La ceniza cubrió ayer la capital palmera. Los trabajadores del barco trataban de retirarlo pero era imposible. / S.F.

CRÓNICA DESDE LA PALMA

Colapso para salir de La Palma

Decenas de pasajeros siguen 'atrapados' en la isla a la espera de que las aerolíneas retomen operaciones en el aeropuerto. Las navieras incrementan sus servicios para lograr dar servicio a todas las personas

SILVIA FERNÁNDEZ

La suspensión de vuelos en el aeropuerto de La Palma a consecuencia del volcán ha generado un caos a la hora de salir de la isla. La única posibilidad ahora mismo es el barco y, aunque las navieras reforzarán a partir de mañana las operaciones -Fred Olsen tendrá tres barcos-, el fin de semana ha sido de colapso. Algunos de los pasajeros con billete desde el viernes optaron por la vía del barco hasta Tenerife y desde allí, bien en el norte o en el sur, coger un avión hasta su destino dentro y fuera de la isla. Otros, varias decenas de personas, se han quedado 'atascados' allí a la espera de que se retomen los vuelos. Algunos por voluntad propia debido a la paliza que supone hacer el trayecto vía Tenerife. Hasta ocho horas se tarda en llegar de La Palma hasta Gran Canaria en barco frente a los 50 minutos del avión. Estos confían en que los vuelos a La Palma se retomarán en los próximos días y prefieren esperar. Otros pasajeros se han tenido que quedar al no encontrar pasaje en alguna de las dos compañías que operan en esta ruta (Armas y Fred Olsen).

El sábado más de 3.000 personas salieron por barco de Santa Cruz de La Palma mientras que el mismo día en circunstancias normales hubieran sido 350. El dato da muestra de la situación que se vivió el sábado en la terminal marítima. Empleados de empresas de alquiler de coches indicaban ayer que nunca en su vida habían visto la terminal como el sábado. «Estaba a reventar», indican. Muchos acudieron sin billete y hacían largas colas para conseguir pasaje pero al final no pudieron salir, lo que generó situación de enfado y frustración entre los viajeros.

Sin embargo, el caos que se generó en la terminal marítima de Santa Cruz no fue nada con el que se vivió en puerto de Los Cristianos. De las casi 300 licencias de taxi que operan en la zona portuaria trabajaron la mitad porque nadie hacía prever el aluvión de pasajeros que hubo. Las esperas alcanzaron casi la hora y hubo taxistas que tuvieron que hacer cinco viajes a la terminal para aliviar la situación. «No dábamos abasto. Fue un sin parar, un auténtico caos. Lo que no entendemos es que nadie previó lo que venía», indicaba ayer un taxista de Los Cristianos.

Hacer el viaje en barco desde La Palma a Gran Canaria son ocho horas frente a los 50 minutos del aviónLas colas y el nerviosismo fueron ayer habituales en la terminal marítima de Santa Cruz de La Palma

En el día de ayer se volvió a dar una nueva situación de «lleno total» de los barcos que salen de La Palma. En el de la mañana -en el que viajé yo- se llenaron las taquillas para meter las maletas lo que obligó a los pasajeros a subir sus maletas a bordo del barco. Algunas personas eran mayores y llevaban maletas muy grandes que tuvieron que cargar. El barco iba repleto de personas y bultos en su interior. Desde las 7 de la mañana había gente y colas en la terminal para la salida de las 10 y se respiraba gran nerviosismo. Los viajeros que hacían cola se preguntaban qué iba a pasar si además del aeropuerto se cerraba el puerto y la isla quedaba aislada.

Eso no va a ocurrir pero el temor estaba justificado por la fuerte lluvia de ceniza que caía ayer por la mañana en Santa Cruz de La Palma. Era como llover fuerte pero en lugar de agua lo que caía eran piedritas pequeñitas. Muchos llevaban paraguas, gorras, chubasqueros o se cubrían la cabeza con papel para evitar los 'golpecitos» que daba la ceniza en la cabeza. La escena era curiosa porque mirabas a tu alrededor y parecía que estuviese cayendo un chaparrón cuando en realidad era el recordatorio de que el volcán seguí emanando lava.

Los trabajadores de Fred Olsen se esforzaban en limpiar la cubierta y los asientos exteriores del barco pero aquello no tenía solución porque al mismo ritmo que lo retiraban seguía cayendo. Con esta estampa dejé la isla de La Palma.

La sensación era extraña. Aunque tenía ganas de volver a casa y ver a mi familia salí de la isla bonita con la sensación de dejar algo pendiente, de abandonar algo, un sitio y unas personas con las que debería seguir y acompañar. Sentí también que volvería. Espero que sea así y hacerlo para contar que la erupción acabó, que las ayudas llegan, que los que han perdido su vivienda están volviendo a construirla, que han superado este trance y tiran para adelante mirando un futuro prometedor para ellos y para sus hijos. Como me decía ayer Otilia, una señora de 88 años, que ha perdido su casa y con la que hablé largo y tendido: «espero que vuelvas por aquí pero a un baile o a una fiesta no porque siga el volcán o haya pasado algo más». Y, ojalá, que sea así , que la erupción termine cuanto antes y que vuelvan las risas, la alegría y la fiesta a la isla de La Palma.