Cruz de Marcial, en Risco de Jiménez. Está en la que fue linde entre Teror y San Lorenzo, pero no es de término, es luctuosa. / Manuel J. Sancho

Cruces que mandó contar Franco

Primer censo. Una orden de Madrid en 1944 que buscaba restaurar cruces de término por toda España dio lugar al primer recuento de este símbolo religioso y popular en los paisajes de la isla

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Más allá de su inevitable e inherente significado religioso, las cruces se han convertido también en un símbolo de fuerte raigambre popular, que han servido y sirven desde para coronar cumbres hasta para fijar lindes entre territorios o pueblos. Estas últimas son las llamadas cruces de término. El gobierno que presidía el dictador Francisco Franco quiso censarlas en 1944 para saber cuántas quedaban en pie tras la República y la Guerra Civil para luego así ayudar a restaurarlas, y dio lugar, posiblemente sin pretenderlo, al que se convirtió en el primer censo parcial de las cruces existentes en paisajes y caminos de Gran Canaria, como revela Manuel J. Sancho, administrador del curioso blog crucesgc.blogspot.com.

Fue parcial porque no todos los ayuntamientos se tomaron con el mismo interés aquella orden promovida por el Ministerio de Justicia de entonces. Los hubo como Valleseco, La Aldea y Artenara que extremaron el celo y enumeraron al detalle todas las cruces que se encontraban dentro de sus límites. Pero hubo otros que se despacharon la pretensión del ministro Eduardo Aunós Pérez con apenas un párrafo y un tajante, y algo displicente: 'aquí no tenemos de esas cruces'. Menos cortante, aunque es posible que animado por el mismo poco interés, el gobernador civil de Las Palmas, Plácido Álvarez-Buylla y López-Villamil (1939-nov-1944), militar y asturiano, consorte de una prima de Carmen Polo, la esposa de Franco, respondió a la solicitud con un 'en esta provincia no existen ni han existido nunca cruces de término'.

Sin embargo, no es eso lo que apuntaron algunos de los ayuntamientos. Sancho, que se centra en Gran Canaria, se ha tenido el trabajo de escanear las respuestas remitidas al Gobernador por los 21 ayuntamientos, que, gracias a su blog, están a disposición de cualquiera que tenga interés. Y llama la atención, por ejemplo, que corporaciones locales como la de Mogán, Teror, Valsequillo, Agüimes o San Mateo sí informen de forma expresa de que conservan lo que ellos entienden como cruces de término y que, sin embargo, sean obviados por el Gobernador Civil en su respuesta a Madrid. Otros, como Santa Brígida, Tejeda o La Aldea (entonces San Nicolás) no entran a valorar si son de término o no: las cuentan todas y las enumeran. Y hubo un caso, el de Guía, que apuntó a que no tenía ninguna pero proponía emplazar tres, aunque parece que ninguna en una linde.

Foto del pintor José Arencibia Gil en la base de la desaparecida Cruz de Constantín. / Fedac

En todo caso, salvo Mogán, que precisa que dos de sus cruces están situadas en la divisoria con otros municipios, una en la que le separa de Tejeda y otra en la frontera con La Aldea, puede que los demás consistorios no tuvieran muy claro qué es, en realidad, una cruz de término. No en vano, Sancho, apasionado divulgador de la presencia de estos símbolos en la isla, subraya que es poco probable que ninguna de las de Gran Canaria pudiera entenderse como una cruz de ese tipo. Solo cita en su blog como posible excepción la que considera un caso asimilable, la de la desaparecida Cruz de Constantín, que sí existía en 1944, emplazada en el lugar que correspondía al primer mojón de los seis que se indican en el Acta de Deslinde de 1890 entre Tejeda y la Vega de San Mateo, en lo alto del Monte Constantín. Como curiosidad, añade que en Risco de Jiménez, en San José del Álamo, «donde aún existe un mojón del deslinde entre Teror y San Lorenzo cuando éste era municipio independiente, antes de 1939», hay una cruz, la de Marcial, pero no es de término, por ser reciente, colocada tras un hecho luctuoso acontecido en 1997.

Y es que en el post en el que Sancho habla de este inédito censo nacional de cruces de 1944 explica que este concepto de cruces de término «no es habitual» en las islas porque desde finales del siglo XIX «las delimitaciones municipales se establecieron mediante amojonamientos, siguiendo la divisoria del lomo/aguas vertientes y otras referencias geográficas», que luego se refrendaban en las llamadas actas de deslinde correspondientes, «previamente acordadas entre los representantes de los municipios afectados».

Mapa actual de las cruces que hay en los caminos y carreteras de la isla. / Albino aneiros

La orden que dio lugar a este censo parcial de cruces que ahora divulga Sancho data del 5 de febrero de 1944 y en su primer punto menciona incluso la constitución nada menos que de una Junta Nacional para que evalúe la reconstrucción de estas cruces de término en España. Partió del Ministerio de Justicia, pero fue otro, el de Gobernación, y a través de la Dirección General de la Administración Local, el que en un escrito del 7 de marzo de 1944 encargó a los gobernadores civiles recabar los datos. Les pedía que censaran las cruces que habían existido en el municipio, las que habían sido destruidas y el motivo de su desaparición, las que existían en aquel momento y su estado de conservación, y las que debían ser reconstruidas de nuevo. Había que precisar las que más urgía.

Diez días después, el Gobernador Civil cumplía con la orden y trasladaba esa petición a los 21 alcaldes de la isla. El 12 de abril, dado que algunos se retrasaron, repitió la solicitud y les dio un plazo de cinco días. Debió olerse que el Gobierno central tenía prisa con este asunto porque Madrid no tardó en insistir y el 5 de mayo la Dirección General de la Administración Local recordó la orden al gobernador, esta vez mediante un telegrama. Y este, Plácido Álvarez, que ya debía sentir el aliento del Estado detrás de la oreja, decidió quitarse el encargo de encima apenas 5 días después, el 10 de mayo. Zanjó el problema con un 'aquí no tenemos esas cruces'.

El caso es que así fue como los alcaldes de Gran Canaria, uno a uno, fueron dando reseña de estos símbolos en sus municipios y dejaron para la historia un primer censo parcial de las que había en los paisajes de la isla. Por cierto, ninguno se quejó de que alguna de sus cruces pudiese haber sido destruida por más causa que la del paso del tiempo. La orden de 1944 buscaba textualmente reconstruir las destruidas «durante la dominación roja». Aquí no hizo falta.