Una de las 60 cabinas públicas que se localizan en la capital grancanaria. / JUAN CARLOS ALONSO

Las cabinas públicas llaman al cierre

La telefonía móvil les puso fecha de caducidad y la nueva Ley de Telecomunicaciones marca su desaparición. En la capital grancanaria sobreviven 60

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

Su localización resulta cada vez más complicada en cualquier ciudad o pueblo de la geografía nacional, hasta el punto de que hay que tirar de memoria para buscar un punto en el que aún podamos encontrar una en nuestro entorno más cercano. La irrupción de la telefonía móvil marcó el principio del fin de las cabinas públicas que, de manera progresiva, han ido dejando de formar parte del mobiliario urbano. La evidencia viene de la mano de los datos, y es que al cierre de 2020 en España se contabilizaban 14.824.

Ahora la nueva Ley General de Telecomunicaciones acaba con la obligatoriedad de mantener el servicio, lo que marca su desaparición definitiva. Así, la progresión descendente continúa y pronto serán pieza de museo y solo un recuerdo para las generaciones de la EGB, y es que el 88% de la población española reconoce no haber hecho uso de ellas nunca, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Telefónica señala que la pérdida de utilidad de las cabinas queda reflejada en el hecho de que en 2020 se contabilizó una media de menos de una llamada diaria, lo se traduce en 0,17 llamadas al día, es decir, una semanal de promedio.

Esta cifra supone la mitad de las llamadas registradas en 2017, mientras que en 2019 la media era de una llamada cada tres días.

Canarias no es una excepción y el desuso que ha abocado a la desaparición de las que en su día fueron el único terminal telefónico que tenía a su alcance la ciudadanía, al margen del fijo que poblaba su salón, arrojaba a 30 de junio de 2021 un balance de 469 cabinas en el conjunto del archipiélago. Una cifra que rebaja en 130 las 599 con las que se contaba al cierre de 2020, solo seis meses antes.

Los datos que maneja Telefónica sobre el número de cabinas que aún existen en el territorio canario recoge que en la provincia de Las Palmas se contabilizaban 224 a 30 de junio de 2021, 85 menos que las 309 que se registraban al cierre de 2020.

En cuanto a la provincia de Santa Cruz de Tenerife, las cifras revelan que existen 245 cabinas repartidas entre las cuatro islas que la integran, lo que supone 45 menos que las 290 que había un semestre antes, al cierre de 2020.

En el caso concreto de Las Palmas de Gran Canaria, la última cifra oficial de que dispone Telefónica corresponde a noviembre del pasado 2021 y establece en 60 las cabinas que aún subsisten en el término municipal.

Este dato constituye el 27% de las 224 que se reparten entre los 34 municipios que suman las tres islas orientales. Una cifra que resulta lógica, pues la capital grancanaria es la ciudad más poblada de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote y hay que tener en cuenta que la anterior Ley de Telecomunicaciones recogía el criterio de servicio universal, por lo que se establecía la necesidad de facilitar el acceso al mismo de la ciudadanía sin tener en cuenta su localización geográfica, con una calidad determinada y a un precio asequible. Pero, además, establecía que las poblaciones con más de 1.000 habitantes debían tener al menos una cabina y otra adicional por cada 3.000 habitantes.

Desde el Ayuntamiento capitalino se informa que en el distrito Isleta-Puerto-Guanarteme se han retirado 80 a petición municipal, y que el Plan Director que se elabora para la zona Triana contempla la desaparición de las cabinas existentes.

Señalan las mismas fuentes municipales que en ambos casos la decisión también se toma atendiendo a aspectos relacionados con la movilidad y la seguridad.

Así, se indica que algunas de las cabinas se sitúan en zonas en la que suponen una molestia o interrumpen el paso, mientras en que en otros casos se solicita su retirada porque se encuentran muy deterioradas.

La capital grancanaria, a diferencia de otras ciudades, no cuenta con un plan b para estas cabinas que permitiría mantener algunas de ellas como parte del mobiliario urbano pero con otro uso, como señalan las referidas fuentes del propio Consistorio.

Desde Telefónica se apunta que en los últimos años se han llevado a cabo proyectos piloto como puntos de recarga o de información turística.

Ejemplo de ello en la isla de Gran Canaria es el municipio de Gáldar, que se ha sumado a esta corriente de reutilizar las torres de las cabinas telefónicas. Así, como informa el Ayuntamiento norteño en su página oficial, en diciembre de 2019 se instalaron tres nuevas pantallas táctiles de información turística y ciudadana en el casco histórico, financiadas con una subvención de 15.000 euros provenientes de Fondos Feder de la UE.

Una de ellas, la situada en la calle Fernando Guanarteme junto a la iglesia de Santiago, se instaló en una antigua cabina telefónica que se transformó en un tótem de información, reciclando así este elemento del mobiliario urbano en desuso.

El modelo elegido, informa el Consistorio galdense, fue el diseñado por iUrban, una empresa que se dedicada a la fabricación de mobiliario urbano inteligente para 'smart cities', que cuenta con dispositivos ya instalados en otras ciudades españolas como Granada, Málaga, Sevilla o Barcelona y que ofrece 18,5 pulgadas de pantalla táctil 'full HD' con 16,7 millones de colores, filtro UV y cristal templado de seguridad. Añade que el dispositivo cuenta, además, con puertos USB para la carga de dispositivos móviles y cámara fotográfica desde la que se pueden tomar 'selfies' y enviar gratuitamente a modo de postal junto a un paisaje del municipio.

En la capital grancanaria el colectivo Mi Barrio reconvirtió en 2016 una cabina junto a la Avenida Marítima en un punto de intercambio de libros que permanece en uso a día de hoy.

Entonces se barajó la posibilidad de que Telefónica les cediera otras 28 para hacer lo propio en diferentes puntos de la ciudad. Pero esta iniciativa requería que el Ayuntamiento las recepcionara previamente, una condición que frenó un proyecto que al final no prosperó.