Pobreza en las calles españolas. / Archivo

¿Cómo se calcula la pobreza en nuestra sociedad?

España es uno de los países con la mayor tasa en la Unión Europea

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

9,6 millones de españoles son pobres. Esa es la última cifra publicada por la Unión Europea, con datos de 2019, de la situación económica de las familias de nuestro país. Con estos números, España (con algo más de un 20%) escala hasta el quinto puesto entre los socios comunitarios, según Eurostat. Pero esta tasa cambia si se mira otro indicador, el que arroja el informe AROPE (siglas en inglés de At-Risk-Of Poverty and Exclusion). Este eleva el porcentaje hasta un 26,4% de pobreza al medir también el riesgo de exclusión social. En total, esta condición afectaría a 12,5 millones de personas, más que lo estimado por la UE. ¿Cuál es la cifra real? ¿Cómo se calcula este concepto? ¿Qué significa realmente ser pobre en términos estadísticos?

«Es complicado», responde Juan Carlos Llano, responsable de Investigación de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) y coordinador del Informe del Estado de la Pobreza en España. El cálculo es complejo debido a que en él confluyen múltiples factores y diversas fórmulas.

A finales de los años 90, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desarrolló el índice de pobreza (IPH) y que fue actualizado en 2010 y adaptado a las dos principales realidades del planeta: el IPH 1 para los países en vías de desarrollo y el IPH 2 para los países de la OCDE seleccionados. «No es lo mismo ser pobre en España, que en Suiza o en Burundi (África)», responde Llano.

Actualmente Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, fija el umbral de pobreza en el 60% de la mediana de la distribución de los ingresos por unidad de consumo (6.417 euros al año). «El que tiene unos ingresos menores que esa línea es pobre y el que no, no lo es», revela Llano. Sin embargo, «hay detalles técnicos que infravaloran la pobreza», añade. «En Unicef consideramos que el gasto de un niño en un hogar está minusvalorado», denuncia Gabriel González-Bueno, experto en pobreza infantil de Unicef en España.

«En la actualidad hay detalles técnicos en los cálculos que infravaloran la pobreza»

JUAN CARLOS LLANO

Responsable de Investigación de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES)

Esta fórmula nace de aplicar a los hogares el concepto de economías de escala y «acepta la hipótesis de que el gasto conjunto de varias personas que residen en un mismo hogar es inferior al que tendrían cada uno por separado», explica el responsable de investigación de la EAPN-ES.

Para el cálculo europeo, Europa valora a la primera persona del hogar como 1 unidad de consumo, a los restantes adultos (para esta cuestión se consideran adultos a personas de 14 años o más) con 0,5 unidades de consumo cada uno y a los menores con 0,3 unidades de consumo cada uno.

Por ejemplo, un hogar con dos adultos y dos niños tiene 2,1 unidades de consumo equivalente. Así, se supone que el segundo adulto de un hogar consume la mitad que el primero y que un menor consume algo menos de un tercio de lo que lo hace el primer adulto. «Eso no es real, los que hemos tenido y tenemos menores sabemos que no consumen un tercio que un adulto, muchas veces es más», apostilla Llano.

¿Medición real?

En pleno siglo XXI, pobreza es todavía sinónimo de problema económico, aunque en realidad es «incapacidad de vivir con dignidad», puntualiza Llano. «Eso en la tasa no se refleja», añade.

En la búsqueda de un indicador más realista, la ONU construye su índice de pobreza humana (IPH) en tres pilares: una vida larga y saludable, conocimiento, y un estándar decente de vida.

Los parámetros principales son, por un lado, la probabilidad del país de no superar los 40 años de vida (60 en los países de la OECD) y, por otro, la tasa de analfabetismo adulto; en los países en vías de desarrollo. El tercer parámetro hace referencia al promedio no ponderado de la población sin acceso sostenible a una fuente de agua tratada y niños bajo peso para la edad.

Sin embargo, en los países de la OECD, ese tercer pilar corresponde a la población por debajo de la línea de pobreza, además, se agrega un cuarto valor: la tasa de desempleo de largo plazo.

En 2020, 4,5 millones de personas en España vivía en situación de pobreza severa, casi el 10% de la población total

En la misma línea trabaja el indicador AROPE de riesgo de pobreza y/o exclusión social que recoge una visión multidimensional de este concepto en la que también se contabiliza la población que se encuentra en riesgo de pobreza, con carencia material o con baja intensidad en el empleo.

Por su definición ser pobre significa no disponer de los recursos materiales, culturales y sociales necesarios para satisfacer las necesidades básicas y quedar excluido, por tanto, de las condiciones de vida mínimamente aceptables para el Estado o territorio en el que se habita.

El pasado 2020, 4,5 millones de personas en España, lo que supone el 9,5% del total de la población vivía en situación de pobreza severa. Un número que establece la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE). Según los datos de julio de este año, el umbral de renta para considerar que un hogar está en pobreza severa es de 6.417,3 € por unidad de consumo al año; es decir, cada persona debe sobrevivir con menos de 281 € mensuales para el caso de una familia con dos adultos y dos menores, y con menos de 535 € al mes si vive sola.

«Esta encuesta solo toma en cuenta las personas que viven en viviendas familiares y quedan fuera todas aquellas que viven en residencias, albergues o sin hogar, lo que tiene como consecuencia que muchas personas en extrema pobreza queden fuera de la muestra y no se tengan en cuenta», rebate Llano.

Con este presupuesto, esas personas tienen que cubrir todas sus necesidades: vivienda, alimentación, ropa, educación de los hijos e hijas, salud, energía y ocio, entre otras.

Esta información se enmarca en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 1.

Unicef: «Vamos lentos en la reducción de la pobreza»

Una de las metas del ODS 1 busca «reducir al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños y niñas de todas las edades que viven en la pobreza en todas sus dimensiones con arreglo a las definiciones nacionales en 2030». «Vamos muy lentos», asegura Gabriel González-Bueno, experto en pobreza infantil de Unicef en España.

La pobreza infantil en España alcanza el 27,4%, lo que supone una de las tasas más altas, según los datos recogidos por Unicef. «Durante la última década el riesgo de pobreza infantil ha sido mayor que el riesgo de pobreza de los adultos», aseguran los informes de la organización.

Cifras que, de momento, no tienen en cuenta el impacto de la Covid-19. «Sabemos que ha tenido un impacto y a pie de calle se ha notado ese efecto, pero los datos no los reflejan aún», revela González-Bueno en conversación telefónica.

La ONG señala que, ya en 2008, los hogares con hijos sufrieron especialmente los efectos de la crisis económica: las familias quedaron fuertemente sobrecargadas y creció no solo la pobreza infantil, sino también su cronicidad y su correlación con la pobreza material. Esto se debió, a su juicio, por la carencia de una red estable de garantía de rentas. «El impacto fue muy permanente, porque la reacción de las políticas públicas fueron muy duras, porque cayó la protección social de la infancia en un 30%», recuerda. «El zarpazo de la Covid-19 ha sido fuerte, pero no ha habido retirada de la protección social como en la anterior crisis», sentencia.