Impulsar la educación ambiental para proteger los derechos humanos

En el Día de los Derechos Humanos celebramos que el medioambiente ha pasado a engrosar el listado de a los que todo ser humano debe poder acceder

NIEVES REY

El 10 de diciembre de 1948, en la ciudad de París, tenía lugar un acontecimiento histórico que cambiaría el rumbo del mundo tal y como se conocía hasta entonces: la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de las Naciones Unidas. Este documento, de apenas 30 artículos, establecía los cimientos para que los derechos de carácter civil, político, social, económico y cultural empezaran a considerarse como fundamentales a lo largo y ancho de todo el mundo.

73 años han pasado desde entonces y no se me ocurre mejor noticia -como organización ambiental que es Ecoembes- para celebrar esta efeméride que la reciente aprobación como derecho humano el vivir en un medioambiente limpio, saludable y sostenible.

O, lo que es lo mismo, el medioambiente ha pasado a engrosar ese listado de derechos básicos –que la Constitución Española ya contempla en su artículo 45- a los que todo ser humano debe poder acceder.

Una decisión que, en palabras de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, debía servir “como trampolín para impulsar políticas económicas, sociales y ambientales transformadoras que protejan a las personas y a la naturaleza”.

De esta forma, a través de esta declaración, la ONU daba un paso adelante para, de alguna forma, comenzar a mitigar el daño infligido por los efectos del cambio climático a millones de personas en todo el mundo. Y es que las cifras hablan por sí solas: según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), cada año más de 20 millones de personas deben abandonar su hogar y trasladarse a otros lugares de residencia por los peligros causados por la creciente intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos, como lluvias torrenciales, sequías prolongadas, desertificación, degradación ambiental, ciclones o, incluso, el aumento del nivel del mar.

Sin embargo, tras la euforia inicial de la declaración, surge una pregunta esencial: ¿qué medidas podemos impulsar para hacer realidad, de manera rápida y efectiva, el derecho a un medioambiente saludable? Es decir: ¿qué hay que hacer para pasar de la teoría a la práctica?

Posiblemente para ti, lector de estas líneas, sean los políticos los que tienen que dar respuesta a ese interrogante y, aunque no te falte razón, no estás del todo en lo cierto: cada uno de nosotros, a todos los niveles, tenemos el poder -y, hablando de derechos, también la obligación- de promover acciones que sumen en la consecución de ese medioambiente sano tan necesario para nuestro mundo.

De hecho, todo logro es fruto de un trabajo colectivo en el que cada uno aportamos la parte que nos corresponde. Para muestra, la inclusión del medioambiente sano como derecho fundamental, que es resultado de los esfuerzos que numerosas organizaciones de la sociedad civil -incluidos grupos de jóvenes, instituciones nacionales e internacionales de derechos humanos o colectivos a favor de un medioambiente sano- han promovido durante décadas.

Otro ejemplo admirable de perseverancia y compromiso con el entorno es el realizado por los miles de docentes y educadores ambientales que trabajan diariamente por inculcar valores de respeto por el medioambiente. Cada uno de ellos ha sido consciente de la importancia que la educación ambiental tiene para preservar y cuidar el entorno que nos rodea, trabajando porque los más pequeños comprendan que todos nosotros tenemos nuestra parte de responsabilidad en esa tarea.

Un trabajo paciente, diario, perseverante y necesario que, poco a poco, está dejando poso entre sus alumnos y alumnas, pero también entre sus madres y padres: el 90% de los progenitores piensan que los temas medioambientales deberían tener mucha o bastante importancia en la formación y enseñanza de sus hijos e hijas, según un estudio realizado por More Than Research para Naturaliza, nuestro proyecto de educación ambiental con el que también queremos sumar en esa necesaria tarea de llevar el medioambiente a las aulas y sacar las aulas al medioambiente.

Así, gracias a pioneros como estos docentes y educadores ambientales, la sociedad ha comenzado a entender que conceptos como la educación ambiental deben formar parte de nuestro día a día, logrando incluso ser el impulso definitivo que movilizará también a las instituciones.

Ejemplos de ello son la nueva Ley de Educación o el Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad en España 2020-2025 (PAEAS), sin olvidarnos de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (la primera de este calibre aprobada en nuestro país), textos que se esfuerzan por definir las líneas con las que transitar hacia una educación ambiental que llegue al conjunto de la sociedad con el fin último de educar para prevenir, educar para conocer, educar para vivir.

Llegados a este punto, para que todos nosotros podamos disfrutar de ese nuevo derecho a un medioambiente sano, primero es necesario que sepamos cómo y por qué hacerlo. Y, para hacerlo posible, la educación ha de convertirse en una Carta Magna de obligado cumplimiento.