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Campillo, durante la reconstrucción, en la mesa con la que se golpeó Mariam. F. J. F.

Campillo declara que estaba «lleno de ira y rabia», pero que mató a Mariam de forma «accidental»

Tribunales ·

El acusado manifestó que llegó a decirle al cadáver de su pareja al lanzarlo a la zanja que «yo me voy a la cárcel pero tú te quedas ahí con tu tesoro»

Francisco José Fajardo

Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 31 de enero 2024, 18:24

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Manuel Ramón Campillo afirmó este miércoles que golpeó de forma «accidental» a Mariam Ibarlucea en un momento en el que se encontraba «lleno de ira y de rabia», pero que en cualquier caso no lo hizo con ánimo de acabar con su vida. En un intenso interrogatorio en el que las acusaciones le expusieron las «numerosas contradicciones» en las que había caído –según esta parte– durante toda la instrucción de la causa, el acusado insistió en que la víctima y él no eran mi habían sido nunca pareja sentimental.

En la tercera sesión del juicio que se celebra ante el Tribunal del Jurado de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas, Campillo quiso restar importancia a las cartas y mensajes de amor que le escribió a la víctima adelantadas por CANARIAS7 y que los investigadores hallaron en un cuaderno dentro del cuarto donde vivía. Les restó importancia argumentando que era un amante de la poesía, los «fandangos y letras de sevillanas» y que los textos «los escribía porque los escuchaba en un altavoz, no estaban dedicadas a Mariam».

Entre otras frases, en las cartas Campillo le decía a Mariam «te amo», que era un «afortunado de acariciarte, besarte, amarte y ser amado», «por siempre estaré a tu lado. Si yo fuera gato y tú sardina, te comería hasta las espinas», firmando algunas de las misivas con un corazón con las iniciales de ambos en su interior: «La doble MyM...».

El acusado muestra la zanja donde tiró el cuerpo de la víctima.
El acusado muestra la zanja donde tiró el cuerpo de la víctima. F. J. F.

El acusado quiso explicarse declarando que «puede que ella lo haya percibido de esa manera, pero yo lo hice con la mejor intención, no para enamorarla», añadiendo que los textos «eran un detalle, cuando uno flaquea en cuestiones de afecto, pues cualquier cosa ayuda. Es verdad que yo percibía que ella quería algo más de la relación y yo le dije que no era una persona de fiar, que he tenido una vida muy dura y no podía ofrecerle nada a nadie», expuso a un escéptico fiscal delegado de Violencia sobre la Mujer, Jesús Lomba.

La Fiscalía y la acusación popular ejercida por el Instituto Canario de Igualdad creen que Manuel Ramón es autor de un delito de homicidio con las agravantes de parentesco y género y de otro de profanación del cadáver, mientras que la familia de Mariam le considera autor de asesinato; no así la defensa, que pide sea condenado por homicidio pero con atenuantes de arrebato, confesión y actuar bajo los efectos del alcohol.

Sobre sus supuestas adicciones, Campillo sostuvo que consumía crack, heroína y bebidas y que gastaba 20 euros diarios en ello, pero que no lo había referido antes –desde la Navidad de 2020 hasta este miércoles– porque le daba «vergüenza» y quería evitarle más «disgustos» a su familia, sobre todo a su madre y dos hijas.

Contradicciones

Precisamente, el fiscal le insistió en los diversos cambios que ha tenido durante el procedimiento en sus declaraciones, tanto cuando fue detenido, como ante el juez y los forenses. Citó como ejemplos su supuesto consumo de alcohol y drogas o cómo actuó tras la discusión que mantuvo con Mariam que derivó en su muerte. «¿Cuál de las versiones ofrecidas es la cierta?», le preguntó Lomba, a lo que respondió el acusado con que había «que quedarse con todas».

Sobre el ataque, detalló que «estaba tan nervioso que la puse en la pared, la intenté reanimar, la puse en la silla, la dejé en el suelo... Intenté ayudarla de alguna manera, pero no me puedo acordar de todo lo que hice», alegando además que no llegó a saber si estaba viva o muerta hasta que se dio cuenta que estaba rígida, aunque en una primera declaración dijo que había muerto al minuto.

Relató que ambos estaban discutiendo por el estado de suciedad de la infravivienda en la que convivían cuando Mariam empezó a tirarle cosas y a proferirle «300 insultos por segundo». Entonces, dijo que quiso alejarla de él y la empujó, pero ella se tropezó con una bolsa y se enredó cn una cortina, por lo que terminó cayendo con la nuca sobre una mesa de metacrilato:«Fue todo accidental, yo no la golpeé en ningún momento y no sé lo que quiere usted conseguir», espetó al fiscal siendo advertido por la magistrada Pilar Parejo.

Campillo, a continuación, dijo que limpió y ordenó el cuarto y llevó los enseres de Mariam al exterior para, posteriormente, tirarlos a la zanja y prenderles fuego. Todo ello mientras hablaba con la fallecida. Llegó a decirle que él iría a la cárcel, pero que ella se quedaba ahí en la zanja con «su tesoro», en referencia a la basura y la chabola. «Aquello empezó a arder, yo entraba para dentro y le decía que se levantara, pero no lo hacía, y en un arrebato, yo la arrojé envuelta en una manta cuando las llamas ya llegaban al techo», contó.

Sobre el supuesto arrebato, una de las circunstancias atenuantes que aprecia su defensa, expresó que nunca había llegado hasta el límite de perder la conciencia o estar en un punto de no retorno.

Los forenses del IML y los peritos de parte protagonizaron un intenso debate profesional. F. J. F.

Intenso debate científico entre forenses y peritos

Los forenses del IML y peritos de parte protagonizaron un interesante debate en el que valoraron la posible imputabilidad del acusado y su estado psicológico en el momento del ataque. Mientras que Soledad Heredia y Beatriz Naranjo concluyeron sin ambages que Campillo tenía sus facultades cognitivas y volitivas «conservadas en todo momento», desechando el planteamiento de la defensa de que actuó bajo un arrebato, sus colegas Marcos Martín e Ithaisa Molero destacaron que el acusado tenía alterada la capacidad «para manejarse conforme a la norma». Para las forenses Heredia y Naranjo no existía ningún hecho en sus conversaciones con el acusado que les hiciera pensar que había perdido «la conexión con la realidad» o que se reflejara «algún deterioro cognitivo –capacidad para entender– o volitivo –coluntad para hacerlo– en sus capacidades. Además, nos contó que no consumía drogas y el alcohol que tomaba lo hacía de forma social y esporádica. No refirió tener un pasado alcohólico y dijo que no tomó el día de los hechos».

El juicio continuará este jueves con los informes finales y la elaboración del objeto del veredicto.

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