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Montserrat Rodríguez apuesta por devolver las fiestas populares a su esencia. Arcadio Suárez
Caravana electoral: Agüimes

El cambio más vistoso, a vista de pájaro

El hito ·

Este fue el mandato en el que, por fin, se acabó el recinto ferial, en Cruce de Arinaga, tras años de obras y litigios | Otro referente para un pueblo con mucho arraigo y conciencia identitaria que pide a su gobierno más celo para cuidar la esencia de las fiestas populares y para mantener mejor las zonas públicas

Gaumet Florido

Agüimes

Jueves, 18 de mayo 2023, 22:49

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Dicen de los habitantes de Agüimes que son capaces de hacer un mapamundi de su pueblo. Les basta con Agüimes. Los lagarteros llevan a gala sus orígenes y gozan de una autoestima cimentada en la historia y en una profunda conciencia identitaria. Eso explica, por ejemplo, el fenómeno Roque Aguayro, una agrupación de electores localista, que solo se presenta en Agüimes y que lleva gobernando el municipio casi desde que España recuperó la democracia. Han renovado un par de veces a sus dirigentes, pero la organización mantiene la hegemonía. Ha ganado todas las elecciones, aunque en el primer mandato se salió del gobierno y se quedó al mando su cabeza de lista.

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Otro ejemplo son sus carnavales, un oasis festivo que escapó a los corsés de la Dictadura y que ahora se han convertido casi en una marca Agüimes. Van por libre. No programan galas de reinas ni drags, ni cabalgata de carrozas. Y solo en el municipio hay casi tantas murgas o más que en el resto de la isla, aunque solo actúan en casa. De ahí para afuera no se les ha perdido nada.

Parte de la clave de Agüimes reside entonces en la propia idiosincrasia de sus vecinos, que como tienen tan alto concepto de su historia y de su arraigo, son luego exigentes, no solo con sus políticos, sino consigo mismos, como miembros de una comunidad. Eso explica que en la pequeña ronda de consultas que este periódico hizo para testear la realidad local, haya reflexiones tendentes a reclamar que se vele por las esencias, ya sea para cuidar la identidad de una fiesta, ya para evitar el deterioro de parte de su patrimonio.

Una de las calles principales de Agüimes.
Una de las calles principales de Agüimes. Arcadio Suárez

En línea con este planteamiento está María Montserrat Rodríguez Santana, vecina del casco y agüimense de cuna que se confiesa preocupada por el cariz que están tomando algunas de sus fiestas más populares, en este caso, la traída del gofio y la vará del pescao. «Buscando la exquisitez en cuanto al legado que podamos dejar a las próximas generaciones, pediría una reconducción hacia el verdadero sentido histórico de las fiestas populares», apunta esta médico de Familia y Comunitaria, que sugiere que habría que «documentarse, ahondar, rememorar y volver a ser leales y fieles a la memoria histórica». Para ella, «todo lo que no tenga que ver con el bagaje ancestral, sobra».

«Se están aprovechando las fiestas populares para hacer botellones legalizados»

A su juicio, «se están aprovechando las fiestas populares para hacer botellones legalizados». Pone por delante que su madre, entre otras muchas, forma parte de esa «memoria viviente que iba al molino a buscar comida, como la vará representa a esos hombres y mujeres luchadores de Canarias que iban a pescar para dar de comer a sus familias». Para Rodríguez, estas vivencias del pasado hay que «rememorarlas con alegría, pero con sentido histórico, y con dignidad» y evitar que se conviertan en «borracheras generalizadas».

Ángel Carrrasco, en un rincón emblemático del casco.
Ángel Carrrasco, en un rincón emblemático del casco. Arcadio Suárez

Por lo demás, esta vecina cree que el municipio está bien y que el gobierno local ha logrado cumplir los objetivos que se trazó para el mandato, pese a la pandemia. Esa impresión la comparte Ángel Carrasco Hernández, para quien «Agüimes está a la vanguardia, pero sin perder la idiosincrasia como pueblo». Este estudiante dice que es «un municipio completo». Sostiene que tiene la suerte de contar con mucha población joven y con gran variedad de colectivos que están implicados en las fiestas del pueblo y en diferentes eventos. Es miembro de La Salle, que, recuerda, está detrás de espectáculos tan arraigados como la Magna Cabalgata-Auto de los Reyes Magos y el Auto de La Pasión.

Nisamar González, delante de la fachada del bar que regenta en el casco.
Nisamar González, delante de la fachada del bar que regenta en el casco. Arcadio Suárez

¿Qué echa de menos? «Que se fomente la limpieza con campañas de concienciación a la ciudadanía para mantener el pueblo limpio y poder disfrutar de los diferentes espacios públicos». En ese sentido, pone deberes también a sus propios vecinos, para que sean más respetuosos con su entorno.

Su petición coincide con la de otra joven agüimense, Nisamar González González, que regenta el bar Alegranza, en la misma plaza de Nuestra Señora del Rosario. «Pido un compromiso por mantener mejor las zonas públicas, en buenas condiciones, para que las disfruten tanto los habitantes como los turistas, que, afortunadamente, cada vez son más». Se acuerda, en este sentido, del barranco de Barafonso, aunque conocido como de Las Vacas, «un atractivo turístico importantísimo» para el que reclama «mejor señalización» y más promoción que informe al turista de «cómo puede llegar hasta él para disfrutarlo de manera limpia y sin tocar el medio ambiente».

Recinto ferial

Por lo demás, si por algo será recordado este mandato será por la finalización del que primero fue concebido como mercado agrícola, allá por los inicios de la década pasada, y que acabó siendo un espectacular y muy polivalente recinto ferial en el Cruce de Arinaga. Su curiosa morfología, ovalada, y el reflejo brillante del material de su cubierta, han cambiado para siempre la cara de Agüimes a vista de pájaro. Más en el plano terrenal, destaca otro hito: la compra por parte del Cabildo de todo el suelo público del polígono industrial de Arinaga. O la construcción del demandado comedor escolar del Veinte de Enero. O la rehabilitación de 160 casas sociales del casco.

Queda, por el contrario, despejar sus antiguos cultivos abandonados de la estampa fantasmagórica y decadente de sus invernaderos deshilachados, la frustrada construcción de una nueva casa de la cultura para el Cruce de Arinaga o la finalización del centro polivalente para las murgas en el casco.

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