Entre los productos que se han encarecido figuran las frutas. / arcadio suárez

La escalada de la inflación dinamita los planes económicos

La espiral de precios obliga a revisar contratos y licitaciones públicas

CANARIAS7 / CLARA ALBA Las Palmas de Gran Canaria / Madrid.

La espiral inflacionista que vive la economía española -más acusada que la de otros países del entorno europeo- amenaza con dinamitar las expectativas de recuperación de la actividad productiva. El 6,7% de subida del IPC en tasa anual que se conoció esta semana es el mayor incremento en tres décadas y viene precedido de un alza del 5,5% en noviembre. La evolución del precio de la energía, que está lejos de contenerse, es clave en este proceso inflacionista, agravado también por la crisis de suministros a escala global y los problemas de logística del transporte.

Una inflación alta sostenida en el tiempo trastoca por completo los planes económicos, desbarata los presupuestos de las administraciones públicas y obliga a una continua revisión de las previsiones y las políticas. Otro de los efectos negativos es el impacto en las empresas que se encuentran con contratos o ante licitaciones que no incluyen cláusulas de revisión en función del IPC. Más aún si las expectativas de rentabilidad ya son escasas, pues entonces la inflación puede, por sí sola, convertir unos exiguos beneficios -si los hubiera- en pérdidas cuantiosas.

Sectores como el de la construcción ya han planteado a las administraciones la necesidad de revisar esos contratos y licitaciones que no incluyen la actualización del coste por las tensiones inflacionistas. Pero no es solo una demanda necesaria en el caso de los constructores, sino en el conjunto de la actividad productiva. De lo contrario, se estará desde el sector público poniendo en riesgo la capacidad de las empresas para ser un pilar de la recuperación.

Este año 2022 que acaba de comenzar presenta demasiadas incógnitas en materia económica por la incertidumbre en torno al fin de la pandemia. Precisamente por eso es vital que la actividad productiva no se enfrente a más piedras en el camino. Y la inflación es capaz, por sí sola, de bloquear ese camino.

Mientras llegan las medidas que contengan la espiral creciente, una solución que no será inmediata por la evolución del coste de la energía, se hace preciso que el poder público tenga en cuenta esta situación en su relación con las empresas privadas. Porque son estas las que crean empleo, lo mantienen en el tiempo y mejoran su calidad. Pero eso solo será posible si contratos y licitaciones se actualizan y se ajustan a la realidad.

Los efectos de la espiral inflacionista van mucho más allá. Seguidamente se añaden algunos de sus impactos.

La luz, en subida libre

La espiral alcista de los precios de la energía en el mercado mayorista seguirá siendo el principal quebradero de cabeza de los consumidores en el nuevo año. Así lo reflejan al menos las compraventas de electricidad que se están cerrando para esta primera semana de 2022 en el mercado de futuros (en el que se compra y vende energía con plazos superiores a 24 horas). Esos contratos se están cerrando por encima de los 305 euros por megavatio hora (MWh) de media. Y para el primer trimestre la cifra ronda los 260 euros por MWh.

De hecho, no baja de los 200 euros (en términos trimestrales) hasta el segundo trimestre de 2023. Y la media para el conjunto de este nuevo ejercicio es de 222,03 euros. Con este panorama, resulta evidente que los precios del mercado mayorista encarecerán el precio final de la factura de los consumidores. Sin embargo, podremos seguir beneficiándonos de las medidas impulsadas por el Gobierno para minimizar el impacto, con la rebaja del 21% al 10% del IVA eléctrico para los consumidores hasta abril.

Comprar un coche, más caro

La crisis de suministros que ya golpeó en 2021 la venta de vehículos -que aún se encuentra un 33% por debajo de 2019-, también pesará en los precios de los coches este año. Además, desde el 1 de enero, todos los vehículos que emitan más de 120 gramos de CO2 por kilómetro pasarán a pagar el impuesto de matriculación, al finalizar la moratoria que rigió el mercado el pasado año. Según cálculos de Faconauto, el tributo encarecerá el precio medio de un turismo entre 800 y 1.000 euros.

Vuelos

El Gobierno aprobó hace unos meses mantener este año las tarifas actuales de AENA, lo que deja sin cambios los precios que finalmente pagan los pasajeros.

Sin embargo, el gestor aeroportuario ha propuesto notables subidas en otro tipo de servicios. Por ejemplo, en el 'fast track' que pagan las aerolíneas en los controles de seguridad, de 4 a 6 euros por pasajero. Lo mismo ocurre con el 'fast lane' (accesos preferentes), por el que hasta ahora se pagaba 1,61 euros por pasajero. La propuesta, aún sin aprobar, apunta a un cobro de 2,5 euros en el nuevo año.

Telefonía, contratos al alza

Los consumidores también sufrirán un nuevo incremento en su factura de telefonía e internet, pues es previsible que otras operadoras sigan a Movistar, que acometerá una subida de precios en febrero.

Salarios, subida para funcionarios

Los funcionarios disfrutarán este año de la subida del 2% pactada dentro de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2022. Sin embargo, el año comienza con el salario congelado para otros 1,5 millones de trabajadores, los que cobran la renta más precaria, al prorrogarse el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 965 euros mensuales en 14 pagas. Al menos, hasta que Gobierno y agentes sociales pacten la subida prometida hasta los 1.000 euros.

Pensiones

Con la entrada en vigor de la primera parte de la reforma de las pensiones se producirá un incremento del 2,5% en las cuantías de las pensiones contributivas (las que dependen de las aportaciones efectuadas por el trabajador a lo largo de su carrera) y las de las clases pasivas (funcionarios públicos).

Cuotas autónomos

Las cuotas a la Seguridad Social se elevarán entre 5 y 21 euros al mes, dependiendo de la base por la que coticen. Sumando el incremento de tipos de cotización del 30,3% al 30,6%, la cuota mínima será de 293,94 euros al mes, casi 60 euros más al año que en 2021. O, lo que es lo mismo, 4,96 euros más al mes.

La carne, la fruta y el aceite de oliva encarecen la cesta de la compra

Lo nunca visto. Hay que remontarse hasta marzo de 1992 para encontrar un dato de inflación más elevado que el 6,7% arrojado por el Índice de Precios de Consumo (IPC) adelantado del mes de diciembre. Aunque este indicador no desglosa aún los componentes que más han pesado en la subida -datos que se conocerán en unos días- el Instituto Nacional de Estadística (INE) sí ha adelantado que el precio de la energía y, en menor medida, el de los alimentos, son los principales factores que han provocado este acelerón. Y las previsiones apuntan a que aún tendrán que pasar unos meses para que el mensaje de una 'inflación transitoria' lanzada por los bancos centrales empiece a ser una realidad.

Hace solo unos días, el director general de economía y estadística del Banco de España, Óscar Arce, advertía de que el alza de precios sigue siendo la gran amenaza para la recuperación a corto y medio plazo por su impacto en el consumo privado.

El experto reconoce que «el dinamismo de la actividad se ha visto moderado» ante la compresión de las rentas de los hogares y empresas por el aumento de costes y de precios.

Con este telón de fondo, parece evidente que las familias seguirán notando la presión por el alza de los precios que en los últimos meses ha comenzado a filtrarse desde la energía hacia los alimentos. Tomando como referencia los datos de cierre de noviembre (últimos públicos disponibles), los aceites y la carne de ovino han sido los productos que experimentaron una mayor subida en 2021. En concreto, el alza entre enero y noviembre para el aceite de oliva fue de casi el 23%, mientras que el de la carne se acercó al 13,5%.

El precio de la fruta fresca también se disparó casi un 12% en el periodo, mientras que el del agua mineral, los refrescos y los zumos experimentaron un alza del 8,1%. De las subidas tampoco se libraron huevos y carnes de ave como la de pollo, con subidas del 5,5% y del 4,4%, respectivamente. Y el precio de otros básicos como la leche, el café o las legumbres y hortalizas también subió un 3,5%. Incluso el pan se ha encarecido un 2,6%.

En esta escalada, y según los datos recopilados por el INE a cierre de noviembre, solo tres productos de la cesta de la compra se libraron del repunte generalizado de los precios el pasado año: el pescado fresco y congelado, que se mantuvo estable durante el ejercicio; la carne de porcino, que bajó un 0,4%; y el azúcar, con un descenso del 1,4%.

En este complejo entorno, no son pocas las marcas que ya han anunciado un incremento en los precios de sus productos para 2022. No les queda otra para hacer frente a los costes que llegarán con el alza de la luz o la tensión en la cadena de suministros. «Solo el coste del transporte marítimo ha aumentado un 328% desde marzo. Y la inflación de materias primas en lo que va de año acumula una subida del 22,4%», recordaba recientemente Ignacio González, presidente de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc).

Con este panorama, y según una encuesta del Banco de España, un 60% de las empresas prevé subir sus precios a lo largo de este año para defender sus márgenes.

Marcas como Freixenet, Kraft Heinz o Heineken han sido las primeras en hacerlo oficial. Y aquí comienza el temido efecto dominó que no solo afectará a los productos que estas compañías venden en supermercados. La espiral alcista se trasladará a grandes clientes de la hostelería para llegar, de nuevo, al bolsillo de los consumidores.