Pirineo nevado. / Archivo

España puede perder la mitad de la nieve en tres décadas

El turismo de esquí se enfrenta a la desaparición paulatina del manto nivoso por el aumento de las temperaturas, 1,2º desde 1960

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Trineos, esquís, raquetas o forfaits, el turismo de nieve es una importante fuente de ingresos para los sistemas montañosos de España. Las plazas hoteleras que viven de este sector económico rozan las 200.000 y la media de ingresos son 110 millones de euros. Pero, al igual que ocurre con el manto blanco que cubre las cimas de la Península Ibérica, este tipo de turismo se derrite.

La nieve está desapareciendo de las cumbres nacionales. «Hay que mirarlo en tendencia y en los últimos 30 años, sí que se ha producido una disminución de la nieve en un 15%», responde Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante. Un fenómeno que no es particular de España, sino que afecta a todo el planeta.

Por primera vez en la historia, los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados este mes de febrero en Pekín (China) no contaron con nieve natural, fue 100% artificial. Una situación que será habitual en el futuro, según la Universidad de Waterloo (Canadá), ya que «para 2080 muy pocas de las ciudades que ya han sido anfitrionas de los Juegos Olímpicos de invierno reunirán las condiciones necesarias para volver a albergarlos».

«La temperatura media de los Pirineos desde 1960 ha aumentado en 1,2ºC»

Juan Terrádez Mas

investigador del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático

La principal causa de esta incertidumbre es el cambio climático. «Esta es una de las causas del proceso de calentamiento que está sufriendo la Tierra», advierte Olcina. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en uno de sus informes señala que la temperatura media de España ha crecido 1,3ºC en los últimos 60 años.

«En los Pirineos desde 1960, el crecimiento promedio está en los 1,2ºC», avisa Juan Terrádez Mas, investigador del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático. «De hecho es más pronunciado en la cara sur (la española)», añade.

Ecosistemas centinelas

Las áreas de montaña han sido identificadas como regiones muy vulnerables al impacto del cambio climático. «Las estaciones españolas por debajo de los 2.000 metros podrían desaparecer o reconvertirse hacia otras modalidades turísticas por falta o escasez de nieve», alerta el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico en el informe Impactos y Riesgos del Cambio Climático en España.

«Todas las predicciones con las que trabajamos, y son más de una veintena, van en esta dirección», comenta Terrádez. «Es más se va a acentuar y se prevé que para 2050 el espesor y la cantidad de nieve se reduzca a la mitad si no cambia el régimen de temperaturas», alerta.

«Las estaciones españolas por debajo de los 2.000 metros podrían desaparecer o reconvertirse hacia otras modalidades turísticas por falta o escasez de nieve»

Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico

Un informe del Observatorio de Sostenibilidad apuntala este escenario. «Por zonas geográficas el mayor incremento térmico se ha registrado en áreas montañosas, en áreas elevadas de las dos mesetas y en zonas de baja montaña litoral de la cornisa cantábrica y Galicia».

«La temporada de conservación de la nieve se va reduciendo cada vez más», explica Olcina. «El manto nivoso se está derritiendo cada vez más pronto y eso se refleja en los ríos, cuyo caudal se ha reducido al 50% en algunos tramos del año», apostilla el investigador del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático.

Esta desaparición no se debe a la falta de precipitaciones, sino «a la subida de temperaturas», recalca nuevamente Terrádez. Según los datos históricos en poder del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático, «las precipitaciones solo se han reducido un 2%». Eso sí, «llueve muy concentrado y en temporadas que antes no lo hacía», aclara el investigador.

Un problema económico y, especialmente, medioambiental. «Los Pirineos tienen un gran ecosistema centinela», revela Terrádez, y «son muy sensibles a los cambios y son los más meridionales del continente europeo».

Este problema se refleja en los glaciares, «bueno, más bien hay que hablar de neveros». La superficie de este agua congelada se ha reducido en un 55% «desde 1983», narra este investigador. El otro centinela pirenaico -recuerda Terrádez- son las turberas.

tipo de humedal «ofrece un importante servicio ecosistémico», comenta. Un proceso natural que fija el carbono atmosférico y absorbe el CO2 y lo mantiene como materia orgánica en el subsuelo húmedo. «Sin embargo, por culpa del calentamiento se están secando y van a pasar a emitir CO2 en lugar de capturarlo», alerta el investigador pirenaico.

La huella del hombre

Todas estas alertas ya son visibles en la cara sur de los Pirineos, pero «el cambio climático no actúa solo, trabaja en conjunción con las actividades del hombre», puntualiza Terrádez. La caída de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas son responsables del cambio del paisaje en las altas montañas españolas, pero «no hay que olvidar las actividades antrópicas», avisa.

El cambio del uso de la tierra también ha dejado su impacto en las faldas de las cumbres de la Península Ibérica. «La ganadería en los ibones pirenaicos, el baño en lagos y la reforestación sin control están afectando al ecosistema pirenaico», señala Terrádez.