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Lidia Rodríguez, Benjamín Dávila Sosa y Benjamín Dávila Rodríguez. Arcadio Suárez
Guerra de voladores para derrotar a Drake
Las Palmas de Gran Canaria

Guerra de voladores para derrotar a Drake

La Naval recupera la recreación, con fuegos artificiales, de la batalla que presentó en 1595 el castillo de La Luz a la flota de Francis Drake. La contienda del castillo y el barco no se celebra en La Isleta desde hace casi 90 años

Javier Darriba

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 14 de octubre 2023, 02:00

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Corre tanta historia y tanta pólvora por la sangre de la familia Dávila que parte de las tradiciones de Gran Canaria se vinculan a ella. Una de estas reliquias es la recreación que, durante las fiestas de La Naval, se hacía de la batalla que enfrentó en 1595 a la flota inglesa de Francis Drake y John Hawkins con las milicias grancanarias apostadas en la costa y reforzadas por el castillo de La Luz. Aquella defensa fue celebrada desde tiempos de Felipe II. Los dominicos, como recuerda el cronista oficial de Teror, José Luis Yánez, fueron los primeros encargados de organizar las celebraciones de La Naval; luego, a partir del siglo XVII, los militares toman el relevo de los frailes.

Aunque la fiesta nunca dejó de latir, algunos de sus ecos se ahogaron en el tiempo. Resulta difícil establecer una fecha en la que, por vez primera, se recreó la contienda marítima como un intercambio de voladores entre las reproducciones de un castillo y de un barco. Pero de lo que sí hay certeza es que cuando se hizo, allí estaban los Dávila, con los que esta celebración remontó los barrancos que separan La Isleta a Teror. «Es ahí donde está la raíz de la celebración», detalla Yánez, «en los Dávila, que sobre la década de 1930 la trajeron desde la fiesta de La Naval del Puerto (donde ellos lo celebraban y preparaban desde el último tercio del siglo XIX) a la fiesta terorense y primaveral de San José y la Santa Cruz, donde no ha hecho sino crecer con el paso del tiempo.

«El traslado de esta festividad marinera, costera y hasta militar durante algún tiempo a otros pueblos del interior de Gran Canaria, como San Lorenzo, Santa Brígida o Teror se debe a la aparición en Teror a mediados del siglo XIX de una familia (los Dávila) que es patrimonio intangible y valioso de la villa mariana», detalla el cronista oficial de Teror.

La mudanza de este espectáculo a la villa mariana coincidió, o tuvo su origen, con su desaparición de La Isleta. En torno a 1934, probablemente porque el Ejército ya no pudo financiarlo, el duelo entre el barco y el castillo se perdió en La Isleta. Salvo un intento inane de recuperarlo en la década de los 60, nunca hasta ahora se pudo hacer.

Pero este año ha sido distinto. La comisión de fiestas de La Naval, en honor a Nuestra Señora de La Luz, ha conseguido que la familia de fueguistas deshaga el camino andado. Dos generaciones después, Benjamín Dávila vuelve a traer aquel espectáculo que sí supo atesorar Teror. «Esto antes se hacía directamente desde el castillo de La Luz», detalla el responsable de la puesta en escena. Sin embargo, el arbolado que rodea hoy la fortificación y su uso como sede de la fundación Martín Chirino desaconsejan su uso como pieza artillera, aunque sea con fuegos artificiales.

Por eso, se ha decidido trasladar este espectáculo histórico-pirotécnico al espacio comprendido entre la plaza de La Luz y la calle Agustín Millares Sall. A partir de las doce de la noche de este sábado para domingo, volverán a enfrentarse el barco y el castillo. No destriparemos la historia si decimos que vence el segundo porque aquel 6 de octubre de 1595 también los siete barcos de guerra ingleses fueron rechazados en la bahía de Las Isletas.

La guerra está concebida como un espectáculo de diez minutos. Unos veinte kilos de pólvora se cruzarán, en forma de voladores, entre los dos contendientes, que están separados por unos veinte metros de distancia.

«Lo hacemos como se hacía antiguamente», explica Benjamín Dávila, de la pirotecnia El Pilar, «no se usa tanto mortero sino estructuras móviles y a nivel terrestre; le damos más realce con algunos efectos, pero mantenemos la esencia».

Para hacer más real la batalla, una serie de pequeñas bombas transportarán al espectador a aquel escenario de guerra con ruidos y vibraciones. Y además habrá música y una narración que, escrita por José Luis Yánez, irá explicando cómo se sucedieron los hechos en el ataque frustrado a la ciudad a finales del siglo XVI.

«Al final, esto es un acto tradicional que dentro de la pirotecnia no es lo más habitual porque ahora se hace otro tipo de eventos, pero hay que verlo al menos una vez para conocerlo», prosigue el fueguista.

La puesta en escena tiene unas dimensiones más reducidas que la que se suele hacerse en Teror ya que en el municipio mariano goza ya de una larga tradición y es uno de los atractivos principales de la festividad de San José y la Santa Cruz.

Pero sí es un primer paso para rescatar esta tradición y enriquecer La Naval, una fiesta de importancia para toda la ciudad por su significado histórico. En ese esfuerzo, la comisión de fiestas también ha conseguido la recuperación del festival folclórico Juan Rodríguez Doreste, que también había dejado de celebrarse.

Tras la batalla del barco y el castillo, en torno a las 00.30 horas del domingo, habrá un concierto con las actuaciones de Cristina Ramos y la City Dock Band.

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