Fernando Cervigón, fundador de Trees 4 Humanity.

El emprendedor que elimina el plástico de la reforestación

Nace la primera empresa que diseña macetas biodegradables para evitar residuos en la replantación de árboles y así acabar con la contradicción que supone usarlos en estos proyectos

A. HERRANZ

Plantar árboles para compensar la huella de carbono es una de las acciones que más de moda está entre las empresas. Pero estas acciones para intentar solucionar un problema pueden generar otro: qué hacer con los residuos (de plástico, mayoritariamente) de macetas y pots (pequeñas bolsas donde se guardan las semillas antes de su plantación).

«Una de las cosas que más contradictorio me pareció cuando empezamos a desarrollar este tipo de proyectos era la gran cantidad de plásticos que se utilizan para reforestaciones, sobre todo a gran escala», confiesa Fernando Cervigón, fundador de la ONG Trees 4 Humanity.

Implicado también en la investigación de materiales alternativos al plástico, decidió intentar buscar una solución a esta paradoja y hacerlo en el entorno más cercano a los proyectos en los que hace las reforestaciones. «Nuestra filosofía es que siempre hay que dotar a las comunidades locales de las herramientas y infraestructuras necesarias para que sean ellas mismas capaces de generar un impacto a largo plazo y de manejar sus propios recursos naturales», explica Cervigón

Plataneras, abejas y setas

Es así como en cada localización se realizan diferentes proyectos para un mayor impacto local. Así, por ejemplo, en las zonas del norte de España, se apuesta por implicar la polinización mediante abejas o la introducción de hongos en la plantación de castaños para que produzcan setas antes incluso de que el árbol pueda dar castañas. Ambas propuestas buscan también dar más oportunidades de empleo y económicas a las zonas de la España despoblada.

Mientras, en Uganda se ha llevado a cabo uno de los proyectos de mayor repercusión internacional. Aprovechando las hojas secas de las plataneras, Trees 4 Humanity ha sido capaz de hacer macetas compostables y dar empleo a más de 2.000 mujeres, encargadas de tejer y manipular de forma artesanal estas hojas para convertirlas en macetas.

Según Fernando Cervigón, pese a ser un sustento familiar, las mujeres en Uganda están poco visibilizadas. «Una de las cosas que he aprendido de estos proyectos es que en estas zonas de África, en las que hay mucho desempleo, los hombres tienen una tasa de alcoholismo tremendo. Las mujeres tienen una capacidad de trabajo y una seriedad mucho mayor. Están muy orgullosas de sus habilidades de artesanía y empezaron a fabricar estos pots artesanales biodegradables, lo que acabó generando un impacto inesperado que, para mí, es casi el más importante: estamos generando una fuente de ingresos y empleos en grupos de mujeres en exclusión social», señala. Y, además, evitando la generación de residuos de plástico.

Una visión con triple propósito

Este proyecto piloto llevado a cabo en Uganda permitió a la ONG comprobar que el sistema funcionaba y era escalable. «Tuvimos la suerte de convencer a organizaciones internacionales importantes para que financiaran la prueba a gran escala de este sistema«, reconoce este emprendedor, quien asegura que otras organizaciones medioambientales se mostraron escépticas respecto a la viabilidad de esta propuesta.

«Ahora nos están pidiendo que les ayudemos a implantar este sistema», que ha conseguido plantar dos millones de árboles usando las hojas de las plataneras como macetas.

En estas últimas, en función del número de capas que se pongan de hojas de platanera, se aumenta o disminuye el tiempo necesario para realizar la plantación. «Simplemente con dejar un centímetro de separación entre los posts cuando están en el espacio donde germinamos todos los árboles tenemos todos los plantones», que tienen que estar germinando durante los meses necesarios para adquirir el tamaño necesario para poder ser transportado.

Un proyecto abierto

El fundador de Trees 4 Humanity explica que ahora se está trabajando para poder replicar este sistema en otros proyectos y localizaciones, como el Amazonas o el sudeste asiático. «La idea es que se adapte al material que más sentido tenga en cada sitio; hoja de caña, cortezas de árbol… Estamos viendo distintos materiales que se adaptan a distintas zonas», relata.

Además, se trata de un proyecto abierto para que otras organizaciones puedan beneficiarse de este sistema y aumentar el impacto que genera, algo importante en las comunidades locales.

Las macetas biodegradables como alternativa al plástico.

Una motivación más allá

Aunque muchas empresas que se interesan por sus proyectos para colaborar con el interés de compensar su huella de carbono (aunque asegura que también hay otras conocedoras de todo el impacto de su propuesta), asegura Cervigón que siempre hay una motivación mayor.

«Estamos desarrollando proyectos en Borneo y en Papúa para proteger al orangután en el sudeste asiático. Estamos muy involucrados en la lucha contra el furtivismo y contra el tráfico ilegal de especies...», enumera.

Por eso, defiende que aunque las empresas puedan usar sus recursos para esta absorción del CO2 -«es la forma que entendemos que es más sencilla por parte de la empresa o del cliente final de sentirse involucrado y medir de forma cuantitativa su impacto», precisa-, sus proyectos se hacen siguiendo siempre su filosofía.

«No se trata solo de llegar a un sitio y lanzar semillas o plantar árboles. Es un proyecto de regeneración, teniendo en cuenta todas las piezas que forman ese ecosistema», defiende.

«Un 15 o un 20% del impacto son los árboles, pero luego tienes la reintroducción de las especies que han desaparecido, la creación de corredores forestales para permitir el tránsito de las especies y que no se extingan en los hábitats, la reintroducción de flujo del agua, trabajar con las comunidades locales…», desgrana.

Así, sus proyectos medioambientales no solo implican trabajar con animales o con plantas, sino con personas. «El ser humano forma parte de la naturaleza y para mí es básico», concluye.