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Antonio Cabrera Cabrera camina entre sus olivos de las variedades arbequina y picual. Javier Melián / Acfi Press
«Se me fue un poco la mano, planté 400 olivos»
Fuerteventura

«Se me fue un poco la mano, planté 400 olivos»

Agricultura ·

El 'jardín' de Pájara que dio una medalla de plata: Antonio Cabrera Cabrera se presentó por primera vez al concurso regional de aceite de oliva virgen con su marca 'Antojo majorero'

Sábado, 30 de marzo 2024

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Mira el manto verde de su finca de Pájara y comenta: «planté 400 olivos, lo sé, se me fue un poco la mano». Antonio Cabrera Cabrera lo hizo hace quince años con una finalidad más cercana a lo ornamental y lo sentimental que a la olivicultura en sí, en un suelo cercano a la iglesia de Pájara. Su 'jardín' de olivos consiguió este 2024 la medalla de plata en el concurso de aceite de oliva virgen Agrocanarias con la arbequina-picual 'Antojo majorero'.

De la cosecha de 'Antojo majorero' lleva vendida casi la mitad y la embotelló en octubre. Javier Melián / Acfi Press

Con la elección de las variedades de olivo, poco tuvo que ver. La arbequina y la picual eran las que el Cabildo de Fuerteventura empezó a vender en sus campañas hace quince años, «cuando se sabía nada del olivo. Esas había, esas planté sin ningún tipo de conocimiento de olivicultura, pero aprendí». Ambas variedades se adaptaron a los suelos, viento y clima de Fuerteventura, no requieren una orografía concreta «porque se dan bien, tanto en un tablero como en una gavia».

En estos quince años, no se queja de casi nada. «Plagas tuve pocas, más allá de la mosca del olivo que es estacional». Y es que, defiende Cabrera Cabrera, el cultivo del olivo es «bastante generoso, no tan exigente como otros» y el árbol en sí resulta «muy ornamental, la verdad es que embellece cualquier finca, aunque no decidas ponerlos en producción de aceite».

Olivos en suelo urbano

Su jardín, como lo llama, no se levanta en un sitio cualquiera: casi en frente del Bien de Interés Cultural (BIC) que es la iglesia de Pájara, en la finca llamada Lugar del Concejo, con dos construcciones de más de un siglo y una vivienda de la segunda mitad del XX. «En parte es un lujo, porque esto es suelo urbano. A unos les daría más felicidad plantar aquí apartamentos, a mí me encanta verlo lucir verde».

Los olivos de las variedades picual y arbequina, en la finca Lugar del Concejo, con las palmeras de Pájara y Toto al fondo. Javier Melián / Acfi Press

Licenciado en Dirección y Administración de Empresa por la Oxford Brookes University (Oxford, Reino Unido), el cultivo de su inicialmente pequeño jardín de sólo unos 200 olivos es más un hobby y un homenaje al pasado agrícola de su familia relacionado con la exportación del tomate. «A los dos años de plantados para que mi padre se entretuviera, empezaron a dar aceitunas. Las primeras cosechas las llevaba a la almazara del Cabildo, pero conocí a don Luis Hernández, de la finca Teguerey, y a don Mohamed, y empecé a llevarlas a su almazara de Tiscamanita por su trato más directo».

Este 2024 se animó a participar por primera vez en el concurso de aceite de oliva virgen Agrocanarias, auspiciado por el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), y regresó con una de sus medallas de plata para su 'Antojo majorero'. A estas alturas del año, ya tiene vendida casi la mitad de la cosecha en supermercados y tiendas. «Y eso que sólo es un hobby al que le busco una rentabilidad para pagar sus gastos a través de la elaboración del aceite de oliva».

El sabor del aceite de Cabrera Cabrera es a plataneras y tomateros. Javier Melián / Acfi Press

En 1973 nació Antonio Cabrera Cabrera en Las Palmas de Gran Canaria para, a los dos días, traérselo para Fuerteventura. «Soy de aquí, mi familia es de Pájara, lo que pasa es que he vivido desde niño en Gran Tarajal y allí sigo».

Su 'Antojo majorero', como la mayoría de los aceites de oliva virgen de Fuerteventura, tiene un gusto que recuerda a las plataneras y a los mismos tomateros a cuya exportación se dedicó su familia hasta que la competencia marroquí los desbancó. «Más o menos, los aceites majoreros son bastantes uniformes en sabor».

Antonio vuelve a mirar el manto verde oliva de su jardín y reconoce otra vez que sí, que se le fue la mano, «pero tú ya sabes como somos los majoreros».

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