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El fiscal Carlos Fernández Seijo interroga al acusado. F. J. F.

Los animales que tenía el acusado estaban en un estado «pésimo», según el Seprona

Tribunales ·

El fiscal Carlos Fernández le pide de tres a seis años por las armas que hallaron en la finca y un año y medio por el delito de maltrato animal

Francisco José Fajardo

Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 12 de junio 2024, 02:00

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La Sección Primera de la Audiencia provincial de Las Palmas juzgó a Antonio Fidel G. A. acusado de maltrato animal y tenencia ilícita de armas o depósito de las mismas. El fiscal Carlos Fernández Seijo le pide una pena un año y medio de cárcel por el primero de los delitos y seis o tres años por los segundos según qué artículo se aplique del Código Penal, sostuvo.

Los hechos se produjeron, según la acusación pública, durante una inspección el 25 de junio de 2018, cuando agentes del Seprona encontraron en condiciones alarmantes dos explotaciones ganaderas propiedad del acusado. En la primera, ubicada en la Montaña de las Tórtolas, hallaron ocho cadáveres de cabras en distintas fases de descomposición, dispuestos para su incineración en un socavón del terreno.

En la segunda, ubicada en la Montaña de las Tabaibas, detectaron más cadáveres de animales, así como perros con graves heridas, moscas y otros insectos proliferando, y una escasez alarmante de alimentos y agua.

Además, los agentes encontraron un subfusil de la marca Star, modelo RU 1935, y una carabina de aire comprimido.

El fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito continuado de maltrato animal y un delito de tenencia ilícita de armas o, de forma subsidiaria, uno de depósito de armas de guerra, que conllevan con la inhabilitación especial para cualquier profesión u oficio relacionado con animales durante el tiempo de la condena.

Durante el juicio, los agentes del Seprona describieron dos visitas a las fincas del acusado, donde encontraron un hoyo con animales quemados y otros en condiciones deplorables sin comida ni agua. «El estado era pésimo, no tenían agua ni comida, el ganado no estaba bien atendido», declaró uno de ellos.

Al llegar a sus casas, los agentes tuvieron incluso que desinfectarse debido a la suciedad y los cadáveres encontrados, dijo el declarante. También mencionó la presencia del subfusil en un saco y la carabina de aire comprimido.

El segundo agente relató la malas condiciones de las instalaciones en la Montaña de las Tabaibas, donde los animales estaban mezclados y mal cuidados. Había comida con moho, agua sucia y la presencia de cadáveres en un congelador. Observó que los animales presentaban «laceraciones y parásitos» y encontraron el arma de guerra. «El estado de los animales era muy malo», afirmó. Mencionó que un trabajador marroquí vivía en un alpendre y que seguía las directrices del acusado.

El tercer agente confirmó que habían recibido quejas sobre la aparición de cadáveres en la zona. Encontraron un socavón con restos de ganado y describió lo mal que estaban los animales, con agua sucia y comida en mal estado. «El estado de los animales era deplorable. Lleno todo de residuos, de estiércol, falta de limpieza, sin comida, el agua sucia», relató. Mencionó que el acusado trataba a los animales con un pequeño botiquín y que en una segunda explotación también encontraron cadáveres que habían muerto «por inanición».

Por su parte, Antonio Fidel G. A. se defendió diciendo que las muertes de los animales fueron causadas por un lote defectuoso de vacunas que administraron a su ganado.

Afirmó que cuidaba personalmente a los animales, junto con sus empleados, y que las armas encontradas ya estaban en la propiedad antes de su adquisición. Indicó que incineraba los cadáveres con el permiso correspondiente por parte del Cabildo Insular de Gran Canaria y que comunicó las muertes a los veterinarios.

También negó que el agua y la comida estuvieran en mal estado y señaló que no había imágenes que lo demostraran. «Les daba alfalfa, pienso, agua... se los daba yo y la gente que estaba allí conmigo», explicó. Defendió que el índice de mortalidad era normal, salvo por el problema con las vacunas.

Los testigos propuestos por la defensa, entre ellos amigos y veterinarios, afirmaron que los animales estaban en buen estado en las visitas que realizaron a las fincas propiedad del acusado. Algunos mencionaron «problemas puntuales» con las instalaciones, pero no al nivel descrito por los agentes del Seprona. Los veterinarios señalaron la participación de Fidel en varias ferias de ganado y la obtención incluso de algunos premios.

El juicio quedó visto para una sentencia que tendrá como ponente al magistrado Francisco Luis Liñán Aguilera.

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