Imagen de la palmera caída este jueves en el parque marítimo de Santa Catalina, cerca del centro comercial El Muelle. / C7

La ciudad pierde 882 palmeras en los últimos nueve años pero se plantan otras 2.406

El último ejemplar caído se registró ayer en el parque marítimo de Santa Catalina por la acción del viento y una posible enfermedad

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

La ciudad que debe su nombre a esta planta perdió ayer al último de los ejemplares caídos. En torno a mediodía, un estruendo sobresaltó a los paseantes del parque marítimo de Santa Catalina, donde se produjo el desplome del cogollo de una palmera.

Desde el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se informaba ayer de que la planta se cayó «a causa de las rachas de viento, dado que el tronco era muy estrecho y se terminó partiendo». Las mismas fuentes explicaron que «aparentemente no estaba enferma», si bien el servicio de Zonas Verdes recogió muestras de la palma caída «para dilucidar si pudiera tener alguna enfermedad que aparentemente no fuera visible».

MASA VEGETAL

  • Palmeras. Las Palmas de Gran Canaria cuenta con un censo de 26.000 palmeras distribuidas por su territorio.

  • Árboles. Según los datos del Ayuntamiento capitalino, la ciudad dispone de unos 36.000 árboles.

  • Jardines. Respecto a las zonas ajardinadas, su superficie es de 2,6 millones de metros cuadrados.

  • Último año. En 2020 se cayeron veintiuna palmeras y se talaron otras 65. Por contra, se plantaron un total de 301.

Otras fuentes consultadas por este periódico apuntaron que es probable que el desplome de la cabeza de la palmera se haya producido por el efecto de la acción de un hongo conocido como podredumbre negra del corazón o 'Thielaviopsis paradoxa'. En este caso, el viento actuaría como un acelerante del declive que venía sufriendo la planta.

Esta enfermedad se caracteriza por una degeneración progresiva de los tejidos internos, que acaban por necrosar, de modo que el estípite de la planta se ve incapaz de soportar el peso del cogollo, que acaba precipitándose hacia el suelo. La palmera puede estar cinco o seis años larvando su deterioro hasta que se desploma sin aviso previo.

La infección suele ser asintomática, de ahí que su detección resulta muy complicada. En el caso de la capital grancanaria, los palmeros que trabajan para el Ayuntamiento suelen tocar las palmas para comprobar si suenan a hueco, lo que puede indicar que la planta no está sana.

Afortunadamente, la caída de la palmera del parque marítimo no produjo daños personales, como sí pasó en el verano de 2002, cuando un hombre murió aplastado por un desplome.

Ocho caídas al mes

Aunque el Ayuntamiento no facilitó el dato del número de palmeras caídas en lo que va de año, las crónicas periodísticas contabilizan al menos tres (la de ayer, otra en la Alameda de Colón y una tercera en Escaleritas). En todo caso, es probable que la estadística oficial sea mayor ya que la media de desplomes y talas de los últimos nueve años es de ocho cada mes.

Desde 2012, que es cuando se inicia este registro, la capital grancanaria ha perdido un total de 882 palmeras, si bien hay que tener en cuenta que la tendencia actual es a la baja. El momento de mayor gravedad tuvo lugar en 2013, cuando se contabilizaron un total de 160 plantas perdidas. Solo a partir de 2016, el número de palmeras muertas se ha quedado por debajo del centenar. Así, el registro más bajo fue el de 52 en el año 2017. Y el año pasado hubo que lamentar la pérdida de 86, de acuerdo a los registros que maneja el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Por contra, desde el gobierno municipal se insiste en que cada vez que se cae o se tala una palmera, se planta el doble o el triple para que el balance sea positivo. Así, en los últimos nueve años en que se perdieron 882 ejemplares, se plantaron 2.406.

Los años con más plantaciones fueron 2014 (586) y 2013 (348). Respecto al año pasado, se repusieron un total de 301, de acuerdo a la estadística oficial.

Cuando la palmera está afectada por la 'Thielaviopsis paradoxa', hay que esperar varios años hasta que el hongo desaparezca de la tierra para evitar infecciones de los ejemplares de 'Phoenix' a reponer. Por eso, en muchas ocasiones los alcorques permanecen libres.