Tareas de limpieza de los solares de Agustín de Bethencourt. / c7

Arenales acaba con diez meses de pesadilla

El desalojo y limpieza de dos solares en Agustín de Bethencourt devuelven la tranquilidad a unos vecinos que vivían «una preocupación constante»

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

Los vecinos de la calle Agustín de Bethencourt, en el barrio capitalino de Arenales, sienten que han puesto fin a una «pesadilla» que ha durado «unos diez meses». La actuación de desalojo, limpieza y elevación del muro de los solares situados entre los números 7 y 9 de esta vía capitalina, que arrancó a primera hora de este miércoles y culminó este jueves, les supone acabar con la «preocupación constante» con la que vivían y que denunciaron públicamente en CANARIAS7 el pasado día 6, tras haber hecho lo propio ante la Policía Nacional y el Ayuntamiento.

«A las ocho de la mañana entró una cuadrilla de ocho personas para empezar a limpiar. Dentro había uno de los que suelen pasar allí la noche. Le dijeron que se fuera porque iban a limpiar y se levantó y se marchó», por lo que «la Policía Nacional, que estaba presente, no tuvo que intervenir». Posteriormente, entró «un camión, se llevó todo eso» y a continuación « levantaron el muro» con dos nuevas filas de bloques «y no pusieron puerta».

Así relata uno de los residentes la intervención desarrollada por «Domo, que es la empresa que gestiona el Sareb», que presenció con satisfacción cómo comenzaban a retirarse los muchos kilos de basuraque se acumulaban en un espacio que se había convertido en un foco «de venta y consumo de drogas» en el que pernoctaban toxicómanos, «venían a prostituirse» y había «peleas y gritos de madrugada».

Arriba, el solar limpio. Sobre estas líneas, la basura que acumulaba y la pintura del nuevo muro. / Cober

Los afectados relatan que los problemas comenzaron tras la realización de unas catas en ese espacio, pues «para que accediera el camión fue necesario romper el muro y quitar la puerta» existente.

En su lugar, añaden, «pusieron un mallazo» que resultó ser poco freno para quienes han venido haciendo uso del mismo y les han convertido en testigos forzosos de una situación de degradación que les generaba «una sensación muy desagradable».

Visibilización

Los vecinos explican que comenzaron a ver la luz al final de túnel cuando consiguieron contactar «con el gerente de Domo» y también cuando, tras denunciar en la Policía Nacional la circunstancia que sufrían, «nos pusieron en contacto con el subinspector de Participación Ciudadana, Alberto Ortega», que aseguran «ha sido uno de los puntales para que esto se haya acabado».

De igual modo, reconocen que la visibilización de su denuncia en las páginas de este periódico ha contribuido a que finalmente en la mañana de ayer, una vez culminadas las labores de pintura del muro, hayan recuperado la tranquilidad.

Comentan que no todos los vecinos han soportado el problema al que se han enfrentados estos largos meses y que ha alterado su día a día. «Muchos de los que estaban de alquiler se fueron», señalan.

Inseguridad

Añaden que al margen de los ruidos y molestias a los que estaban sometidos, también se enfrentaban a una situación de inseguridad por las actividades que se desarrollan en el interior de los solares. «Estaba siempre uno en vilo», confiesan los afectados.

Consideran que el haber remado todos en la misma dirección, denunciando la situación, «tanto a través de las comunidades de propietarios como los vecinos a título particular», ha sido determinante para lograr que se haya actuado.

Aspecto del espacio tras la actuación. / cober

«Ahora se van de aquí, pero buscarán otro lado»

Los residentes afectados lamentan que el Ayuntamiento no solo no les haya apoyado sino «que diga que no les ha llegado nada nuestro». Aseguran que sí que se han puesto en contacto con la corporación capitalina, «pero te desanima» el hecho de que los distintos departamentos «se pasen la pelota unos a otros».

En cualquier caso, tienen claro que esta intervención en los solares de su calle no acaba con el problema y que «como la propia Policía reconoce, ahora se van de aquí, pero buscarán otro lado».

Los vecinos consideran que «mientras la prostitución siga en la calle, esto va a seguir porque hay droga en la calle y alcohol en la calle».

Aseguran no «tener nada contra la prostitución», pero entienden que «tiene que ser más respetuosa».