La ventana del Nublo o de Gañifa encierra al Nublo y La Rana con el Teide como testigo. / arcadio suárez

Gran Canaria, un paraíso lleno de grandes roques, riscos y cumbres

La cumbre ofrece numerosas alternativas lejos del bullicio y aglomeraciones típicos de la Semana Santa

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

La isla de Gran Canaria siempre ha tenido dos iconos característicos que sirven de imagen y reclamo para aquellos que la visitan: las dunas de Maspalomas y el Roque Nublo. Estos emblemas resumen a la perfección la belleza y contraste de los paisajes de la isla redonda, pero si nos alejamos del bullicio de las playas durante esta Semana Santa, podremos disfrutar de paisajes de ensueño cargados de roques, riscos y cumbres impresionantes.

El Roque Nublo se asienta de forma caprichosa justo en el centro de la isla, presidiendo la caldera de Tejeda y, con sus 1.813 metros de altitud, se consolida como el lugar clásico de peregrinación de aquellos que quieren adentrarse en una aventura diferente. Pero muy cerca hay otros iconos también conocidos pero menos transitados y que ofrecen perspectivas únicas. En la zona más alta de la isla se encuentran dos macizos imponentes que aguardan numerosos secretos.

Por una parte está el espectacular Campanario, que presume de sus 1.917 metros sobre el nivel del mar para poder disfrutar de una de las mejores vistas del propio Nublo de la isla. Su ascenso es sencillo siempre que se guarden las debidas precauciones y en lo más alto hay un vértice geodésico que, a pesar de que rompe con el paisaje, le da un encanto especial.

Entre esta cota y la más alta de la isla, el pico de Las Nieves, hay una degollada preciosa que muestra uno de los barrancos más imponentes de la isla. El Cañadón del Jierro, del Fierro o Sombrío, como quieran llamarlo, es una zona muy poco transitada que pertenece a la Ruta Bentejuí y ofrece estampas imponentes ocultas por las sobras del Morrón de la Agujereada y del propio Campanario. El camino, muy empinado y de gran dificultad, tiene como gran aliciente el paso del Perro que da acceso a un sendero que culmina en Risco Blanco, una ladera de dicho color que preside los altos de Tirajana.

Desde allí también se puede acceder a zonas de incalculable valor paisajístico como es el mágico macizo de Amurga, su vecina montaña de Tauro o las crestas de la Fortaleza, según por qué barranco se baje hasta la costa.

Pero sin irnos de lo más alto de la isla, tenemos el punto de mayor cota, el morrón de la Agujereada. Antiguamente este risco quedaba como elemento de acompañamiento del pico de Las Nieves ya que se consideraba que este último era el punto más alto de la isla, pero no es así. La Agujereada eleva Gran Canaria hasta los 1.956 metros por encima de las olas y el paisaje que ofrece es único. Se le denomina así por el orificio que tiene en su base y que es visible desde muchos puntos de la isla. Su ascenso no es posible si no se tiene permiso y equipo para ello ya que es de enorme complejidad.

En su entorno, aparte del clásico vértice geodésico de Las Nieves al lado del aparcamiento, tiene muchos secretos y rincones de gran belleza, aunque uno de los que reúne a más amantes de la naturaleza es la ventana del Nublo o de Gañifa. Los amantes de este rincón siempre guardan con recelo su acceso, pero lo que se encuentran al llegar es uno de los puntos donde disfrutar de los mejores atardeceres de la isla.

El arco pétreo se alinea con el Nublo, la Rana y el Teide y muestra de fondo otra imágenes como las cimas que rodean la caldera y al fondo, la mesa del Junquillo, Acusa y La Bandera, el techo de Tamadaba. En este último parque natural también hay dos puntos de gran belleza, uno para curiosos y otro para expertos. El mirador conocido como 'El fin del mundo' y el risco de Faneque por su mítico paso de La Piedra.

Si quiere huir de las playas abarrotadas, aquí tiene opciones para disfrutar de una isla única.