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Aday Hernández Melián, encargado del vivero insular de Pozo Negro, explica a Andrea Cabrera Hernández las variedades de frutales. Javier Melián / Acfi Press
«Apúntame un naranjero, un moral y un mango, que vienen bonitos»

«Apúntame un naranjero, un moral y un mango, que vienen bonitos»

Agricultura ·

Con la novedad de la cita previa, la gente acude al vivero insular de Pozo Negro sin colas y con los morales como frutales de preferencia para comprar. El Cabildo de Fuerteventura organiza la campaña de venta de frutales a bajo coste desde hace unos 35 años

Catalina García

Pozo Negro

Sábado, 22 de junio 2024, 23:00

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¿Qué frutales se va a llevar? Es la pregunta que recibe a las 458 personas que solicitaron cita previa para la campaña de venta de árboles en el vivero insular de Pozo Negro, en el municipio de Antigua, y que formula Aday Hernández Melián, encargado, con el listado en mano. Pedro Alonso Hernández contesta que para él ninguno, que viene acompañando a su hijo David Alonso Sanabria, ambos con sendas fincas en Juan Gopar: el primero más afín a los olivos, el segundo más a los frutales y para plantar unos pocos más acaba de llegar al invernadero.

Un moral y un mango no faltan en la compra de cada persona con cita previa. Javier Melián / Acfi Press

Tras casi 35 años de campaña de venta de frutales a bajos precios y una gran parte de producción propia, la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo de Fuerteventura se ha pasado a la cita previa en aras de evitar las aglomeraciones de tráfico en el acceso a la granja de Pozo Negro y en el mismo vivero. En pocas horas, se consiguieron las 458 reservas de compra de arbolitos en la web insular.

También se acabaron hace varias ediciones de la campaña de frutales elegir y llevarse diez o doce morales, cinco mangos. Ya rige la venta las limitaciones según los frutales: cinco olivos como máximo, este año con la novedad de la pico limón, cuya aceituna tiene «un gustito a limón», detalla Aday Hernández a los compradores; un cítrico, una higuera, un moral, un granadero, un mango y una papaya. «Y aún queda algo de maracuyá, pero poco».

Pedro Alonso y su hijo David revisan los frutales a la venta en el vivero insular de Pozo Negro, en una gran parte de producción propia a partir de esquejes. Javier Melián / Acfi Press

Por último, es una venta a bajo coste -y vuelve a recitar Hernández Melián-: olivos a tres euros, cítricos a seis euros y todo lo demás a dos euros. Entre los cítricos, los más caros, el más demandado es el naranjero de ombligo.

Para realizar esta campaña de frutales, el vivero de la granja insular de Pozo Negro produce durante todo el resto del año, salvo algunos frutales que necesariamente tienen que venir de fuera. No es la única que se pone en marcha anualmente, puesto que los frutales de hueso (léase, ciruelos, albaricoques, nectarinas, etc) se venden en otra campaña. «Aunque la idea es abrir las dos campañas juntas. Los frutales de pipa son de producción un poco más complicada porque se traen a raíz abierta en diciembre y se pueden empezar a vender en abril».

Pedro Alonso y su hijo David, con varios frutales, entre ellos un mango ya grande. Javier Melián / Acfi Press

«Vine a acompañar a mi hijo David, que yo ya planté lo que tenía que plantar», sentencia Pedro Alonso Hernández que tiene como unos 200 olivos en su casa de Juan Gopar, en el municipio de Tuineje, adquiridos algunos en diez años de visitas al vivero de Pozo Negro. Otros arbolitos los saca siguiendo una técnica tradicional que siempre vio en su casa que consiste -y se acerca a una bolsa con una higuera- en cortar una ramita y plantarla con un grano de millo, «así, como antes».

Su hijo David Alonso Sarabia se estrena en la campaña insular de frutales y carga en el carretilla roja varios, incluido un mango, que nadie trae en la cabeza, pero que finalmente casi todo el mundo se apunta y carga porque tienen una buena envergadura.

Carretilla cargada lista para echar en el coche. Javier Melián / Acfi Press

Con la idea de comprar dos morales para su finca Piedra Cal, en los Llanos de la Concepción, en el municipio de Puerto del Rosario, Andrea Cabrera Hernández llega a su cita previa en el vivero. Más de 70 olivos tiene en las tierras que le dejó su padre y que ahora son para sus hijos, «pero mientras tanto nosotros nos entrenemos».

Para seguir plantando, «con mucho viento por mucha agua que le eche», Andrea contesta a la pregunta inicial en la puerta del vivero eligiendo «un limonero para mí, déjame una papaya, total, un moral porque no dejan dos y una higuera negra», con lo que llena su carretilla roja.

Carmen Cabrera Hernández también se apuntó a llevarse un mango., Javier Melián / Acfi Press

De todo tipo de frutales planta Carmen Cabrera Hernández en la zona conocida como Llanos Pelaos, en los Llanos de la Concepción, en el municipio de Puerto del Rosario. «Me gusta plantar, pero mi hijo es quien se encarga de casi todo». Carmen se lleva un moral y también se apunta al mango «que están muy bonitos». Tiene un truco para el riego que consiste en dejar el agua del CAAF en una tanquilla al sol durante un par de días «para que se le quite el cloro».

El Cabildo inició este mes de junio su campaña de reparto de árboles a coste reducido en el vivero de la granja experimental de Pozo Negro, con la novedad de la cita previa. En total son 5.600 frutales a la venta, la mayor parte olivos, habiéndose repartido hasta ahora 3.600, sin contar los de David, Andrea y Carmen.

El reparto comenzó el pasado 11 de junio y continuará hasta el 1 de julio. Y luego ya se verá si queda algo para poder vender. Mientras tanto, para el coche con los frutales recién adquiridos.

Uno de los trabajadores del vivero insular, con dos frutales. Javier Melián / Acfi Press

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