Sala de la Fedac

Piezas únicas cargadas de pasión

19/06/2017

La Sala de la Fedac, ubicada en la calle Domingo J. Navarro de la capital grancanaria, sirve a los artesanos de la isla para darse a conocer, para mostrar sus trabajos, charlar con los posibles clientes y enseñarles a apreciar las piezas que de forma totalmente artesanal elaboran. Hasta final de mes una tejedora y una ceramista ocupan este espacio.

Las Palmas de Gran Canaria

De las manos de Ulrike Güse salen unos bellos chales producto de años de aprendizaje, de horas y horas de amor, paciencia, pasión y dedicación. Hasta el día 30 estará con su telar, sus hilos y lanas, en La Sala de la Fedac. Alemana de nacimiento, residente en la capital grancanaria desde finales de los 90, Ulrike, bajo la firma Ulitasloom, comercializa piezas únicas que destacan por su colorido, por sus sencillos pero llamativos diseños. Presume Ulrike de que ha tenido grandes maestras, buenísimos profesores que la han hecho crecer como tejedora. «No quiero presumir», dice, y señala sus chales. Ellos hablan por sí solos.

Procedente del mundo de la serigrafía, apunta que «siempre he trabajado con mis manos, necesito un resultado palpable al final del día, es muy importante para mí». Y quizás esto enlace con la tradición europea de trabajar las labores del hogar, de saber coser, tejer o cocinar, algo que se aprende desde la escuela, unos estudios que se pueden ampliar. Cuenta Ulrike que una vez en Gran Canaria, allá por 1998, necesitaba ampliar lo que hasta entonces eran «mis pinitos». «Necesitaba un hobby y me apunté a la Universidad Popular en La Isleta, de ahí salió el primer telar propio de mi vida», más cursos, más aprendizaje con maestras de la talla de Bárbara Dolores Suárez o Nilia Bañares, de tal manera que «el hobby se convirtió en mi profesión y en mi pasión».

En ese crecimiento personal y profesional esta tejedora ha ido experimentado con materiales y formas. Así, todos los materiales que utiliza están tintados de forma artesanal, con cochinilla, por ejemplo, que está ganando terreno de nuevo en Gran Canaria para varios usos. «En el textil es algo marginal su utilización, pero ofrece gran riqueza de color, desde el púrpura al rojo vino pasando por el naranja». Además, Ulrique está «fascinada» por el peso histórico que tuvo la cochinilla en Canarias, por el poderío que supuso para el archipiélago durante siglos. Y el colorido que no aporta la cochinilla se lo dan otros plantas. «En la naturaleza todo lo que tiene aroma o es medicinal, tiene color». Es el caso de las hojas de olivo de Santa Lucía, que dejan su rico aroma en un chal, pero que, además, dejan huella. «El textil está ligado a un sitio concreto» para siempre, a unas manos y un lugar.

Influencia japonesa

Con formación académica especializada en la escultura, Rocío Torres ha crecido como ceramista después de muchos años de estudio, de libros, de viajes, de experimentos... pero, dice, «teniendo siempre la mente de un principiante». Solo así, con la disposición para aprender y evolucionar, es posible crecer. La cerámica de Rocío Torres evoca al Japón, un país y una cultura que le fascina «por su naturaleza, la ergonomía, los colores neutros», pero también influenciada por su hermana Elena, maestra de caligrafía japonesa. Elabora piezas tanto funcionales como decorativas, piezas únicas siempre, con alma, con historia, incluso con sonido. Platos y bandejas, máscaras, sellos de firma, campanillas de viento del buen deseo, cajas y cuencos forman parte de su producción. Recubiertos de esmaltes que invitan al sosiego, los objetos que elabora Rocío Torres bien sirven para decorar como para ser utilizados a diario, logrando hacer más armónico el día a día de quien los utiliza, se adivina. Advierte la ceramista que aunque «la gente sí valora las piezas únicas, con corazón», la mayoría de los consumidores «está acostumbrado a comprar barato» y en serie, sin preguntarse por el trabajo que hay detrás, por los trabajadores. Una tendencia que, opina, habría que cambiar.

arcadio suárez