuchillo afilado mediano de cortar cabeza, sedantes como el Rophinol, martillo pedrero de golpear la cabeza hasta dejar sin conocimiento, jeringuilla, fuego (quemar), mechero, gasolina (cuando la necesite)», además de menciones a «un sicario» y manifestaciones relacionadas con «contratar un sicario para dormirlas sin que se sepa lo que les voy a hacer sino que crea que es para hacerme fotos», «no decirle al sicario la verdad de lo que voy a hacerle sino que quiera solo que las duerman para yo haceles fotos con ellas dormidas», y «si sale mal, lo único de lo que puedan acusarme es de querer hacerme fotos con ellas dormidas». También, el Grupo de Delitos Tecnológicos de la Policía Judicial encontró soportes informáticos y un teléfono móvil en los que guardaba decenas de imágenes de la jueza e incluso archivos de pornografía infantil.

Hay que destacar que, en un registro anterior en el marco del procedimiento por el que fue condenado por el Juzgado de lo Penal número 5 de Las Palmas, la policía halló en su casa bolsas con sangre contagiada con el virus del SIDA, botes con diferentes tipos de vello púbico, recortes de periódico en los que se hablaba de violencia de género y veneno de pez globo.

Imagen de los magistrados de la Sección Primera. / C7

Son «graves ataques a la vida e integridad de su exmujer y de la juez», determina la Audiencia

La Sección Primera de la Audiencia Provincial, en el auto de prisión dictado contra Domingo D. M., determinó que, el cotejo de los manuscritos hallados en el domicilio del investigado y los cientos de comentarios que efectúó en las redes sociales, suponen «graves ataques a la vida e integridad de su exmujer y de la juez», María Auxiliadora Díaz.

Determina el auto que, «sin anunciar concretamente el daño que piensa ejecutar», el investigado sí que efectúa «lo que no dejan de ser unas amenazas veladas de ocasionar un mal real» sobre ambas mujeres.

Además, incide en que la magistrada, en su declaración, manifestó que se sentía muy «inquietada y atemorizada», añadiendo que «estaba convencida» de que el investigado podía atentar «contra su vida e integridad», pues el mismo «presume de que sabe donde vive», dicta el auto.