El agente Miguel Borja Sosa y el oficial José Miguel González, en el Pambaso con Seal, Elsa y Ares. / COBER

El arma secreta de un olfato privilegiado

La Unidad Canina de la Policía Local capitalina, con 7 perros operativos y dos en proceso de adiestramiento, es la más grande de Canarias

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

El hecho de que la capacidad de los perros para detectar olores sea notablemente superior a la humana hace que la labor de apoyo que prestan estos animales en organizaciones como la Ucapol, la Unidad Canina de la Policía Local de la capital grancanaria, no pueda ser sustituida por ninguna otra herramienta.

Esta circunstancia, unida al hecho de que huelan «por capas», permite que sean capaces de diferenciar entre varios olores sin que uno solape al resto. Lo que a la hora de localizar sustancias prohibidas camufladas es una ventaja que puede determinar el éxito de una operación.

Estas cualidades son las que aportan la pastor alemán Elsa, el pastor belga Seal, los bretones Perla, Yira y Abba, la border collie Canaina o la labradora Tara a la Unidad Canina capitalina. Un grupo que hoy integran siete guías caninos -un oficial y 6 policías, a la espera de que se incorporen otros dos- que nació en 2007, aunque no se oficializó hasta tres años después, y que desde 2014 está adscrito al GOIA (Grupo Operativo de Intervención y Apoyo).

Los siete perros operativos con los que cuenta hacen de la Ucapol la unidad más grande de Canarias. Y a ellos pronto se sumarán Ares, un cachorro mestizo de 8 meses, y Rolo, un pastor belga de la misma edad, que están en proceso de adiestramiento.

La capacidad olfativa de los perros es clave y son recompensados por su trabajo con un juguete. / Cober

José Miguel González, oficial responsable de los guías caninos dentro del GOIA, explica que la raza de los perros no es un condicionante para que puedan llegar a ser buenos detectores, actividad en la que se han especializado. «Nos vale cualquier raza», comenta.

Añade que es cierto que «antiguamente se iba siempre a razas como pastores alemanes», pero ahora «la filosofía del perro detector ha cambiado mucho y hoy en día cualquier raza vale, siempre que tenga unos requisitos: instinto de juego, de presa y caza».

Adiestramiento

Aclara que ninguno de los animales que integran la unidad se ha comprado. «Todos nos los han dado». Y en cuanto al proceso de adiestramiento al que deben someterse una vez se ha comprobado que cuentan con condiciones para realizar la labor de detección de drogas, comenta que «sobre los cuatro o cinco meses ya pueden estar detectando alguna sustancia». Si bien, puntualiza que si se van a destinar a otro tipo de labores, como el rescate o la localización de explosivos, ese proceso se incrementa considerablemente y puede llegar a prolongarse hasta un año.

Explica que los perros detectores comienzan a trabajar con « marihuana, porque es la que desprende más olor y luego con hachís, heroína y cocaína, que es lo menos que huele». Añade que todo este proceso se presenta como un juego para el animal, pues se vincula el l ocalizar la sustancia en concreto con «un premio», en este caso «un juguete» que se le entrega.

Vínculo con el guía

Insiste en que el adiestramiento destierra técnicas de antaño y recalca que «los perros son niños». Una cuestión muy a tener en cuenta en el proceso de aprendizaje pues remarca que a la hora de aplicarles un «estímulo negativo» debe hacerse en el momento, pues pasado el tiempo «el perro no sabe por qué se le está reprendiendo».

González indica que «los perros están asignados y cada policía tiene el suyo» y destaca el « vínculo» que se genera entre ellos, hasta el punto de que algunos agentes que disponen de espacio suficiente como para tenerlos en casa no dudan en llevárselos cumplida la jornada laboral. Así, en estos momentos cuatro de los siete perros duermen en casa de sus guías y el resto pernocta a las instalaciones del Pambaso, que van a ser sustituidas por unas nuevas y mejor adaptadas en el Cemelpa.

Ventaja

El oficial reconoce que esta unión guía-perro es una ventaja a la hora de trabajar ya que el agente es capaz de interpretar con precisión el lenguaje no verbal de este compañero fiel en las intervenciones «de apoyo a los servicios que presta el GOIA, tanto de paisano, la de menudeo de droga; como la del Grupo Operativo, que son los uniformados».

Pero aclara que esto no implica que los animales no puedan trabajar con otros agentes de la unidad, pues «están perfectamente adiestrados» y «socializados». Y pone como ejemplo de que se encuentran preparados para tratar con cualquier persona el hecho de que, una vez han cumplido su la labor en la Ucapol y se 'jubilan', son adoptados por ciudadanos de a pie.