En La Cícer se guardan las distancias

El colectivo surfero reivindica que la imagen del pasado sábado de las aguas de Las Canteras pobladas de tablas fue ocasional, como lo fue la de la gente paseando por la Avenida Marítima. Destacan que la afluencia ha remitido estos días.

David Ojeda
DAVID OJEDA

No cae en la grandilocuencia quien asegura que el surf es una forma de vida. Normalmente quien se sube a una tabla ha consagrado su vida a ello. La Cícer es uno de esos territorios en el que se habla en el dialecto de las olas, un lenguaje propio educado en una escala de valores que pone de manifiesto estos días en un colectivo algo molesto por las críticas recibidas durante el primer día de desescalada.

La imagen de ese emblemático rincón de Las Canteras poblado de tablas fue criticada por los cancerberos de las buenas praxis y mirada con cierta autocrítica por algunos «dependientes» de las olas. Una presencia masiva que ha ido decreciendo con el pasos de los días.

«Solo con sentarte en el centro de tu tabla en el agua ya tienes un metro por delante y otro por detrás de distancia con los demás». Quien así se refiere a la polémica es Alberto García, criado dentro de un neopreno en la zona. El suyo es sentir mayoritario dentro de un segmento molesto con las críticas recibidas.

Ellos son los que dominan la zona y los que saben de sus flujos. «Yo estos días estoy en Arinaga pero en contacto con la gente de La Cícer y tienen claro que allí se está portando todo el mundo con respeto. No me cabe duda», expresa Daniel Rodríguez, de la escuela Buen Surf.

En lo que todos coinciden es en que se ha distorsionado la imagen, que ha llegado a protagonizar piezas en informativos estatales. «La gente le ha hecho caso a un señor que en un vídeo dice que hay 800 personas en el agua. Eso no era así. No había ni 150 personas en los 600 metros surfeables que tiene la playa», indica Alberto García sacando sus cálculos. «Esa misma tarde ya había en el agua un 40% menos de personas. El domingo un 60% y entre semana ya ni te digo», añade.

Algo más crítico es Jorge Juan Cabrera, de Surfing Oleaje y miembro de la selección española. «Está claro que no había 800 personas, pero había mucha gente. La distancia de cuatro metros que marca la Federación no se cumplía en muchos casos; incluso conozco a gente que vive a 50 metros de la orilla y decidió no meterse para que la cosa no fuera a más. Pero el resto de los días la cosa se ha ido normalizando», indica.

«Lo que ahí estaba pasando es que había personas felices porque después de mucho tiempo podían entrar al agua y reencontrarse con conocidos», señala García, algo en lo que está de acuerdo Daniel Rodríguez.

Cabrera por su lado se encontraba más preocupado por las duchas y los lavaderos de pie. «Yo habría cerrado el agua porque sí que los utilizó mucha gente y eso podía ser un foco de transmisión muy importante», comenta.

Los surferos necesitaban volver a sentir las vibraciones de la ola. Pura necesidad emocional. «Es un estado de ánimo, yo me notaba que me afectaba tanto tiempo sin entrar», indica Rodríguez, uno de los responsables de Buen Surf en La Cícer.

Alberto García vive con las mismas sensaciones sus experiencias sobre una tabla y añade, en defensa del colectivo, más emociones. «A través del surf he aprendido muchísimos valores. Respeto, perseverancia, lidiar con las frustraciones», detalla.

«La gente no nos entiende, pero somos toxicómanos del agua», explica Cabrera. «Hubo casos de gente las 05.40 horas esperando para meterse en el agua porque esto para nosotros es como una droga. Yo no pude hacerlo porque vivo en Arucas y no podía pillar el coche para bajar a surfear», explica.

Eso es lo que lleva cada día al agua al italiano Tommaso Garzia. «Llegué en 2007 a Gran Canaria y el motivo por el que no me he ido es porque empecé a surfear. Yo he ido todos los días desde que se puede, y es verdad que el primer día éramos muchos en el agua. La gente tenía tantas ganas de entrar como yo, pero ya hay menos personas», concluye.

La selección, sin restricciones

Juan José Cabrera, de Surfing Oleaje, es miembro de la selección española en la disciplina de longboard, y esto le permite en estos momento tener una mayor libertad para tirarse al agua. «La Federación Española nos considera deportistas de elite y por lo tanto nos ha entregado una autorización con la que nos podemos mover en nuestros coches para ir a las playas y, además, nos quita las restricciones de horarios para poder entrenar, entro otras cosas porque en teoría en poco tiempo tenemos las citas importantes como los mundiales o los europeos», expone.

Por ello es posible encontrarse fuera de las horas autorizadas como norma general a surferos en el agua. Porque como el caso de Cabrera hay unos cuantos compañeros suyos dentro del equipo nacional en distintas disciplinas, por lo que están autorizados para poder salir a entrenar en el horario que les resulte más apropiado. Casos que han visto la luz desde el comienzo de la desescalada.