Berna González, Marta Rebón, Jorge Ferrer y Yulia Dobrovilskaya, asistentes al primer Coloquio Europeo de traductores. / Cati Cladera

Cumbre de traductores sin traidores

Un oficio tan noble y necesario, como peligroso y afectado por los avatares políticos, fue reivindicado en las Conversaciones de Formentor

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Las Palmas de Gran Canaria

Las Conversaciones de Formentor han acogido una suerte de cumbre de traductores, esa figura tan relevante y esencial para la literatura y a menudo maltratada. 'Traduttore, traditore', dice la malhadada máxima italiana, pero el Primer Coloquio Europeo de Traductores demostró que los buenos profesionales son todo lo contrario. Eso sí, hubo polémica ante la retirada de un traductor ucraniano disconforme con la presencia de colegas rusos y con que se otorgara el Premio Formentor a Liudmila Ulítskaya, rusa de origen ucraniano opositora a Putin y exiliada en Berlín. Se destacó en el foro que ningún editor español haya suspendido la publicación de autores rusos cuando arrecian las sanciones contra el régimen de Putin.

Se evidenció que la traducción es también un trabajo peligroso. «Ya se dijo en el siglo XIV que la traducción de la Biblia al inglés fue obra del anticristo», apuntó Aurelio Major. Ha habido traductores de los 'Versos satánicos' de Salman Rushdie apuñalados y asesinados y el autor indobritánico ha sido atacado salvajemente hace poco. Major recordó el error de traducción del título, pues la expresión 'versos satánicos' la inventaron los orientalistas británicos del XIX para designar a uno o varios versos suprimidos del Corán, «pero no es utilizada en el mundo musulmán, donde se refieren a estos descartes como 'gjaraniq' ('las grullas').

Fervores bélicos

Basilio Baltasar, director de la Fundación Formentor, lamentó en la mesa sobre Rusia y Ucrania que el encuentro no se sustrajera «a los fervores bélicos». Se refería a la ausencia de Iuri Lech, ucraniano que quiso protestar así por la presencia de traductores rusos y por conceder el prestigioso galardón a una autora de esta nacionalidad.

Yulia Dobrovolskaya, agente literaria y traductora de Ulítskaya, manifestó su respeto por la decisión de Lech, pero deseó que «nuestros hijos y nietos encuentren la forma de entenderse». Destacó además que «ningún editor español haya suspendido la publicación de escritores rusos». Antes al contrario, como apuntó el también traductor Jorge Ferrer, se están dando a conocer voces como la de la tártara Guzel Yájina, que lleva cuatro ediciones de su primera novela, o la de Mariya Stepanova, ambas traducidas por él para Acantilado.

Ningún editor español ha suprimido la publicación de autores rusos cuando arrecian las sanciones al régimen de Putin

Christian Hansen reclamó una iniciativa europea que ponga en común el trabajo de los traductores y tienda puentes entre las diferentes literaturas y culturas del continente. Lo concretó la neerlandesa Brigitte Coopmans, quien reclamó «un foro a nivel internacional e institucionalizado, para debatir cuestiones de traducción». «Algo así como un sistema digital con un diccionario abierto, un campo literario en construcción, donde los traductores de un mismo autor en todo el mundo pudiéramos discutir la terminología y conceptos concretos. Un núcleo de discusión de esas características llevaría a un nivel muy superior, la traducción en todo el mundo», resumió.

Se abordó el tema de la inteligencia artificial y los traductores mecánicos. Una herramienta, que según la mayoría de los asistentes, «no puede servir para la literatura». Aurore Touya contrapuso el modo de funcionar de un ordenador al arte y Gustavo Guerrero lanzó un reto: «Pónganle a la máquina un párrafo de Javier Marías a ver qué sale», dado que los robots «no captan los matices ni la reverberación emocional».

¿Es la torre de Babel una maldición? ¿Sería deseable un mundo en que no hicieran falta los traductores? No parece, a tenor del debate sobre la lengua franca de Europa. La directora general del Libro, María José Gálvez, reivindicó, con todo, la diversidad lingüística como aquello que define Europa y pidió resistirse, dentro de lo posible, a la hegemonía del inglés.

Una treintena de ponentes, participaron en este 'sínodo' de traductores, que también incluyó a los editores, para trazar una cartografía de la literatura en español en Europa, Estados Unidos y Canadá. Objetivo «cumplido y superado» según el moderador, el periodista Xavi Ayén, dado que, más allá de eso, «han aparecido también varios de los temas candentes vinculados a la profesión y a la literatura en general».