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Una veterinaria en plena tarea en la granja. Juan Carlos Alonso

El Gran Hermano de las vacas está en La Aldea

Ganadería ·

Agropecuaria Furel explota la mayor granja de Canarias, con casi 2.000 cabezas y dos máximas, sostenibilidad y bienestar animal

Gaumet Florido

La Aldea de San Nicolás

Sábado, 20 de enero 2024

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Vaca 889. Entró en el puesto 35 en la sala de ordeño. Tardó 4 minutos y dio 18 litros. Fueron sus números en el primero de los tres ordeños del día, el que se organiza en la franja horaria que va de las 4 de la mañana a las 12 del mediodía. El chip que lleva instalado la delata. Todo quedará registrado en su ficha. Cada animal tiene la suya. Nada queda al azar. Vacunaciones, partos… Todo. Y esta es solo una parte de la innovadora y tecnificada forma de trabajo de la ganadería más puntera y más grande de Canarias, Agropecuaria Furel.

Hoy quedan lejos aquellos tiempos en que las vacas tenían nombre de persona. No es viable cuando hay casi 2.000 cabezas. «Esta no es una granja del siglo XXI, es del siglo XXII». Así lo ve José Manuel Medina Medina, uno de los dos hermanos copropietarios de una explotación modélica emplazada en La Aldea y que, por dar otro dato sobre sus dimensiones, cerró 2023 con una producción que rozó los 12 millones de litros de leche. «En Canarias no ha existido nada parecido», apostilla José Manuel. Su hermano, Juan Carlos, remata con satisfacción. «Estamos entre las 10 granjas más grandes de España».

Atienden en una sala de reuniones que preside un monitor de bastantes pulgadas que les ayuda a demostrar cómo funciona esta especie de Gran Hermano de las vacas. «Esto es un negocio rentable, pero gracias a la tecnificación y a que la producción es grande», subraya Juan Carlos. Dicho así parece hasta fácil, pero no lo es en absoluto, máxime si se sabe que estos dos hermanos, con origen en Artenara, han montado este complejo en La Aldea en apenas 7 años y después de verse literalmente en la ruina.

Empezaron con cabras

«Teníamos una granja de cabras, Capriartesan, con hasta 14.000 cabezas, pero todo nos vino junto; la crisis de 2008, que cerró varias queserías, y un brote de tuberculosis, el primero de Canarias, que nos obligó a sacrificar todo el ganado», se lamenta José Manuel. «Aquello fue la tormenta perfecta, tuvimos que ir a concursal, pero salvamos la empresa y se pagó a los proveedores», le subraya su hermano.

Juan Carlos y José Manuel, en el contenedor donde está la planta de hidrógeno.
Juan Carlos y José Manuel, en el contenedor donde está la planta de hidrógeno. Juan Carlos Alonso

No se rindieron. Su pasión siempre ha sido el campo, y particularmente la ganadería, y decidieron empezar de cero, esta vez con vacas. ¿Por qué? «Es el Ferrari de la producción ganadera», aclara tajante José Manuel, administrador además de la empresa. «Es un animal más fuerte, hay más tecnología en torno a él, más estudios,… la cabra canaria, lamentablemente, aún está por desarrollar», explica Juan Carlos.

Con 27 trabajadores

«Empezamos de cero, con 4 corrales, 4 mallas por encima, y 66 vacas». Y de ahí, advierte José Manuel, a la explotación actual, una empresa que sigue siendo familiar, pero que tiene las miras muy altas, con casi 2.000 vacas, dos fincas (una de ordeño, de 4 hectáreas, y otra de recría y engorde, de 2), un valor de tasación de 18 millones de euros, 27 trabajadores directos (el 80% de ellos de La Aldea) y un promedio de 1,5 millones de euros al año en nuevas inversiones. Es más, ahora están en plena fase de expansión. Han comprado terrenos muy cerca para abrir otras dos fincas.

«Cuando arrancamos éramos los locos de La Aldea y ahora somos un referente, se fijan en nosotros porque creen que marcamos el camino a seguir». José Manuel aprovecha para hacer un inciso. No quiere que la gente se llame a engaño cuando vea las fotos. «Tenemos esta pinta porque venían ustedes de visita, lo normal no es esto; aquí somos los más 'aperreaos'; trabajamos como los que más, entramos a las 6 de la mañana y salimos a las 9 de la noche». Tienen una «mentalidad americana». «Reinvertimos lo que ganamos mientras podamos crecer, tenemos derecho a un sueldo, el resto es para la empresa».

Y hay dos palabras clave que estos dos ganaderos repiten como un mantra: sostenibilidad y bienestar animal. La primera les ha llevado, entre otros proyectos, a convertirse en pionera en el suministro de energía mediante una especie de planta de hidrógeno, un tipo de energía renovable que les cubre, junto con las baterías, la demanda eléctrica nocturna. Las placas solares que tienen distribuidas por la finca les asisten durante el día. «Nuestro objetivo es un consumo 100% renovable, estamos ahora en un 60-40 en invierno, 70-30 en verano», detalla Juan Carlos.

Un becerro se alimenta mediante una tetina controlada por una máquina.
Un becerro se alimenta mediante una tetina controlada por una máquina. Juan Carlos Alonso

Pero es que, además, reutilizan su generosa producción de estiércol, unas 5.000 toneladas al año, para hacer compost-barn que se lo quitan de las manos los agricultores de la zona. Y depuran el purín de las vacas con un sistema mediante bacterias que les exigió invertir 700.000 euros, pero que les permite usar luego esa agua para regar.

Y la segunda se aprecia a simple vista. Los animales están distribuidos en espaciosos patios con más zonas de sombra de las que exige la ley y en los que llama la atención la limpieza. No hay charcos ni fango. «Nos acaban de otorgar el certificado de bienestar animal, pero es que, además, también somos la primera granja de España con el certificado de libre de antibióticos para el caso de las vacas que destinamos a la venta de carne». Cuidan al máximo el agua que beben. En La Aldea es un tesoro escaso. Aquí la consumen de presa, pero la tratan antes. Primero la pasan por arena y carbón activo, y finalmente por una planta de dióxido de cloro.

El ganado, con ejemplares de la raza Holstein o Frisona, está distribuido en sectores y cada patio alberga una tipología de vacas que, además, recibe una alimentación diferenciada, adecuada a sus circunstancias. Las de alta producción tienen una receta, las de baja, otra, y las preñadas, otra.

José Manuel (i) y Juan Carlos Medina (f), hermanos copropietarios de Agropecuaria Furel.
José Manuel (i) y Juan Carlos Medina (f), hermanos copropietarios de Agropecuaria Furel. Juan Carlos Alonso

«Cada vaca tiene su dieta», precisa Juan Carlos, que enfatiza que para controlarlo recurren también a un sistema tecnificado. «Tenemos una especie de robot de cocina para hacer cada mezcla que previamente ha propuesto un nutrólogo; de ahí se carga a un carro de reparto que cuenta con otro programa para echar a cada patio los kilos que le tocan; todo está medido». La eficacia es tal que una sola persona alimenta a toda la granja.

Zona de lactancia

Y cuentan también con una zona de lactancia con capacidad para 150 ejemplares donde los animales pasan sus primeros tres meses. Una máquina les proporciona la leche, mediante tetina, cada dos horas. Tienen derecho a 10 litros al día, 2 litros y medio cada 2 horas. Si va a por más, el sistema, que la controla por el chip, no se lo dará. Es más, prepara la leche poco a poco, a razón de 250 mililitros por tanda, para que no se enfríe ni se pierda si el becerro no quiere más.

Con todo, el corazón de la granja es su ordeñadora, de acero, adquirida por más de un millón de euros en EE UU y capaz de ordeñar a 1.400 vacas, 40 a la vez, solo que ahora está trabajando con 1.050. No escatiman en su mantenimiento. Cada mes y medio renuevan repuestos. Y usan una innovadora tecnología de frío instantáneo que garantiza la calidad óptima de su leche. En 4 segundos la enfría de 36º, que es la temperatura a la que sale del ubre, a 4 grados. Han llegado a producir 38.000 litros al día.

El objetivo de Agropecuaria Furel es llevarla al tope e incluso comprar otra. Ahora venden toda su leche a Quesos Flor Valsequillo y a Quesos San Mateo, pero aseguran que hay más demanda y que aspiran a cubrirla. Y quieren que se sepa, que esa buena leche se hace aquí, no viene de fuera. Por eso ultiman la compra de una flota de cubas para que hasta que llegue a las queserías la marca que se vea sea esta de La Aldea. «Cuando empezaron a venir a visitarnos pensaban que íbamos a tener las vacas una encima de otra. Y no, esto es para sacar pecho».

Vista de la granja de recría y engorde.
Vista de la granja de recría y engorde. Juan Carlos Alonso

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