La víctima señala ayer al policía local Gilberto Julián M. R., al que acusó de haberle dado patadas y puñetazos en un supermercado. / ARCADIO SUÁREZ

Tribunales

«Yo gritaba porque esa gente me quería matar», dijo el senegalés

El vendedor ambulante acusa a los dos policías locales de Mogán de propinarle «una paliza» durante la primera jornada del juicio

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

El ciudadano de origen senegalés que fue apalizado, presuntamente, por dos agentes de la policía local de Mogán mientras ejercía la venta ambulante en un centro comercial en enero de 2011, declaró ayer que «no tenía ni fuerza para moverme de la paliza que recibí y por eso no me resistí», al recordar el momento en el que recibió los golpes de manos de los dos agentes acusados.

La fiscal Alba Donoso y la acusación particular, ejercida por el letrado Pascual Roda, piden una condena de siete años y medio de prisión y 10 de inhabilitación por un delito de torturas y otro de lesiones para los dos policías locales en este juicio que comenzó ayer lunes y se prolongará hasta el próximo viernes ante la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas. Las defensas, que pidieron que sus clientes declaren tras los testigos, niegan los hechos que se les imputa y piden su libre absolución.

  • Gilberto Julián M. R. Este agente de la policía local de Mogán acusado de haber torturado a un vendedor ambulante, sorprendió ayer a los asistentes a la vista al haber sido trasladado desde el centro penitenciario de Juan Grande, donde está recluido por un presunto delito de violencia de género, según fuentes judiciales. Gilberto Julián acumula una amplia lista de pleitos en los que ha figurado como acusado o investigado en órganos judiciales como Violencia sobre la Mujer 1 de San Bartolomé, Penal 5 y 6 o Primera Instancia 4.

  • Carlos Javier H. R. Carlos Javier sigue en activo en la Policía Local de Mogán y es agente en su escala básica, aunque en diciembre de 2017 optó a una plaza como oficial convocada por el Ayuntamiento mediante un concurso de méritos. El acusado optó al puesto acreditando una antigüedad –a mayo de 2017– de 14 años y ocho meses en el cuerpo y 51 cursos de formación y perfeccionamiento, pero al no tener titulaciones académicas superiores logró una menor puntuación que el otro agente que optaba al cargo y se hizo con él.

Sene M.M., que es como se llama el vendedor ambulante, relató a preguntas de la Fiscalía que el 8 de enero de 2011 estaba vendiendo collares en la terraza de un restaurante en el centro comercial de Puerto Rico, cuando fue sorprendido por el agente Gilberto Julián M.R., que iba de paisano. La víctima declaró que se asustó porque conocía al policía ya que el día anterior le había pegado a un familiar suyo y por eso, cuando lo agarró de la camisa y sin identificarse como agente de la autoridad, «salí corriendo porque no quería que lo llevaran al «cuarto oscuro», refiriéndose al lugar donde, supuestamente, sucedieron los hechos el día antes.

«El de rosa –refiriéndose a Carlos Javier– me empezó a pegar con una porra mientras yo me cubría con la mano. Me golpeó en una costilla, en el ojo y me rompió el brazo», dijo

El senegalés, con la ayuda de un intérprete, relató al tribunal como consiguió bajar las escaleras hasta otra planta y pudo meterse en el supermercado Spar de Puerto Rico mientras era perseguido por Gilberto Julián M.R. Al entrar dentro del establecimiento y en los pasillos del mismo, manifestó que el agente encausado le puso «la pierna» a modo de zancadilla y al caer al suelo, «empezó a darme patadas con unas botas con punta de acero y puñetazos» por todo el cuerpo ante la atónita mirada de los empleados y clientes del establecimiento. Segundos después, el policía «me sacó a la puerta» a rastras y llamó a su compañero, Carlos Javier H. R., que hizo acto de presencia ante «los gritos míos pidiendo que llamaran a la Guardia Civil» y también de «la gente que había en el supermercado. Incluso recuerdo a una que decía llorando que pararan de pegarme», manifestó.

Acto seguido, y según declaró el denunciante, los dos policías locales de Mogán se lo llevaron cogido en volandas por el cinturón al «cuarto oscuro», relató, refiriéndose a un local situado en el sótano del centro comercial propiedad del Ayuntamiento sureño y que utilizaban los agentes a menudo en sus quehaceres profesionales diarios.

Una testigo dijo que se asustó al ver como le pateó el rostro, que el chico sangraba y le dijo al agente «que no le pegara más»

Una vez dentro del cuarto, Sene M. M. describió como los dos acusados le propinaron la supuesta paliza objeto de enjuiciamiento: «El de rosa -refiriéndose a Carlos Javier- me empezó a pegar con una porra mientras yo me cubría con la mano. Me golpeó en una costilla, en el ojo y me rompió el brazo», expuso el denunciante ayudado por un intérprete. «Yo tenía sangre en los ojos y en la mano y a pesar de eso, los dos me pegaron dentro de un cuarto oscuro. No tenía ni fuerza para moverme de la paliza que recibí y por eso no me resistí», añadió cabizbajo este inmigrante de origen senegalés.

Minutos más tarde, el vendedor ambulante contó que llegaron dos policías locales de uniforme y que fue una pareja de la Guardia Civil quien lo trasladó al centro de salud y, dada la entidad de las lesiones sufridas, la policía local de Mogán lo acompañaron hasta el hospital donde fue atendido. Como consecuencia de este presunto ataque, los forenses determinaron que la víctima sufrió heridas consistentes en fractura cerrada de cúbito izquierdo, contusión de pared torácica y contusión con abrasión frontal que requirieron para su curación cirugía y rehabilitación.

El juicio continuará hoy con la declaración de nuevos testigos.

La fiscal Alba Donoso, junto al letrado Pascual Roda. / COber Servicios Audiovisuales

Vio como el agente le dio patadas y puñetazos y lo encañonó con su arma

Una testigo aseguró que vio de cerca la presunta paliza que recibió el vendedor ambulante senegalés Sene M.M. la noche del 8 de enero de 2011 en el supermercado Spar del centro comercial de Puerto Rico por uno de los dos policías locales a los que se acusa de un delito de tortura y otro de lesiones.

En la primera sesión del juicio, esta testigo que era una de las trabajadoras del supermercado Spar que estaba de turno cuando sucedieron los hechos, indicó al tribunal presido por el magistrado Miguel Ángel Parramón que «no recordaba a los acusados» en concreto a la hora de poder identificarlos porque «ha pasado mucho tiempo de cuando pasó todo», pero que el que le dio la paliza en el local llevaba una placa en el pecho y llegó a apuntar a la víctima con una pistola cuando lo inmovilizó en el suelo pisándolo, arma que guardó cuando otro trabajador compañero suyo le advirtió de que había cámaras y podían grabarlo. Las imágenes apuntan a que se refería a Gilberto Julián M. R.

Según su testimonio, el joven senegalés entró corriendo en el supermercado huyendo del agente –que no se identificó como tal– y cayó al suelo porque el hombre que le perseguía le puso una zancadilla y, a partir de entonces, comenzó a darle «patadas en el estómago, en la espalda y en la cara», momento en el que se percató de que llevaba botas altas –presuntamente con punta de acero– y una placa de policía en el pecho.La testigo afirmó que se asustó tras ver la patada en el rostro, que el chico tenía sangre en una mano y en la cara y recordó que le dijo «que no le pegara más», así como que el policía lo arrastró y lo sacó «como colgando» del supermercado. También afirmó haber visto en la puerta al otro acusado, supuestamente el agente Carlos Javier H. R.