Víctor Ramírez es, además de activista e investigador, el actual director general de Diversidad. / ARCADIO SUÁREZ

«Humillaciones, hambre y malos tratos fueron una constante en Tefía»

El activista y especialista en la memoria histórica LGBTI arroja luz sobre la colonia agrícola y penitenciaria de Tefía que se convertirá en un centro de investigaciónMemoria histórica LGBTI. Víctor Ramírez reflexiona sobre la colonia penitenciaria

CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario.

De los 300 presos que albergó la colonia penitenciaria de Tefía entre 1954 y 1966, veinte fueron encarcelados por su condición homosexual, según las investigaciones de Víctor M. Ramírez.

- La otrora colonia agrícola y penitenciaria de Tefía, en el municipio de Puerto del Rosario, hoy albergue juvenil y observatorio astronómico, acogerá el Centro Canario de la Memoria Histórica LGBTI. ¿Se hace justicia con las personas encarceladas allí a lo largo de doce años debido a su tendencia sexual?

-La creación del Centro Canario de la Memoria Histórica LGBTI en Tefía es una manera de mantener precisamente la memoria de quienes estuvieron presos en la colonia agrícola por su disidencia sexual y de género. Pero, por extensión, también es un homenaje a todas las personas que sufrieron persecución y fueron reprimidas por su orientación sexual o su identidad de género durante la dictadura franquista. Es una manera de hacer justicia, al menos desde un punto de vista simbólico, a esas personas y al sufrimiento que padecieron por vivir en una época profundamente LGBTI-fóbica. La Viceconsejería de Igualdad y Diversidad del Gobierno de Canarias ha publicado recientemente una convocatoria para conceder ayudas económicas a personas LGBTI mayores de 55 años que se encuentre en situación de vulnerabilidad social debido a su experiencias de vida por su disidencia durante esas épocas, lo que es otro destacable instrumento de reparación y justicia. Es un momento importante para adoptar estas iniciativas porque el tiempo transcurrido implica que muchas de estas personas tienen una edad avanzada y, al menos, en las últimas décadas de su vida, van a recibir algunas compensaciones y homenajes que, hasta ahora, en nuestra Comunidad autónoma, habían sido bastante escasos, destacando especialmente los realizados en Tefía por el colectivo Altihay, entidad pionera en esta materia, y las corporaciones de la isla.

LAS FRASES: «El futuro centro de memoria histórica de Tefía es un homenaje a los perseguidos por su orientación sexual»; «Al estar encerrados aparte del resto de los presos por si los contagiaban de su mal, la humillación era doble».

-Elija usted: cárcel, campo de concentración, lugar para la infamia, símbolo de la represión LGBTI. ¿Qué fue Tefía?

-Entre 1954 y 1966, la colonia agrícola penitenciaria de Tefía fue uno de los establecimientos que se crearon por parte del régimen franquista para recluir y rehabilitar en ella a personas consideradas «peligrosas sociales» en virtud de la Ley de Vagos y Maleantes. Esta ley no incluyó a los homosexuales en tal categoría hasta su modificación en el año 1954. De esta manera, al abrirse la colonia, fueron a parar a sus instalaciones «peligrosos » de distinto signo, algunos de ellos homosexuales, condenados por el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario. Lo que debía ser, en teoría, un centro de rehabilitación se convirtió en la práctica, según testimonio de algunos de quienes vivieron la experiencia, en un auténtico campo de trabajos forzados en el que el hambre, los malos tratos y las humillaciones fueron una constante insufrible, al menos durante los primeros años de funcionamiento. De esta manera, Tefía se convirtió en una mixtura de todo eso que mencionas: un centro de reclusión convertido en campo de concentración, un lugar infame, de triste recuerdo para quienes lo padecieron y, para la comunidad LGBTI, un símbolo de la represión sufrida en la dictadura.

-¿Cuántas Tefías más funcionaron en Canarias y España durante el franquismo?

-Como colonia agrícola penitenciaria, Tefía fue única en las islas, aunque a nivel estatal existieron otros centros similares, como la colonia agrícola de Nanclares de la Oca. Pero en Canarias los presos homosexuales también fueron recluidos en prisiones comunes, como las de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma. En estas últimas, los presos considerados peligrosos sociales por su homosexualidad sufrían una doble reclusión puesto que no sólo eran separados de la sociedad sino también del resto de reclusos del centro para evitar que les «contagiaran su mal». De esta manera se sentían doblemente apestados y marginalizados, aumentando su sentimiento de humillación. Si ya era duro perder su libertad por ser quienes eran, y no tanto por los actos que pudieran haber cometido, el hecho de estar encerrados apartados del resto de reclusos les producía una doble sensación de humillación y desprecio. Cierto es que, más allá de la dureza de esta reclusión, el régimen disciplinario de estos centros nunca tuvo la rigurosidad de la colonia de Tefía que, en este aspecto, fue excepcionalmente duro.

-Es la pregunta que seguro habrá respondido en varias ocasiones: ¿cuántos presos LGBTI pasaron por la colonia?

-De mis investigaciones deduzco que durante los años de funcionamiento pasaron por Tefía entre 300 y 350 presos, aunque el número exacto es difícil de determinar. De los expedientes de vagos y maleantes que pude analizar de esos años he encontrado que veinte de esos presos fueron expresamente considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a Tefía, el resto, hasta llegar a 68 entre los años 1954 y 1970, cumplieron su reclusión en prisiones de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. De los recluidos en Tefía, sólo dos dieron testimonio de su estancia en la colonia agrícola, Juan Curbelo Oramas y Octavio García. El resto decidió silenciar su experiencia. Octavio habló con algunos de ellos pero no quisieron hablar. Prefirieron el olvido o el silencio antes que exponerse a que afloraran dolorosos recuerdos. El trauma para ellos debió ser indeleble. No obstante, creo que para Juan y para Octavio, la experiencia de contar al mundo sus vivencias fue sanadora y creo que el reconocimiento que recibieron en vida reparó, de alguna manera, su sufrimiento.

- ¿Llegó usted a recoger el testimonio directo de alguno de los presos condenados por tener la enfermedad contagiosa de la homosexualidad, Juan Curbelo o Octavio García?

Tuve la inmensa suerte de participar en una entrevista con Octavio García, por desgracia Juan Curbelo había fallecido años antes de comenzar mi investigación, justo unas semanas antes de que en Tefia se les hiciera un homenaje, en el que estuve presente. Allí conocí a Octavio y años después, lo entrevisté. Hablar con él era estremecedor. A pesar de no tener unos estudios muy avanzados era una persona culta, inteligente y curiosa, que había leído mucho y que sabía expresar vivamente sus experiencias, de una manera intensa y emocionante. Era muy difícil sustraerse a su manera de hablar, a la forma en que revivía sus recuerdos con tristeza y dolor, a cómo reflexionaba sobre su vida y la trascendencia de aquella experiencia. Fue uno de los momentos inolvidables de mi trabajo como investigador. Todo ello sin desmerecer el resto de los testimonios que recogí en Peligrosas y Revolucionarias. Todos y cada uno de ellos fueron emocionantes y muy enriquecedores a nivel personal, más allá de su indudable valor historiográfico.

- ¿Qué viene a decir Tefía como sociedad en ese momento histórico?

Tefía, sin duda, es memoria y homenaje. Nos viene a decir que las personas LGBTI, como comunidad, tenemos una historia a nuestras espaldas, llena de claroscuros, de momentos enormemente tristes de represión, pero también otros llenos de luminosa resistencia, a pesar de las circunstancias. Una historia, además, que merece ser recordada, contada y conservada, porque es parte de nuestra historia como miembros de la comunidad canaria que somos y porque quienes la vivieron merecen nuestro recuerdo y reconocimiento.

Pero Tefía también nos habla del presente y del futuro. Cuando en España algunos abogan por mantener las terapias psicológicas o psiquiátricas para «curar» la homosexualidad nos están retrotrayendo a aquellas épocas infames de nuestra historia que no podemos permitir que regresen. Tefía, por tanto, nos recuerda lo que nunca debió pasar y también que debemos seguir trabajando para evitar que vuelva a pasar en el futuro.

Por desgracia en el mundo siguen existiendo muchas Tefías: los territorios libres de LGBTI que se han implantado en Polonia; los pasos atrás en el avance en los derechos de las personas trans en los EEUU trumpistas o quienes, al mismo nivel, en España quieren impedir su despatologización por motivos ridículos; los países en los que la homosexualidad es aún delito y se condena con cárcel e incluso con pena de muerte… Todos esos son nuestras Tefías actuales que debemos borrar de nuestro mundo, aunque nunca de nuestra memoria.

- En sus investigaciones sobre esta colonia penitenciaria, ¿encontró alguna respuesta solidaria de los vecinos de Tefía o de Fuerteventura para con los presos?

En su momento recogí el testimonio de una vecina de la Colonia que era apenas una niña en aquellos años. También en el documental La memoria silenciada: Tefía se recogen testimonios de vecinos del lugar. Creo que en ellos había un doble sentimiento hacia aquellos presos de la Colonia. Para el régimen eran personas peligrosas y no creo que la vecindad fuera ajena al recelo de ver andar por aquellos senderos pedregoso las hileras de presos con destino a la cantera en la que picaban piedra o a la iglesia los domingos, o que trabajaban en los alrededores de su pueblo, construyendo gavias o caminos. No obstante, de sus declaraciones se recoge cierto sentimiento de compasión hacia aquellos pobres hombres, la mayoría de ellos, con toda probabilidad, reincidentes por delitos menores, además de homosexuales y algunos presos políticos, que purgaban sus «errores» con un castigo desproporcionado en relación con el presunto mal que habían cometido.

- ¿La intolerancia se disolvió con la Transición o hubo que esperar a los primeros movimientos en defensa de los derechos de las personas LGTBI?

La muerte del dictador y el comienzo de la Transición hacia la democracia no significó un cambio radical en la actitud social y jurídica hacia la disidencia sexual y de género. Años de homofobia institucionalizada y siglos de influencia de la moral cristiana no iban a cambiar de un plumazo por el hecho de que Franco muriera. De hecho, la Transición no se caracteriza precisamente por ser un momento histórico benévolo para la comunidad LGBTI. Sus derechos no fueron expresamente recogidos en la Constitución, una norma en la que, sin embargo, la Iglesia Católica consta con todas sus letras y que da indicios de que los antiguos poderes fácticos mantenían su estatus en el nuevo régimen democrático. Si bien la Ley de Peligrosidad Social de 1970, que mantenía a los homosexuales en su articulado, derogó esta mención en el año 1978, hasta entrado los años 80, el sexo homosexual era aún considerada un delito de escándalo público, como demuestran algunas sentencias de la época.

Ciertamente la Transición permitió que la disidencia sexual y de género se movilizara y se convirtiera, por primera vez, en un sujeto político que reclamaba la atención del estamento político para ver reconocidos sus derechos, con escaso éxito. No obstante, la lucha de aquellos años, también en Canarias, con el Colectivo de Homosexuales de Canarias implantado en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, pusieron una semilla que ha crecido y dado sus más importantes frutos en este siglo. Pero desde luego, no sin mucho trabajo de aquella y las posteriores generaciones de activistas.

- Fue usted presidente del colectivo LGBTI Gamá, de Gran Canaria, entre 2012 y 2015, casi diez años después de la aprobación de la ley del matrimonio entre las personas del mismo sexo de 2005, ¿para entonces ya nos habíamos convertido en una sociedad tolerante con respecto a los derechos de las personas LGTBI?

Ha sido un camino largo. Desde la transición a la actualidad hemos pasado por la represión legal y social, cierto nivel de tolerancia, que no deja de ser una actitud altanera de quien permite a otros que nos expresemos «sin pasarse» a una sociedad, la actual, más integradora aunque desde luego no completamente igualitaria, que sería lo deseable.

La aprobación del matrimonio en el año 2005 es, sin lugar a dudas, un hecho histórico, no sólo para la comunidad diversa, sino para toda la sociedad. En aquel momento, efectivamente, existía cierto nivel de tolerancia, pero no debemos olvidar que se nos toleraba hasta cierto punto. Y el matrimonio era un punto demasiado seguido para ciertos sectores de la sociedad que reaccionaron con manifestaciones convocadas por la derecha política y la Iglesia «constitucional» y que terminó con un recurso en el Tribunal Constitucional. Tolerancia sí, pero hasta donde ellos consideraban adecuado.

Quince años después este derecho está integrado con normalidad y algunos de los que se manifestaron en aquel entonces han acudido a una o varias bodas de parejas homosexuales. Bienvenidos sean a una sociedad integradora. Pero aún falta camino para llegar a una sociedad verdaderamente igualitaria en la que la diversidad sea un valor positivo y no un motivo de señalamiento, escarnio o discriminación.

- ¿De dónde le surge su afán por investigar la memoria histórica LGTBI?

Como activista, me siento parte de una genealogía de personas que, en determinado momento de la historia, decidieron levantar su voz para que la disidencia sexual y de género tuviera un lugar digno en la sociedad. Cuando, hace bastantes años, la lectura de algunos libros me llevó a conocer a figuras como la de Karl Ulrichs, el que podemos considerar primer activista, en la Alemania de mediados del siglo XIX, fui consciente de que nuestra historia, como comunidad, es mucho más amplia y rica de lo que había imaginado. Eso me llevó a seguir leyendo e informándome. Luego conozco la historia de Tefía a través del historiador Miguel Ángel Sosa y, también a través de su experiencia personal, el conocimiento del primer movimiento homosexual en Canarias durante la transición. Y, resumidamente, mi presencia en Gamá me permitió acceder a documentación y testimonios que me animaron a profundizar en nuestra memoria histórica hasta acabar escribiendo Peligrosas y Revolucionarias.

- ¿Aprobamos en tolerancia, pese al surgimiento de Vox?

Yo creo que vamos superando la fase de tolerancia y nos encontramos en un proceso de integración. Como indicaba antes, la plena igualdad es aún una meta que no está cerca, pero avanzamos hacia ella sin lugar a dudas. Pero si entendemos que la sociedad es diversa también lo es en pensamiento. Inevitablemente siempre nos encontraremos con sectores reacios a reconocer la igualdad como un principio aplicable a todas las personas, sin distinción. Siempre habrá quien diferencie, no ya por opiniones y acciones, sino por motivos identitarios, culturales, raciales, sexuales, de género… Siempre habrá quien defienda sus privilegios a costa de los derechos de los demás. Hay quienes prefieren una sociedad uniforme y uniformada y, por otro lado, estamos quienes entendemos la diversidad como un valor esencial y un elemento que nos enriquece en muchos aspectos. Ciertos partidos huelen a tabaco rancio y a carajillo cargado, pero creo que el aroma de la libertad es mucho más intenso y seductor y va a prevalecer siempre.