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Niño con tablet. Fundación Telefónica Chile
Ordenadores o libros: la lucha del colegio del futuro

Ordenadores o libros: la lucha del colegio del futuro

ODS 4 | Educación de calidad ·

El caso sueco ha abierto el debate sobre qué impacto tiene la tecnología en la educación. Sin embargo, las herramientas tecnológicas permiten personalizar las clases y abren nuevas oportunidades educativas

Raquel C. Pico

Miércoles, 14 de junio 2023, 05:56

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Si hacemos el juego futurista de imaginar cómo será el mundo del mañana, pensaremos en una sociedad entregada a la tecnología. Las pantallas estarán por todas partes y las herramientas 'tech' servirán para todo. Es una proyección lógica, puesto que estas soluciones ya tienen un elevado protagonismo en nuestro día a día. Los colegios no están al margen de la sociedad y sus cambios y, por eso, la escuela del mañana también nos la imaginamos llena de estas soluciones.

Al fin y al cabo, la tecnología ya ha llegado a las clases y los estudiantes ya aprenden con apps, tabletas y ordenadores. El 78% del profesorado español —tanto en primara como en secundaria— cree que la digitalización de las aulas crecerá en los próximos 3 años, como revela un reciente estudio de Epson. Eso sí, para un 64%, llegar a ese punto será un reto. Aunque un 60% de los encuestados considera importante aumentar el uso de tecnología para lograr un aprendizaje híbrido, un 51% reconoce que no está «entrenado tecnológicamente» para afrontar la transformación digital en el colegio.

De forma paralela, algunos movimientos han comenzado a poner en tela de juicio qué papel debe ocupar la tecnología en la escuela. En Silicon Valley, el epicentro del desarrollo tecnológico, han ido emergiendo durante la última década escuelas para los hijos de sus élites que posicionan como reclamo la ausencia de tecnología en el aula. Además, el reciente y viral caso sueco —donde se estudia la relación de tecnología con los malos resultados en un test de compresión lectora— ha incentivado el debate en Europa. ¿Son las pantallas un lastre para las capacidades de aprendizaje?

Acusar simplemente a las pantallas parece, eso sí, demasiado simple. Desde Edutech, el clúster que agrupa a empresas y entidades del sector TIC y educación, recuerdan que Suecia no ha abandonado la digitalización, sino que ha pedido a un grupo de expertos que analice qué cambios debería hacerse en el proceso. Y, como explica Sylvie Pérez, psicopedagoga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), «no es que retiren toda la tecnología», sino que más bien han puesto el desarrollo de nuevas ideas en compás de espera

Pero ¿por qué estos resultados? ¿Es una cuestión de tecnología o es algo más complejo? Al fin y al cabo, los datos sí muestran que la comprensión lectora ha caído (y no solo en Suecia). Pérez recuerda que, aunque lo que se mide es cómo se lee, esto se evalúa a través de la expresión escrita (lo que abre otro punto de análisis, porque leer y escribir no son exactamente lo mismo), pero también enmarca estos datos en un contexto más amplio en el que niños y niñas están mostrando un desarrollo más lento marcado, quizás, por un entorno más protector.

«Tanto el análisis de las causas de la disminución en la comprensión lectora como el impacto de la tecnología en las aulas son preguntas muy complejas que merecen respuestas serenas y reflexionadas», apunta, por su parte, Josep Lluís Segú, miembro de la Junta Directiva de Edutech Clúster.

El papel de la tecnología

En cierto modo, el problema de partida podría no estar tanto en la tecnología sino en qué se hace con ella. «Utilizar tecnología en las aulas no significa que los niños estén cinco horas al día en la escuela delante de su ordenador o tableta», señala Segú. «El debate debe ser qué tecnologías, cómo usarlas y para hacer qué. Debemos centrar el debate en cuál es la mejor manera de utilizar la tecnología en los centros educativos», añade.

La escuela digitalizada —que no es exactamente una escuela sin libros, sino una en la que hay más herramientas que los completan— implica hacer una transformación que va más allá de sumar 'gadgets'. Supone plantearse cómo se hacen las cosas y cómo se transmite la información a los escolares. «Si incorporas pizarras digitales para hacer lo que con un libro, no hacen falta», ejemplifica Pérez. Es decir, la tecnología no es solo un soporte, sino que funciona como una herramienta que abre nuevas posibilidades educativas. «¿Qué mejor manera de entender lo que pasa dentro de un volcán que entrando en un volcán en erupción? Ver y oír lo que pasa dentro», aporta Segú.

«Una utilización inteligente de la tecnología por parte de profesorado y alumnado mejora los resultados educativos»

Josep Lluís Segú

miembro de la Junta Directiva de Edutech Clúster

«La tecnología también sirve al profesor para mejorar las clases», añade Sylvie Pérez, con recursos, información o abriendo la posibilidad de compartir con otros todos estos elementos. En esta línea apuntan también desde Edutech. «Una utilización inteligente de la tecnología por parte de profesorado y alumnado mejora los resultados educativos», explica Josep Lluís Segú.

Incluso, las buenas prácticas tecnológicas impactan en otras áreas. «La tecnología está permitiendo que haya una democratización del aprendizaje», indica Pérez. De entrada, facilita el aprendizaje de casi todos los niños que tienen dificultades para hacerlo, por una razón o por otra. Gracias a la tecnología se puede hacer algo tan simple pera tan fundamental como jugar con el tamaño de las tipografías y llegar mejor a aquellos escolares con dificultades de visión. Las apps en tablet simplifican la comunicación con niños con trastornos del espectro autista.

Y, sobre todo, estas herramientas son fundamentales para personalizar el trato a los alumnos, para que el profesorado pueda adaptarse a las necesidades de aprendizaje de sus escolares y lograr que nadie se quede atrás. «Hay gente que lo va a entender leyéndolo, habrá alumnos que necesiten esquemas y otros que se lo enseñes en un vídeo», explica Pérez. «Cuantas más herramientas tengas, mejor llegarás a los alumnos», añade. No es hablar de una educación a la carta, sino de una en la que todos puedan encontrar la vía para llegar a lo que necesitan aprender. «La tecnología permite que cada alumno progrese en una competencia según su capacidad y ritmo de aprendizaje», explica Segú. «Permite adaptar el trabajo autónomo de cada alumno en función de las respuestas anteriores o de las ayudas solicitadas para resolver cada reto», suma.

«La tecnología está permitiendo que haya una democratización del aprendizaje»

Sylvie Pérez

psicopedagoga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC)

Pero, por supuesto, la tecnología no necesita estar en todas partes y en todo momento. Ese es uno de los problemas de partida, como señala Pérez, en lo que se le exige al profesorado. Cuando se incorpora la tecnología como una suerte de concepto total —esa idea de digitalizar todas las clases—, se añade presión al trabajo diario en los colegios y se pierde ese punto clave de que la tecnología aportará algo más. Como recuerda la experta, se puede usar un juego digital para enriquecer la clase de historia y luego volver a los métodos de siempre en lengua castellana. «La tecnología no es un fin en sí misma. Debe estar siempre al servicio del proceso de enseñanza-aprendizaje. Ayudar en la tarea docente sin interferir», asegura Segú.

El mundo del S.XXI

Finalmente, el debate no puede obviar otra cuestión fundamental, que es que el mundo actual está dominado por esas herramientas. «La tecnología es la nueva alfabetización», añade Segú. «Está totalmente presente en nuestras vidas por lo que el alumnado debe aprender a utilizar correctamente la tecnología durante su etapa de formación reglada», suma. Cerrarse a usar la tecnología en la escuela implica eliminar algo tan habitual como «poner un vídeo educativo», como recuerda Pérez. «Atacamos las modalidades, pero el problema no es ese», reflexiona la experta. «Lo nocivo no es el móvil, puede serlo cómo lo uso», señala.

De hecho, para los expertos en educación, el debate es más que la presencia y uso de la tecnología, las ramificaciones que puede tener quién usa qué, cómo y dónde. Segú apunta que uno de los riesgos que más les preocupan de los usos de la tecnología —junto con la utilización inadecuada— es la inequidad. «La tecnología no debe incrementar la inequidad entre alumnos y centros educativos, debe compensarla, minimizarla», indica.

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