Antonio López conduce a Margarita por el camino. Detrás, el presidente del Cabildo y el resto de la visita. / arCadio suáReZ

El camino de la memoria

Medio Ambiente. El Cabildo y los ayuntamientos de Agüimes e Ingenio reabren de forma oficial un tramo de 4 kilómetros del llamado Camino de las Bestias, que unía la Cumbre con la costa

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Agüimes-Ingenio

Margarita anda por este camino desde ni se sabe. Carga las hierbas con las que Antonio López da de comer a las cabras y gallinas que atiende en Guayadeque, el barranco que une y separa, según se mire, a Agüimes y a Ingenio. Pero esta mañana la burra no estaba cómoda. No suele pisar por estas piedras rodeada de gente, unos por delante y otros por detrás. Ella no lo sabe, ni tampoco Ventura, una ternera de 5 meses que camina al paso que le marca Zenaida Cazorla, pero les acompaña una comitiva de autoridades. Han venido a dar por reabierto, de forma oficial, la senda a la que animales como Margarita y Ventura dan nombre desde hace muchos años: el Camino de las Bestias. Así se conocía al menos al histórico sendero, de más de 150 años de antigüedad, que atraviesa este barranco y que era utilizado como ruta comercial entre la costa y la cumbre de la isla cuando las carreteras eran ciencia ficción.

El tramo que usa Margarita estaba más o menos trillado. El trasiego de sus patas obreras lo han mantenido con vida. Pero buena parte del resto del sendero que comunica Montaña Las Tierras, al final del barranco, donde acaba la actual calzada de asfalto, y Cueva Bermeja, a la altura del restaurante Guayadeque, estaba abandonado y cubierto de maleza. Había partes que incluso se habían perdido. Sin embargo, los trabajos de rehabilitación que inició el Cabildo a principios de este año, en colaboración con los ayuntamientos de Agüimes e Ingenio, han permitido recuperar ese tramo de cuatro kilómetros entre esos dos puntos del barranco. Está prácticamente listo a falta solo de balizarlo y dotarlo de señalética vertical. También se habilitará un pequeño mirador en la parte alta, poco después de descender desde Montaña Las Tierras, en un punto que ofrece vistas únicas al trazado de este impresionante tajo que la erosión fue abriendo en Gran Canaria de hace un millón de años para acá. Y se completará la dotación con la reposición de siete mesas interpretativas del barranco, actualizadas y con un material más resistente al sol y la lluvia.

Al fresquito. El camino tiene tramos que discurren junto al agua que corre por el barranco. / aRCadio SUáre

El presidente del Cabildo, Antonio Morales, los alcaldes de Ingenio y Agüimes, Ana Hernández y Óscar Hernández, respectivamente, y la consejera insular de Medio Ambiente, Inés Jiménez, titular del departamento que ha coordinado estos trabajos, quisieron este jueves inaugurar el tramo rehabilitado caminándolo. Les acompañaron, además, la edil de Medio Ambiente de Ingenio, Minerva Artiles, y el de Obras de Agüimes, Efraín González. Con ellos, los técnicos de las tres administraciones que han participado en la coordinación de estas tareas, desarrolladas por trabajadores de un plan de empleo impulsado por el Cabildo y por cuadrillas de los dos municipios.

El camino llega en realidad hasta el mar, hasta la desembocadura del barranco de Guayadeque. Parte de Santa Lucía y desciende por este cauce hasta la costa, por lo que cuenta con 13 kilómetros de longitud que serán rehabilitados en su totalidad. Solo restan por recuperar un tramo entre el IES Carrizal y el mar, y otro pequeño pasada la carretera general que une Agüimes e Ingenio. Pero a su vez, explicó ayer Morales, este proyecto de rehabilitación se enmarca en uno más amplio con el que se busca la creación de la que será la ruta senderista más larga de Gran Canaria, un camino de 60 kilómetros que nacerá en Agaete, en el Puerto de las Nieves, y concluirá en la desembocadura del Guayadeque. Discurre por Tamadaba, el Pico de las Nieves y la Caldera de los Marteles, entre otros hitos.

La edil Minerva Artiles dialoga con Juan Cazorla, María Antonia López y la hija de ambos, Zenaida. / Arcadio suárez

Este tramo de Guayadeque, que forma parte del Camino de las Bestias, se convertirá en un atractivo más para visitar este barranco y redescubrirlo desde otra perspectiva. La senda aporta miradas únicas a los valores geológicos, arqueológicos, faunísticos y botánicos que atesora este cauce, pero sobre todo es también un camino por la memoria de las gentes que lo trabajaron, una memoria que se hace presente en las eras, las cuevas-vivienda, los alpendres o el propio empedrado del camino, valores todos etnográficos que subraya Morales.

Barranco verde y bondadoso

Este jueves lo transitaron autoridades. Mañana lo disfrutarán turistas. Pero antaño fue la ruta comercial para el intercambio de productos entre la cumbre y la costa, transportados a lomos de bestias, o el paso de los entierros de los lugareños, o simplemente la conexión con el resto del mundo de los moradores de Montaña Las Tierras, Cuevas Muchas o Cueva Bermeja. «Este era un barranco verdito y bondadoso», lo defendía ayer Isabel Martel, pero no regalaba nada. No a aquellas gentes. Todavía tiene presente aquella vez que lo caminó embarazada de ocho meses y cargada con otra hija suya. La llevaba sin pausa al médico. Estaba malita. O cuando lo usaba para ir a comprar la comida a Agüimes o Ingenio con una bestia y dos cestas. Cuando eran granditos hasta los niños iban en ellas. «Si les voy a contar los trabajitos que pasamos...», suspira.

Antonia y Margarita ataviadas como cuando iban a lavar a la acequia. / Arcadio suárez

Por este camino iban a buscar agua, o a lavar a la acequia. Margarita López y Antonia Rodríguez se vistieron este jueves para la foto, pero hasta los años 70 fue parte de su día a día. Con el ruedo sobre la cabeza cargaban una palangana llena de ropa con la que iban y venían de lavar. Otras cargaban con la lechera, como recreó Antonia López, con la que conducían la leche recién ordeñada hasta la cueva donde harían el queso. Y otras veces literalmente el camino desaparecía. Eran los tiempos que rescata Isabel Cazorla en que el barranco se hacía río y entonces las dos orillas del cauce quedaban aisladas. Sus recuerdos desempolvan la memoria de aquellos otros usos que tuvo esta senda y que hoy custodian vecinos como Juan Manuel Cazorla, María Antonia López y su hija Zenaida, que estudia veterinaria con la idea de mantenerse ligada al mundo rural en el que se crió. Quien sabe. Puede que ella siga usando este camino en un futuro como lugar de paso para sus animales.