Las venas abiertas

Las heridas de cemento

26/06/2018

Las heridas de cemento nunca cicatrizan. Una muestra podría ser Santa Brígida y ese agujero negro estético y social que supone la mole desnuda del mamotreto que mancha la entrada al pueblo; un error que podría repetirse en San Mateo con la construcción del nuevo mercado.

Y que podría triplicarse con la ampliación del muelle de Agaete, una destrucción implacable de aquel lugar en el que los poetas miraron al mar y que intenta convertirse en el último reducto de la protección del paisaje. Sobre el macromuelle dan sombra muchas incógnitas y una sola certeza, la agresividad de una cola de cemento que se desplegará por el mar de una forma innecesaria. Para una demanda que, sin hacer muchos números, no responde a una necesidad real del municipio y sus vecinos. Y que tendrá el tipo de interés más gravoso que se conoce en una hipoteca: la destrucción de la isla y su paisaje.

«Se está a tiempo de parar la destrucción de Agaete, que al norte no le pasé lo del sur»

Canarias vende como eslogan sus imágenes de postal y las bondades del clima, un todo en uno. Sin embargo, desde las coronas de sus líderes siempre se ha despreciado el paisaje y el ambiente. Se ha abogado por un crecimiento de gran consumo, por cemento y horterada a costa de comer territorio. Y en esas donde el Gobierno de Fernando Clavijo y Coalición Canaria se pone una nueva medalla, pariendo una Ley del Suelo que limita las barreras burocráticas a la destrucción de nuestro entorno.

Agaete tiembla, aunque se manifiesta con una dignidad que muchas veces se ha echado de menos ante otras afrentas urbanísticas. Ha dicho que no. Y al igual que cuando cinco miserables acorralan a una mujer sola por la noche, no es no. Se está a tiempo de parar la destrucción de Agaete. De dejar que el brillo del norte no se apague bajo la misma codicia que apagó el sur.