El muelle repleto de mercancías alrededor de 1950 en una foto publicada en el libro de Torres Torres. / C7

Cien años de historia del puerto frutero

La obra del puerto de Gran Tarajal consiguió la declaración de interés general en 1903 y vio cómo pasaban de largo dos proyectos de 1909 y 1917 hasta ver hecho realidad el de 1918

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

Puerto frutero y símbolo de la lucha de la población del sur de Fuerteventura en pro del desarrollo y el bienestar general, el devenir del muelle de Gran Tarajal está recogido en 'El Puerto de Gran Tarajal, Cien años de historias (1919-2019)' que edita el Cabildo Insular. El doctor en Historia y profesor de Educación Secundaria Carmelo C. Torres Torres refleja pailebots, acuerdos plenarios, prohombres que lucharon por la infraestructura, toneladas de tomates, kilos de papas, sacos de barrilla y cochinilla y la rivalidad con el muelle de Puerto de Cabras para terminar con el declive de actividad de los últimos decenios.

El que fue puerto más importante de toda la isla durante una época tiene en 1713 su primer hito importante, cuando el Cabildo de Fuerteventura lo habilitó como puerto para realizar exportaciones. Ya en pleno siglo XIX el puerto de Gran Tarajal participará, al igual que el de Puerto de Cabras, «de un inusitado tráfico comercial en base a la exportación del producto más señalado de las primeras décadas de esa centuria: la barrilla», destaca Torres Torres. En base a su comercio se levantaron los primeros almacenes de la zona, muy cerca del mar, con la idea de resguardar las mercancías.

El dinamismo comercial de la barrilla dio pie a que a mediados del XIX ya existieran algunos vecinos residiendo de modo permanente en esa zona del litoral del municipio de Tuineje, «a pesar de que por ese entonces ya haberse pasado de exportar barrilla a dar salida a la cochinilla».

El tesón de Matías López y el cultivo del tomate fueron los factores fundamentales del auge del muelle de Tuineje

En la lenta evolución del puerto jugaron un papel muy significativo dos circunstancias, como destaca el doctor en Historia: el retorno de Matías López Hernández (1851-1942) a Gran Tarajal poco antes del desastre del 98; y la definitiva implantación del cultivo del tomate en las zonas centro y sur de Fuerteventura. Además, el estratégico emplazamiento del puerto «también justificará buena parte de su tráfico marítimo y así se constata al conocer como incluso años antes de construirse el muelle el número de embarcaciones que tocaban en el mismo era muchísimo mayor que en la actualidad. Sirvan de ejemplo las 928 escalas verificadas en 1907».

Con el paso del tiempo el puerto fue ganando fuerza y atrayendo a población y empresarios. «Tuvo vaivenes a lo largo de la historia, unas veces vinculadas al propio devenir de España, en otras a causa de intereses económicos y nefastas decisiones políticas. Estas últimas terminaron por llevar al fracaso a un puerto que pugnó con el de la capital durante años», como puede leerse en el libro editado por el Cabildo de Fuerteventura cuya tirada de mil ejemplares se reparte ahora de forma gratuita entre centros culturales, centros educativos, asociaciones de vecinos y otros colectivos sociales.

La posterior ampliación del puerto de Gran Tarajal -ya en la década de los 80 del siglo XX- no supuso recuperar el esplendor pasado, «ni mucho menos», pues sólo con obras no se consigue atraer la actividad económica y comercial, según constata el doctor en Historia Carmelo Torres. «El pasado dinamismo de su puerto resulta imprescindible para poder explicar cómo Gran Tarajal pudo desarrollarse tan rápidamente en las primeras décadas del XX mientras muchas de las localidades majoreras permanecían en letargo e incluso en franco retroceso».