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Grupo de mujeres en plena faena. C7
Cielo de colores por San Antonio

Cielo de colores por San Antonio

Fiestas en Mogán ·

Un grupo de vecinas crea tapetes con ganchillo que decoran las calles del casco con motivo de los fastos patronales

Martes, 4 de junio 2024

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El casco de Mogán siempre luce bonito, por sus rincones, por sus casas y por sus gentes, pero también ahora por sus cielos, al menos los de la calle peatonal que está entre el Ayuntamiento y la pintoresca plaza de Sarmiento y Coto. Un divertido mosaico de tapetes de colores ha vestido este lugar de paso entre la iglesia del pueblo, la de San Antonio, su templo cultural, El Mocán, y su casa más noble, la de la corporación local.

Hechos con la técnica del ganchillo o croché, los han colocado a modo de parasol con motivo de las fiestas patronales de San Antonio, que comenzarán este viernes, y han sido el fruto de una iniciativa vecinal similar a la que gestó el curioso árbol de Navidad del que presumió Veneguera, también en Mogán, en esta última Navidad. Un grupo de entre 15 y 20 entusiastas mujeres se liaron a coser durante meses para aportar su granito de arena de cara a las fiestas y, de paso, pasar un buen rato.

Así quedó el cielo de la calle entre el Ayuntamiento y la plaza de Sarmiento y Coto.
Así quedó el cielo de la calle entre el Ayuntamiento y la plaza de Sarmiento y Coto. Cober

«Ha sido un trabajo colaborativo e inclusivo en el que lo importante era participar, no hacer un tapete perfecto», explica Arcadia Suárez, una de las coordinadoras de este proyecto comunitario. Otra vecina, María Jesús García, lanzó la primera propuesta al Ayuntamiento. Hacía falta hilo y el gobierno local que preside Onalia Bueno se prestó a colaborar, por lo que desde finales de enero pasado se pusieron en faena.

Primero se fueron poniendo en contacto unas con otras y una vez montado el equipo, celebraron una reunión de coordinación. Allí se acordó lo que se iba a hacer y se repartió el material. «Cada una eligió los colores que quiso y se puso a trabajar». Lo hacían en sus casas, pero cada 15 días se juntaban para ver cómo iban y para entregar los tapetes acabados.

Un escape

Suárez subraya los beneficios de una actividad que ha permitido a muchas de las participantes desconectar de sus problemas, salir de la rutina o trabar relación con otras vecinas. A otras les ha supuesto un influjo de autoestima. «Hacían ganchillo de toda la vida, pero no le daban mayor importancia; ahora sienten que se les ha valorado».

«Ahora muchas nos están preguntando por lo siguiente, echan de menos los ratos que hemos pasado», apunta esta vecina, que quiere agradecer las facilidades puestas por el Ayuntamiento y también por el colectivo que lleva la asociación Tahona, que les dejó usar su local.

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