Ildefonso Falcones ha recreado la Cuba colonial en la novela 'Esclava de la libertad' / David Oller

Ildefonso Falcones / Escritor «Me molesta la banalización que se hace de la esclavitud»

Publica su sexta novela, 'Esclava de la libertad', en la que describe la situación de los trabajadores tiranizados

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Ildefonso Falcones (Barcelona, 1959) vuelve a las librerías con 'Esclava de la libertad' (Grijalbo), una novela en la que aborda el esclavismo español en Cuba. A través de la lucha por la libertad de dos mujeres negras, una esclava que se comunica con los dioses y una joven mulata que sirve en una casa de unos marqueses, Falcones narra las vicisitudes de dos épocas, la que acontecen en la isla caribeña a finales del XIX y las que suceden en España en pleno siglo XXI. El momento actual es un contrapunto que permite al escritor hablar de la aristocracia de la sangre y del dinero, con los vicios que acarrea: el poder, la violencia y la opresión de los pobres.

Falcones no pone nombre ni apellidos a los beneficiarios de ese horror que fue la esclavitud, un próspero negocio a cuya sombra se amasaron enormes fortunas. En el XIX, la economía de Cuba estaba orientada a la producción de tabaco y azúcar, materias primas procesadas en los llamados ingenios, que hacían un uso intensivo de mano de obra esclava. «Los esclavos vivían en condiciones tremendas. Me molesta la banalización que se hace de la esclavitud, representada a veces como un teatro bufo. En época de zafra, que abarcaba cinco meses desde noviembre, esa gente dormía dos horas al día. Moría de puro cansancio, al que se sumaban los trabajos forzosos y los latigazos».

La escritura del libro ha sido dolorosa, no solo por el asunto que trata, sino porque el cáncer que desde hace seis años aqueja al escritor volvió a asomar la cabeza. Mientras trabajaba en el proyecto, a Falcones le extirparon el 30% del hígado y tres pedazos de pulmón. «Es una osadía decir que estás bien cuando solo han transcurrido cinco años de su aparición... es como si retaras al bicho. No es atractivo».

El 19 de enero de 1880 el Congreso de los Diputados votó la abolición de la esclavitud en Cuba, lo que puso fin a uno de los episodios más infamantes y desconocidos en la historia de España. Nuestro país fue uno de los últimos en prohibirla. Al final, como el reclutamiento de esclavos se encareció, se optó por una solución expeditiva. «Se planteó hacer efectivamente una especie de ganadería humana: las mujeres parían criollos esclavos, que eran más rentables que los que llegaban de contrabando».

Perezosos y vagos

En los tratados médicos de la época se tacha a los negros de perezosos, vagos e indolentes, a pesar de que su jornada era extenuante. Pocas salidas, salvo la religión yoruba, pobladas de dioses caprichosos y vengativos, le quedaban al esclavo. Podían rebelarse, pero a la postre ello comportaba un atroz sacrificio. «Pocas posibilidades tenían de oponerse a los blancos. Podían decidir no dar más hijos a los amos y abortar, o dejar de trabajar, cosa que solo se conseguía mediante el suicidio».

Con los años, algunos de esos esclavos unieron sus fuerzas con sus antiguos amos para luchar por la independencia de Cuba de la metrópoli. Los negros y mulatos luchaban por su libertad, y los propietarios criollos por sus derechos. Los primeros iban mal pertrechados y sin apenas armas, solo podían esgrimir palos y muchas veces ni siquiera eso, se enfrentaban a la muerte solo con sus puños. «Los españoles eran los únicos que disponían de un buen equipamiento».

Veinte años después de que se aprobara la Declaración de Durban contra el racismo y la xenofobia, el autor cree que se ha avanzado poco en el combate de estas indignidades. Al contrario, el racismo toma nuevo bríos de la mano de la extrema derecha.

«Los esclavos dormían dos horas al día. Morían de puro cansancio, al que se sumaban los trabajos forzosos y los latigazos»

Reparar aquella afrenta es complicado porque los descendientes no son responsables de lo que hicieron sus bisabuelos. Sin embargo, aún hoy perviven instituciones y patrimonios que nacieron al calor de la esclavitud. «Yo no señalo, otros lo han hecho ya. Se ha seguido el rastro del dinero y se sabe dónde ha terminado».

Luego de dos años de litigio con Hacienda, Falcones ha vuelto a ser absuelto de fraude fiscal, si bien no las tiene todas consigo. «Seguirán apelando, pero, con dos resoluciones judiciales a mi favor, parece que estamos bien encaminados. Hablar de esos delitos con los que se me ha machacado me parece bastante fuera de lugar».

Falcones no se lleva demasiado bien con la crítica. Cree que muchos comentaristas de libros no son tan independientes como predican, pues también escriben y venden libros, de modo que también están supeditados a la industria editorial. Habla escocido aún de los periódicos que aseguraron que para escribir 'La catedral del mar' había recibido más ayudas de las éticamente admisibles. «Cuesta superar esas mentiras. Pero salvo algunas excepciones, he llegado con los medios a una entente cordial».