En la imagen, Mabel Mark durante el juicio celebrado el pasado mes de febrero. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Condenan a Mark y a su marido por prostituir a mujeres bajo amenazas

La Audiencia Provincial entiende que coaccionaban a mujeres nigerianas a las que llegaron a practicar rituales de vudú

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

La Audiencia Provincial de Las Palmas no dudó a la hora de condenar a Mabel Mark y a su marido Kingsley Ojugberu a doce y cinco años de prisión, respectivamente, por haber dirigido una trama que se dedicaba a traer a mujeres de Nigeria a Gran Canaria para prostituirlas bajo amenazas de que, si no lo hacían, iban a sufrir las consecuencias de rituales de vudú.

El fallo consideró a la mujer culpable de dos delitos de trata de seres humanos con fines de explotación sexual en concurso con otros dos de prostitución coactiva, mientras que a su pareja le penaron por el mismo delito pero cometido solo en una ocasión. En dichos casos, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial entendió que no se dieron lo supuestos exigidos por la jurisprudencia para añadirles la agravante de organización criminal, como así sostenía la acusación.

La Sala absolvió al resto de condenados en este procedimiento. Se trata de Dorcas Itama, Antonius Guilhelmus Joannes Van Zoogel, Blessing Edoghogho, Kelvin Ojugberu y Eddy Orisie, que también se enfrentaban a penas que iban desde los 10 a los 28 años de prisión, según el Ministerio Fiscal, por organizar las actividades delictivas junto a los dos condenados. En estos casos, la resolución entiende que no se pudieron acreditar los hechos objeto de acusación, por lo que se libraron del correspondiente reproche penal.

Los hechos

En este procedimiento, la investigación la llevó a cabo la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Jefatura Superior de Policía de Canarias y el Juzgado de Instrucción número 2 de San Bartolomé de Tirajana, en conjunto con la fiscal delegada de Extranjería, Teseida García. Los responsables comprobaron que ciudadanos nigerianos, entre los años 2009 y 2015, se dedicaron a captar mujeres en su país con la promesa de un trabajo digno en España. Una vez en nuestro país, se aprovechaban de la situación de necesidad en que se encontraban tales mujeres y, mediante amenazas de causarles algún mal a las mismas o a sus familiares mediante vudú, les obligaron a ejercer la prostitución.

Para conseguir su propósito, los condenados primero debían facilitar la llegada de las mujeres nigerianas a España bajo la promesa de buscarles un trabajo, pero las sometían a juramentos o ritos de vudú para obligarles a abonar los gastos derivados del viaje a España, que pagaba el captador. Una vez que llegaban a Gran Canaria, se alojaban en casas de los acusados durante el tiempo que debían ejercer la prostitución.

Las condenas

  • 12 y 5 años de prisión es la condena que tendrán que cumplir Mabel Mark y su marido Kingsley Ojugberu según la Audiencia Provincial de Las Palmas.

Para garantizar su explotación sexual, los procesados no dudaban en ejercer cualquier clase de amenazas, coacciones, violencia física, sexual o psicológica sobre aquellas, sin que estas denunciaran ninguna de estas agresiones, pues eran conscientes de que ello implicaría un riesgo para su vida o la de sus familiares.

Los investigadores descubrieron como, a una de las víctimas, la forzaron a practicar un juramento en el cual tuvo que tragarse el corazón de una gallina muerta, otra fue objeto de agresiones físicas y sexuales por parte de varias personas que se encargaban de vigilarla, también le propinaron a otra chica en diversas ocasiones golpes en la cabeza, mientras que a otra de las testigos protegidos la violaron en varias ocasiones a pesar de que se encontraba embarazada.

La fiscal de extranjería, Teseida García. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Dijo en 2013 que había sido atacada con ácido por orden de su marido

Hay que destacar que Mabel Mark fue portada de los medios de comunicación de las islas en 2013 después de que sufriera heridas de enorme gravedad tras ser rociada con ácido en su cara y su cuerpo. Ella alegó en ese momento que el autor intelectual del ataque había sido su marido Kingsley Ojugberu, aunque años después se determinó con esta sentencia notificada por la Audiencia Provincial de Las Palmas que ambos eran los integrantes de esta trama de prostitución en Gran Canaria.

Los hechos ocurrieron en abril del año 2013 y ella misma narraba a este periódico que estaba de viaje en Nigeria y había acudido a una peluquería. Allí entró el hombre y la roció. «Fue alguien contratado por mi marido para matarme. Mi marido empezó insultándome sin tener por qué, me decía puta, golfa, de todo. Yo nunca pensé que algo así me iba a pasar a mi, que llegué en patera, que he luchado mucho. Pero sí. Mírame cómo acabé», dijo en su día señalándose el rostro, que presentaba aún las secuelas de las quemaduras del líquido corrosivo, que también afectó a pecho, espalda, brazo izquierdo, una pierna y a la vista.

La mujer, que residía en Vecindario, definió en aquel entonces que Kingsley Ojugberu era un hombre «agresivo y no hacía nada. Más que celos creo que quería matarme para quedarse con mis negocios», una persona a la que dijo haber conocido hacía tres años por internet.