Las vivencias del señor Sato, el emblema del Fuji

El fundador y luego gestor del emblemático restaurante de Guanarteme será reconocido en el aniversario del Consulado de Japón en la capital. Fue testigo y hacedor del nacimiento del primer restaurante japonés que hubo en España.

David Ojeda
DAVID OJEDA

Toshihiko Sato conocía Canarias por su gran afición a la ornitología. Una referencia anclada en algún catálogo de especies. Por eso le sorprendió lo que vio desde la cubierta de un barco que, tras zarpar de Bruselas, le trajo a Las Palmas de Gran Canaria hace más de medio siglo. Una ciudad de la que es parte importante de su paisanaje, miembro fundacional y gestor durante décadas del Fuji, el primer restaurante japonés de España.

El Fuji abrió sus puertas en el número 56 de la calle de Fernando Guanarteme en 1967. Y desde ese momento ha sido un lugar clave en la restauración de la capital. «Hoy está en manos de un local, que trabajó más de 15 años conmigo, y que es tan bueno como cualquier japonés», expone Sato, ya desde una posición de observador sobre el restaurante que desde 2007 regenta Miguel Martínez.

Sato abandonó Japón a mitad de la década de 1960. «Salí del país porque quería viajar y aprender fuera a trabajar en la hostelería. Llega a Bélgica y la persona que me contrato allí visitó en aquel tiempo Las Palmas de Gran Canaria, Ya estaba trabajando en el Puerto de La Luz la flota de arrastre japonesa, y algunos atuneros, con lo que nuestra comunidad tenía aquí mucho movimiento. Este señor pensó en abrir este negocio aquí y yo vine con él. Unos años después lo dejó en mis manos, y con la responsabilidad de sacar el negocio adelante ese fue el momento que comprendí que me quedaría en esta ciudad para siempre», dice.

Sato recuerda que en aquellos años la comunidad japonesa era muy importante en la isla. No solo en el Puerto, también en las relaciones diplomáticas y en su conexión de puente con el mundo occidental Japan Airlines abrió una oficina en la isla.

Sato se embarcó en Amberes y tardó una semana en llegar a Las Palmas de Gran Canaria. Un momento que no podrá olvidar jamás. «Cuando el marinero avisó de que estábamos llegando a tierra me asomé y me asusté algo. Conocía los pájaros y espera encontrarme con un lugar en el que te recibiera más naturaleza. Y otra cosa que jamás olvidaré es que todas las casas tenían un bidón en la azotea», comenta.

Los comienzos del Fuji no fueron nada sencillos. Pasaron muchos años hasta que la clientela de la isla se atrevió a cruzar la puerta del local en Fernando Guanarteme. «En aquellos años, no solo aquí, los europeos no conocían la cocina japonesa. Pero gracias a la comunidad japonesa que había en la isla pudimos mantenernos. Junto a otro detalle importante, que es que coincidió con el comienzo del turismo escandinavo y ellos sí que la conocían», expone.

En aquellos años, una de las cosas que sustentó al Fuji en sus comienzos fue el preparar raciones de comida que llevaban directamente a los barcos. «Gracias a la presencia de esos buques contábamos con la materia prima, porque nos proveían de todo lo que necesitábamos. Miso, pasta de soja... También fue muy importante que en Canarias contábamos con el pescado fresco que se necesita».

Amabilidad

Hoy el restaurante es una coordenada elemental, a pesar de la proliferación de negocios del mismo tipo que han surgido en la ciudad. Pero costó alcanzar ese estatus. «Hoy el Fuji sigue en pie, pero fue muy complicado mantener un negocio como este. Durante muchos años iba por muchos sitios buscando clientela, consiguiendo que vinieran hasta Guanarteme. Y luego ofrecer a cada cliente toda la amabilidad posible. Y poco a poco conseguimos una clientela muy local», indicó.

Sato ve un momento en el que las cosas cambiaron. «En la década de 1980 la economía japonesa creció una barbaridad. Y eso nos dio mucha visibilidad en la ciudad, porque empezaron a importarse muchos coches japoneses, cámaras de vídeo y la gente fue conociendo mucho nuestra cultura hasta acabar viajando a mi país. Y a conocer mucho nuestra comida», recuerda.

Por eso está especialmente satisfecho de conseguir que el Fuji siga en pie durante muchos años. «Es difícil estar al frente de un restaurante pequeñito, que siempre se ha mantenido. Que logramos tener una clientela muy leal que nos ha permitido incluso superar épocas de crisis económicas como las que nos ha tocado vivir», aseveró.

Los tiempos han cambiado para el Fuji, como relata bien Sato. «Hoy en día viven en Las Palmas de Gran Canaria un centenar de japoneses, que es casi como si no viviera casi nadie. Hoy el público del Fuji es básicamente local. El hecho de que la comida japonesa haya sido nombrada patrimonio de la humanidad le ha hecho ser todavía más conocida», expone.