Óscar San Juan, con los papeles de su calvario judicial. / ARCADIO SUÁREZ

Hereda la casa de su padre y lleva un año para que deje el piso la que fue su pareja

Al dolor de la pérdida le suma un calvario judicial. Heredó la casa y la hipoteca, pero no la disfruta. La ocupa la pareja de su progenitor

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Agüimes

Está desesperado. Óscar San Juan no entiende hasta qué punto el legítimo propietario de una vivienda se puede sentir tan desamparado por la legislación y la justicia española. Perdió a su padre el 3 de abril de 2020, es hijo único y heredó el piso en el que él vivía en Arinaga, en la calle Almirante Yusti Pita, pero, un año después, Óscar sigue sin poder disfrutarlo.

Vive de prestado en casa de su suegra, porque la suya está ocupada por una señora que fue la última pareja de su progenitor y no quiere dejarla. Para colmo, asegura, corre con todos los gastos que genera (hipoteca, agua, luz y comunidad). La llevó a los tribunales, ganó el litigio en octubre de 2020, ella recurrió, pero él pidió la ejecución provisional del desahucio, le dan la razón en abril de 2021 y debió ejecutarse en un mes a partir de la notificación del auto. El caso es que la otra parte alegó y ahora hay que resolver esas discrepancias en otra vista. ¿Cuándo? El 5 de octubre. Toca esperar más.

«He pasado momentos muy malos, gracias a mi familia estoy aguantando», se confiesa. Ha decidido dar el paso de difundir su caso para intentar recabar apoyos entre todas las personas que estén en una situación similar y sumar así esfuerzos para instar a una modificación de la ley. «No es justo que, además de tener que pagar los gastos de la que es mi casa y que no puedo disfrutar, encima tenga que costear todo este procedimiento judicial».

Advierte Óscar que, para colmo, siempre intentó ir a las buenas con la que había sido la pareja de su padre los últimos 10 años de su vida. Ni se casaron ni eran pareja de hecho, y como su progenitor no dejó hecho testamento, a su muerte todo pasó a nombre de Óscar y ella no tenía derecho a ninguno de sus bienes. Su hijo heredó el piso, sí, pero también la hipoteca. No estaba cubierta con ningún seguro de vida.

Así las cosas, de la noche a la mañana, apunta este joven, se le vino el mundo encima. Al dolor por la pérdida se le sumó una ristra de pagos. Se vio pagando el alquiler de la casa en la que el propio Óscar residía junto a su pareja, más la hipoteca de la de su padre, más los gastos de agua y luz de las dos viviendas, y la comunidad de una de ellas.

Cuenta que cuando se vio con todas esas cargas, se lo explicó y le pidió que le dejara la casa. La solución estaba clara. Óscar viviría en ella. Al fin y al cabo, era suya, la única que heredó de su padre, pero ella nunca se mostró dispuesta a abandonarla. Él le ofreció pagarle el pasaje para que se fuera con un hermano suyo a Pamplona, pero ella no quiso. Luego le intentó encontrar otras casas de alquiler por la zona, pero dice que cuando se quiso dar cuenta, le cambió la cerradura de la vivienda y ya todo se torció.

La denunció y logró una primera sentencia favorable del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Telde. Fue el 27 de octubre de 2020 y estimó íntegramente la demanda de Óscar San Juan. Ella debía desocupar el piso. Pero recurrió y los meses siguieron pasando. Óscar resiste gracias al dinero que le dejó su padre y a sus propios ahorros, pero los recursos se van agotando, y su paciencia también. Todo se complica porque en su empresa le meten en febrero pasado en un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y cobrará menos salario. Dado este escenario, opta por mudarse junto a su pareja a la casa de su suegra, en el norte de la isla. Al menos se ahorrarán el alquiler.

Y sigue el litigio. Como el recurso tardaba en resolverse, su procurador le habla de la posibilidad de solicitar una ejecución provisional. «Sé que me llevaba más gastos, pero accedí». Y se la conceden en un auto del mismo juzgado, del 5 de abril. Debió ejecutarse en el plazo de un mes desde que se le notificara. De hecho, estaba para estos días. Pero la otra parte presentó alegaciones, a las que se ha opuesto el abogado de Óscar y el proceso vuelve a retrasarse hasta octubre. En el camino pidió ayuda al Defensor del Pueblo, pero no consiguió nada. También recurrió a una empresa que negocia desahucios y tampoco dice que consiguió gran cosa, salvo enterarse de que ahora ella vive en su casa con otra persona. «No entiendo nada, en vez de ayudar a la víctima, que soy yo, el sistema me condena a sufrir, mientras una persona disfruta de algo que no es suyo sin pagar nada», se queja.