El historiador británico Ian Kershaw, en Madrid, antes de la entrevista. / josé ramón ladra

Ian Kershaw | Historiador

«Putin se inspira más en Pedro el Grande y Catalina la Grande que en Stalin»

Este autor británico explora las biografías de los grandes líderes europeos del siglo XX en su libro 'Personalidad y poder'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

¿Son los grandes hombres los que construyen la historia o es la historia la que 'selecciona' a sus protagonistas? «Es una combinación de ambos factores, pero los grandes líderes aprovechan las circunstancias para dejar huella», resume el prestigioso historiador británico Ian Kershaw (Oldham,1943), que publica en España 'Personalidad y poder' (Crítica). El libro analiza cómo alcanzaron el poder, y cómo lo ejercieron, doce líderes políticos, entre ellos, Lenin, Stalin, Hitler, Churchill, Franco y Thatcher. Este catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield es el autor de la canónica 'Hitler. La biografía definitiva' y de obras clave para entender el siglo XX, como 'Descenso a los infiernos' y 'Ascenso y crisis'.

-¿Qué rasgos de personalidad comparten los grandes líderes?

-Todos los líderes del pasado, y también del presente. son egocéntricos, narcisistas y tremendamente ambiciosos. Tienen un nivel poco común de determinación, sed de poder, un objetivo ideológico claro, habilidades tácticas y oportunismo, y también falta de piedad y la habilidad de atraer a los individuos a su liderazgo para atraer una base de seguidores.

-¿Es Hitler el personaje que más impacto produjo en el siglo XX?

-Se podría hablar de Lenin o Stalin, pero el impacto de Hitler fue mayor que el de cualquier otra persona, teniendo en cuenta que fue desgraciado protagonista de los dos hitos más importantes del siglo, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. En la segunda mitad del siglo XX, Gorbachov sería el personaje más influyente.

-¿Qué rasgos comparten Stalin y Putin?

-Los dos son individuos despiadados, con visión clara y con metas muy específicas que persiguen con total determinación, y los dos han tenido interés en potenciar el poder de la Unión Soviética y de Rusia. Pero son individuos diferentes en eras difernetes y con objetivos diferentes. No todo se explica buscando paralelismos. Stalin era el líder de una Unión Soviética cuyo fin era luchar contra el fascismo. El objetivo de Putin es resucitar el Imperio Ruso y para ello no se inspira en Stalin, sino en Pedro el Grande y Catalina la Grande, dos emperadores del siglo XVIII.

-¿Zelenski es uno de esos casos en que las circunstancias construyen un gran liderazgo?

-Desde luego. Nadie tenía una opinión elevada de Zelenski antes de la guerra. Incluso era poco popular en su país. Pero ha sido una gran revelación. El mundo no tiene más que admiración por lo que ha hecho, aunque está por ver si puede transferir esas habilidades a una época de paz.

-¿Por qué Isabel II, que no detentó nunca un poder real, sí acumuló tanto poder simbólico?

-Precisamente por no tener poder político fue capaz de convertirse en una figura representativa como no hubo otra. No dijo una frase política en su vida, lo cual le permitió mantenerse al margen de los asuntos del día a día y no sufrir ninguna erosión. Ejemplificaba las características positivas de la sociedad británica, la unidad, la identidad, la estabilidad, la integración, pero todo desde un punto de vista puramente simbólico. Tenía un poder blando extraordinario. Yo no soy especialmente monárquico, pero el funeral fue conmovedor.

Franco

«La Guerra Civil o el papel de España en la Guerra Fría hacen que sea un personaje internacional»

-Usted afirma que, para muchos autores, Franco es un personaje periférico en la historia de Europa, pero lo elige entre los doce líderes que ha reseñado en el libro. ¿Cuál es su relevancia fuera de España?

-Reflexioné mucho sobre esa cuestión antes de escribir el libro. La Guerra Civil española fue más que un asunto español, hubo decenas de miles de voluntarios que vinieron a luchar y en aquel momento, se pensaba que la guerra española llevaría a una europea que finalmente no sucedió, por lo menos, por una causa directa. Las potencias fascistas utilizaron la Guerra Civil para probar armamento dirigido a civiles, y ahí tenemos una nueva dimensión europea. Y está la División Azul. Además, durante la Guerra Fría, España tuvo una gran relevancia geopolítica. Sin duda, Franco fue más que un fenómeno español.

-¿Considera que España ha aceptado su pasado?

-Ha sido un largo proceso, necesariamente, pero España está en el camino de aceptar ese episodio traumático de la historia. Cuando un país ha sufrido algo así, como Alemania, la primera generación no puede adaptarse, se necesitan dos o tres generaciones. España es un país democrático muy moderno y cada vez más capaz de asumir su pasado.

-Los países se debaten entre el olvido y la memoria.

-Al final, un país tiene que enfrentarse a su pasado, que no es igual que buscar culpables. Pero la responsabilidad del pasado no desaparece rápidamente y ese legado moral solo se desvanece después de un largo tiempo.