Los españoles están poco dispuestos a sacrificarse para frenar el cambio climático

La mayoría no respalda subidas de impuestos de carburantes y matriculación o la prohibición de los diésel para acelerar la transición verde

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

Cuando la conversación se mantiene en un plano abstracto y social, casi de tertulia de café, los españoles mantienen un altísimo consenso sobre la gravedad del fenómeno del cambio climático y sobre la necesidad de que el Gobierno, todas las instituciones y las empresas le den la máxima prioridad a las políticas para frenar y revertir el calentamiento global.

Sin embargo, un estudio pionero de Esade y la Universidad Carlos III demuestra que cuando se pasa de las musas al teatro, cuando se trata de determinar cuántos sacrificios está dispuesto a hacer cada español por reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y acelerar así la transición verde el activismo ecológico se diluye y el compromiso cae a mínimos.

La macroencuesta realizada por estos expertos, la primera que trata de testar en profundidad las posturas de los españoles sobre la transición verde, indica que, en el plano teórico, para mayoría el calentamiento global tiene una gravedad de 8,3 sobre 10, es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el mundo y exige por parte de todos medidas valientes, incluidas subidas de impuestos a empresas y ciudadanos para fomentar un modelo de vida más sostenible.

Pero el grado de compromiso personal comienza a flaquear cuando se pregunta si se está dispuesto a renunciar a libertades individuales para aumentar la eficacia en esta lucha planetaria. Hay tantos que no están dispuestos a tocar sus libertades, 37%, como los proclives a asumir casi cualquier sacrificio (36%), con el otro 47% en la zona templada de los que no se cierran a limitar en parte sus derechos, pero según qué y según para qué.

La hora de la verdad llega cuando se le pregunta a cada uno si está dispuesto a apoyar determinadas políticas públicas enfocadas a minimizar la quema de combustibles fósiles en el transporte, foco de producción de CO2, y a reducir otras emisiones notables de gases de efecto invernadero, como las generadas por la ganadería, en especial por la de vacuno.

Más de las dos terceras partes se oponen a que se suban los impuestos sobre la carne y la gasolina (para desincentivar el consumo) y el 43% rechaza que se encarezca la matriculación de coches no eléctricos de gran tamaño, como los SUV, entre los más contaminantes. Lo mismo ocurre con las prohibiciones. El 55% dice no a vetar la venta de diésel (grandes emisores) y se niega a prohibir la oferta de carne que no venga producción ecológica. La única medida de las que barajan en la transición ecológica y que tiene un respaldo notable, del 46%, es el cierre de las macrogranjas.

El voto y el sexo importan

Esta capacidad de sacrificio del estilo de vida por aumentar la eficacia y rapidez de la transición verde varía notablemente si se segmentan las respuestas por extracción ideológica o socioeconómica. Las personas dispuestas a hacer más sacrificios personales y monetarios por frenar el cambio climático son votantes de Unidas Podemos y del PSOE. La postura contraria prevalece entre los que apoyaron en las pasadas generales a Vox y al PP.

Si lo que se mira es el género, las mujeres son las que más se implican en la lucha contra el calentamiento global y las más dispuestas a sacrificios, y si se observa la edad, son los menores de 35 años los más comprometidos. Los hombres maduros son los más refractarios a cambiar su forma de vida y a pagar más impuestos y entre los que dan mayores negativas destacan los de las clases medias y trabajadoras.

Por tamaño de los municipios hay algunas diferencias, pero en el aspecto en el que las localidades de menos de 50.000 son más reacias es en la hipotética prohibición de los vehículos con motor diésel, el tipo de combustible más usado tanto en el trabajo como en la movilidad en los pueblos y la España agrícola y rural.